domingo, 26 de marzo de 2017

Se cumplen cinco años del Museo Domingo Rivero

No sé si en algún lugar del mundo un poeta ha tenido un nieto como el periodista José Rivero. Un hombre de corazón grande y generoso quien comprendió que debía cultivar la memoria humana y literaria de su abuelo, Domingo Rivero, que su obra debía ser publicada, leída y conocida. Porque él no podía permitir que se apagara la voz del poeta, que cayera en el olvido o la desmemoria.

Y para ello rehabilitó un piso en la calle Torres junto al precioso barrio arquitectónico de Triana. Una calle que sigue siendo la misma que cuando el escritor deambulaba por ella. Un piso que está construido sobre la casa que habitó el poeta hasta su fallecimiento en 1929. Un escenario para recitales liricos, teatro, cine y exposiciones de pintores, fotógrafos, escultores, unos en plena madurez artística, y otros que se inician con dignidad.


José Rivero se encontraba dispuesto a todo, quería crear una atmósfera para la reflexión, el debate y la utopía; para examinar la cultura. Un espacio para la investigación y conservación en el que la poesía de Domingo Rivero no permanezca paralizada. Un Museo auténtico, capaz de unificar arte y vida, un punto de encuentro para un público amplio, para todos.

Durante algunos años, Luis y yo nos tropezábamos con José Rivero, nos confió el proyecto del Museo que, tanto él como su esposa, María Luisa Estévez, trabajaban con firmeza día a día, centímetro a centímetro. Hablábamos de lo que hacíamos o pensábamos hacer cada uno de nosotros. Mientras, él se negaba a los problemas que aparecían, a la tristeza de su frágil salud. La procesión iba por dentro. Otras veces lo veía como avanzaba pensativo como si las ideas se hubiesen apoderado de él o quizás reflexionaba en aquella frase de Borges: “Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca”.

Y lo consiguieron. Hoy el Museo Domingo Rivero cumple cinco años y da cabida al legado integrado por la biblioteca del escritor y de su esposa María de las Nieves del Castillo Olivares y Fierro, a los recuerdos y objetos personales, al olor de libros nuevos y viejos en una pequeña exposición donde la poesía del poeta dialoga con las obras que se presentan en el abarrotado salón de actos de este periodo de vida del Museo. Un periodo corto pero fructífero.

Se cumplen cinco años del Museo Domingo Rivero, una edad apreciable en el esfuerzo y el propósito de la diversidad y la acogida. En el que gracias a la labor que realiza José Rivero junto con Elisa Quintana han llevado a cabo un Taller de escritura creativa que lleva el nombre del poeta, así como una exposición de caricaturas sobre el poeta. La exposición por el Centenario de Shakespeare y Cervantes en colaboración con el Grupo Filatélico en la que se mostraron libros de la biblioteca personal del poeta, el sello de Domingo Rivero; la traducción al inglés de una selección de poemas realizada por María de Mar Santana, y la presentación de "De una poética de la escisión", por Antonio Puente. Así como la presentación de "Tú, a tu cuerpo", de Victoria Oramas. Una obra basada en el maravilloso soneto: “Yo, a mi cuerpo”.

¿Por qué no te he de amar, cuerpo en que vivo?/ ¿Por qué con humildad no he de quererte, /si en ti fui niño y joven, y en ti arribo, / viejo, a las tristes playas de la muerte?

Un poema que afirma Eugenio Padorno que está considerado como una de las cimas líricas de la Poesía Canaria. Y comienza Victoria Oramas a navegar por los mundos interiores de Domingo Rivero, en el oleaje de la fatalidad que le inundó la muerte de su hijo, Juan, precisamente cuando se disponía a trabajar en la posibilidad de publicar una selección de poemas que nunca llevo a cabo. La muerte roe mi cuerpo con dentelladas finas, las cicatrices son frescas... Pero he vivido, he vivido... y amo este cuerpo viejo…

Se cumplen cinco años del Museo Domingo Rivero, un proyecto encomiable de Pepe Rivero junto con Elisa Quintana. Una labor que el periodista, ajeno a los elogios y aplausos personales, lo ha llenado de satisfacción y lo ha unido a su abuelo por el que sentía una profunda admiración y con el que siempre se ha encontrado plenamente identificado en lo político, personal y en lo poético.


Un Museo que la memoria de Domingo Rivero merecía.

facebook/rosariovalcarcel

sábado, 25 de marzo de 2017

Sofiel del Pino, músico, cantautor,


Un referente de la música latina y en especial de la salsa, que hace de la música su hobbie, su pasión, su forma de vida, su filosofía...


https://www.youtube.com/watch?v=SkF5WHsYDvw

lunes, 20 de marzo de 2017

EL CÁNCER, ASESINO VORAZ

A  veces se llega demasiado pronto a una cita, a un cine, a un teatro o a ese lugar donde habitan los muertos, a ese lugar tenebroso que nadie quiere ir. A esa cita con una enfermedad llamada cáncer que disfrazada de parca nos persigue, nos atemoriza, nos anuncia una posible muerte.

Y lo peor es que no respeta ni a niños ni a mayores. En el caso del cáncer infantil, la Sociedad de Hemato-Oncología Pediátrica informa que es la primera causa de muerte en España entre menores de 18 años, que cada año se diagnostican alrededor de 1.400 nuevos casos. Una enfermedad que lleva a muchos padres a cruzar la tristeza, a compartir el sueño y la vigilia, las risas y los llantos de sus hijos con devoción y ternura. A perseguir el sueño de alargarles la vida. Y aunque es cierto que unos consiguen arrinconar la enfermedad, otros se sumergen  en el recuerdo, en lo felices que fueron
juntos.  


El cáncer nos enseña a morir cada día, a luchar en soledad, a buscar el camino de regreso, a pensar en los poderes de Dios. Nos enseña el dolor y las despedidas como las de Pedro Santiago García, Clara Isabel Hernández o Pepe Rivero Gómez.

Pepe Rivero fue un hombre de corazón grande y generoso que comprendió que debía cultivar la memoria humana y literaria de su abuelo, Domingo Rivero por el que sentía verdadera devoción. Estaba convencido que la obra del poeta debía ser publicada, leída y conocida. Durante algunos años, nos tropezábamos en la calle Triana. Nos confió el proyecto del Museo que , tanto él como su esposa, María Luisa Estévez, trabajaban con firmeza día a día. Hablábamos de lo que hacíamos o pensábamos hacer cada uno de nosotros. Mientras, él se negaba a los problemas que aparecían, a la tristeza de su frágil salud. La procesión iba por dentro. Hoy el Museo Domingo Rivero es una realidad, y aunque Pepe se ha marchado sus pensamientos  seguirán vagando libres, cordiales, entrañables en ese espacio común que él creó.

Pedro Santiago fue también un hombre discreto  y como gerente en “Quesos de Valsequillo” colaboró en proyectos artísticos-culturales que organiza el curador Diego Casimiro. A los tres el  cáncer acabó minando las fuerzas, a pesar de que lucharon y lucharon a brazo partido con la enfermedad, no lograron escapar de ella. Solo les quedó dulcificar la vida, dulcificar la muerte.

Clara Isabel vital, estaba convencida que la palabra y el sueño podía engañar a su terrible enfermedad. Y se puso a escribir. La literatura le alargó la vida, le brindó la oportunidad de sondear en sus emociones. Nos dejó tres libros publicados y una obra poética inédita.

Algunos investigadores creen que estamos más cerca de lograr terapias más eficaces y con menos efectos secundarios, de descubrir nuevos tratamientos que, aplicados a medida para cada caso, podrían acabar con las células malignas en constante mutación, lograr que no sea la tercera causa de muerte en los humanos.

¿Pero cuando lo veremos?  Si España se resiste a hacer reformas claves contra la escasa inversión en innovación y cultura científica, si no es capaz de apostar por la investigación, si permite que los científicos españoles tengan que exiliarse, si  leemos que es el país de OCD que más recortes ha hecho al presupuesto excepto Grecia.

¿Qué nos queda a los enfermos, luchar y luchar en vano? No  sería más útil como dice el escritor, Eduardo Sanguinetti que lucháramos nosotros por ellos y por nosotros, por todos, y que dejáramos de votar opciones políticas que recortan de manera homicida en investigación científica y en el sistema público de salud. Porque nadie sale a flote de ninguna cuestión importante de la vida luchando en soledad ni aplicando un libro de citas célebres de Paulo Coelho.


Blog-rosariovalcarcel.blogspot.com

domingo, 19 de marzo de 2017

Ha fallecido el director del Museo Domingo Rivero

En el día de hoy ha fallecido el director de nuestro Museo, don José A. Rivero Gómez.
                                    A partir de las 13: 00 horas estará en el Tanatorio San Miguel  en la sala 109.
                                                                                    El entierro tendrá lugar mañana lunes 20 de marzo a las 15.00 horas en el Cementerio de Las Palmas.

En estos días en los que celebramos el V aniversario de un Museo dedicado por y para la cultura. Un proyecto vital al que tantos años dedicó junto a Luisa Estévez, su esposa y sus hijos, Domingo y Ana a los que les ha inculcado su pasión por la cultura y las artes. Un espacio que el 19 de marzo de 2012 abrió sus puertas a la ciudadanía y por el que siempre apostó. Era su ilusión, así como que el legado de Domingo Rivero se diera a conocer y que se continuara investigando en generaciones venideras.
LO HERMOSO DEL VIAJE ES LA GENEROSIDAD DE LA VIDA, PEPE RIVERO, LO SABÍA.

viernes, 17 de marzo de 2017

Ángela Molina, presenta en el Domingo Rivero, su poemario, "Gula"


CONFLUYO EN TI
El poema se desliza por tus muslos
por el abismo de tus nalgas
sube montes escarpados
ruge como una tempestad

No hay distancia aunque parezca
que unos pocos centímetros se extienden
en medio de los ojos con los que nos miramos

Muero en ti, si la muerte es dejar de ser una
escapar de las fronteras marcadas por la piel

Muero en ti, en la concavidad de tu obsidiana
si la muerte es abolir el pensamiento y el tiempo

No hay deseos ni cimas conquistadas
ni ansias de poseer ni propio aliento
sólo ojos para meterme en ti

 Soy tus pies que se mueven
soy tu pecho que exhala
soy esa gota de ambrosía que tu sexo me ofrenda
quiero morirme en ti
aprender el aroma  fundirme en tu calor  y desaparecer

RETRATO DE MUJER QUE MIRA AL MAR

Es el mismo este mar mirado desde aquí
Desde la lontananza de esta tarde de junio
desde la algarabía de esta noche de abril

Es el mismo este mar ajeno y siempre otro
Este mar con todos sus caminos por andar




Antonio Arroyo acompaña a la autora y entren otras cosas dijo: Entre el horror y el placer, entre el infierno y el paraíso, nuestra poeta venezolana Ángela Molina nos presenta un poemario breve titulado Gula; pero de una intensidad que a mi entender le proporciona muchísima eficacia al conjunto. Y esta concentración, por tanto, produce un estallido poético que demostraremos más adelante.

No en vano abro este comentario con la preposición entre, que no solo caracteriza a la obra sino a la poeta, por su condición de hija de emigrante canario en Venezuela, tema ya tratado en su poemario anterior, Aclaratoria. Esto le da a la poeta una doble condición fronteriza en cuanto a la cosmovisión y en tanto a la expresión poética, no solo como venezolana sino como mujer. Y estas circunstancias son el motor que impulsan a Ángela Molina a un alejamiento crítico necesario para observar la realidad por encima de los determinismos y clichés poéticos e, incluso, socioculturales. Doy fe de que nuestra autora cuenta con las herramientas sociales, culturales y afectivas y de que es capaz de lograr esa bendita química del error que el que escribe llama poesía [...]

Después se hizo una lectura-recital de una selección de poemas en la que intervinieron Rosario Valcárcel, Manuel Díaz Martínez, Ruben Mettini y Juan Francisco Santana. 

¿Sigue la vida aunque nos la arrebaten? se pregunta Ángela Molina en Gula. Y sus poemas van dando respuesta a esta interrogante a través de un viaje hacia sí misma, cuyo punto de partida es lo colectivo para llegar a la esencia de lo íntimo individual.

El libro de poemas Gula (Editorial Eclepsidra, 2016), Un poemario que nos introduce en el horror cotidiano de una sociedad fracturada para luego tomar como puerta el océano Atlántico y descubrir otro destino, uno signado de antemano, en los parajes propios del padre ya ausente, para hallar la identidad en los pasos de los ancestros y saberse perdida en el azul inmenso que separa Venezuela de Canarias. Dos patrias, dos tierras de acogidas el diario de un viaje íntimo hacia el erotismo que arriba finalmente, a la herida fundamental vinculada a la poesía.


Ángela Molina, autora venezolana de origen canario, es Licenciada en Comunicación Social y Abogado por la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado dos poemarios anteriores:Aclaratoria (Editorial Bid&Co, 2013) e Imprudencias (Editorial Diosa Blanca, 2015) 

face/rosariovalcarcel

martes, 14 de marzo de 2017

La poesía confesional de Anne Sexton

DESEANDO MORIR

Ya que lo preguntan, la mayor parte de los días no me acuerdo.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Después, casi innombrable, vuelve la lujuria.

Incluso en ese instante, no tengo nada en contra de la vida. Conozco bien las hojas que mencionan,
los muebles que sacaron al sol.

Pero los suicidas tienen un idioma propio.
Como los carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

Dos veces me pronuncié tan claramente,
poseí al enemigo, me comí al enemigo
le arrebaté su oficio, su magia.

Así, grave y pensativa,
más tibia que el agua o el aceite,
descansé, babeando por el agujero de la boca.

No pensaba en mi cuerpo ante la punta de la aguja.
Ni siquiera había córnea o restos de orina.
Los suicidas ya traicionaron al cuerpo.

Nacieron muertos, aunque no siempre se mueran,
y, deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce
que hasta un chico podría mirarla y sonreír.

¡Meterse toda esa vida debajo de la lengua!—
eso, en sí mismo, se vuelve una pasión.
Dirán que la muerte es un hueso triste y golpeado,

con todo, año tras año me espera,
para deshacer con delicadeza una vieja herida,
para soltar mi aliento de su prisión insana.

Compensados así, los suicidas se encuentran a veces
furiosos con el fruto, una luna inflada,
dejan el pan que confundieron con un beso,

dejan la página del libro abierta por descuido,
algo sin decir, el teléfono sin colgar
y el amor, fuera lo que fuese, como una infección.




CUANDO EL HOMBRE PENETRA A LA MUJER

Cuando el hombre
penetra a la mujer,
como oleaje que rompe en la orilla,
una y otra vez,
y la mujer abre la boca de placer
y sus dientes relucen
como el abecedario,
aparece Logos ordeñando una estrella,
y el hombre
dentro de la mujer
hace un nudo
para que nunca
vuelvan a separarse
y la mujer
trepa a una flor
y se traga el tallo
y aparece Logos
a liberar sus ríos.
Este hombre,
esta mujer
con su hambre duplicada,
trataron de atravesar
la cortina de Dios
y por un instante lo lograron,
aunque Dios
en Su perversidad
desate el nudo.


Anne Sexton. La poesía confesional de Anne Sexton, al español La estadounidense Anne Sexton, una de las poetas más subyugantes y trasgresoras del siglo XX, abrió su vida en canal y construyó un universo creativo con su cuerpo y alma como material poético, al que puso punto final quitándose la vida. Ahora se publica por primera vez en castellano su poesía completa. 

Anne Sexton (Massachusetts, 1928-Boston, 1974) caminó toda su vida entre la pasión y el hundimiento hasta que, como ya hiciera su amiga la poeta Sylvia Plath, decidió suicidarse con todo un ritual y después de beberse dos vodkas, tomando un tercero en la mano y vestida con el abrigo de piel de su madre, se encerró en el garaje y se sentó al volante de su Cougar rojo. Entonces puso en marcha el motor y encendió la radio...

 Así se acabó con una de las vidas poéticas más ricas, más laureadas y admiradas y comenzó la historia de un mito, al que José Luis Reina Palazó, poeta y traductor de toda la obra de Sexton, compara con la de Lorca, “por su grandeza metafórica y ritual con la muerte”. “Se podría decir -explica José Luis Reina- que Anne Sexton en Estados Unidos es tan grande, tan simbólica y tan admirada como Lorca en España, por ese acercamiento a la muerte constantemente en su obra, por el uso de metáforas y ricas imágenes y porque se trata de una poesía del alma que enseña todo lo que ella sufre, al tiempo que hace que la gente se acerque a ella como un imán", subraya. Así es que la edición, por primera vez en castellano, de toda la poesía de Sexton en un solo volumen, de casi mil páginas, publicado por la editorial Linteo, dirigida por Antonio Colinas, que ya sacó a la luz un poemario de la estadounidense, “Poema de amor”, es todo un acontecimiento, una oportunidad para acercarse a esta creadora representante de la poesía confesional. 

En opinión de Reina, Sexton realiza el deseo de Kafka sobre los libros que necesitamos: “Han de ser como el hacha que rompe el alma helada en nosotros”. “Ya en sus tres primeros libros, ‘Al manicomio y casi de vuelta’ (1960), ‘Todos mis seres queridos’ (1962) y ‘Vive o muere’ (1966) el hacha de su poesía rompe el hielo del alma acostumbrada a la rutina cotidiana de lo convencional y la exigencia de rendimiento social”, escribe Reina Palazón en la introducción del libro. Este volumen incluye además de la introducción y notas del traductor, un prólogo de Maxine Kumine, escritora y amiga de Sexton, en el que dice: “Ningún otro poeta americano de nuestro tiempo ha gritado públicamente en voz alta tantos detalles privados”. Anne Gray Harvey (Anne Sexton) nació el 9 de noviembre de 1928 y era la menor de tres hijas de una familia burguesa. Pasó la mayor parte de su vida en diversos barrios ricos de Boston. Hija de próspero fabricante de lana, dejó la universidad y se casó. Pero con el nacimiento de su primera hija (tuvo dos) ya sintió el contacto con el abismo por una depresión posparto. Desde ese momento comenzó una intensa vida al límite del desplome que solo encontró alivio con el torrente de la palabra poética, con la creación. Con su primer libro “Al manicomio y casi de vuelta” (1960) se hizo rápidamente famosa; en él describía ya su sufrimiento y su estancia en la clínica de nervios, la terapia y su confrontación con los traumas del pasado. Y desde aquí se inicia, como indica Reina Palazón, lo que caracteriza toda su lírica: “La utilización descarnada del material autobiográfico y su precisa transformación en forma poética”. En los diez libros siguientes escribirá de forma descarnada de la contradicción del amor y odio en la maternidad, del alcohol, las drogas, la labilidad psíquica, el delirio, el aborto, la masturbación, el incesto, el adulterio, el suicidio, o el éxtasis sexual destructor. 

Algunos de sus libros fueron nominados para el National Book Award. Entró en la Royal of Literature. Recibió beca tras beca para escribir y viajar. Fue profesora en la Universidad de Boston, y en 1967 recibió el Premio Pulitzer y el Shelley Award de la Poetry Society of America. Recibió, además, cuatro Honoris Causa por diferentes universidades. Formó parte del jurado del Pulitzer. Y leyó poemas viajando por todo el país. Delgada, alta, morena de ojos azules, seductora, feminista, Anne Sexton desmontó el modo de vida burgués americano con palabras desnudas y sangrantes; certeras, carnosas y viscerales, pero sobre todo de una belleza infinita.

Publicado en  www.eltelegrafo.com.ec

sábado, 11 de marzo de 2017

Dunia Sánchez Padrón, Abstraismo en el Museo Domingo Rivero


Siempre he dicho que Dunia Sánchez es una mujer que a pesar de su aspecto tímido y de su discreción, es valiente y trabajadora, tanto que ha ido creando a lo largo de una década una amplia obra pictórica, pero no solo pinta, hace sus pinitos en la música, imparte un taller de pintura, escribe poemas y narrativa; textos breves, donde nos sumerge en sus sueños y reflexiones, en la lucha humanística.



Pero Dunia es ante todo una pintora que ha logrado prescindir del concepto de la realidad que nos rodea y de la belleza tradicional. Se deja llevar por sus sentimientos y por su realidad íntima y nos proyecta su creación. 
Nos presenta su nueva exposición titulada Abstraismo en la sala del Domingo Rivero. Una exposición que estará abierta hasta el día 20 de marzo del 2017. 

Una obra compuesta por pasteles en una incursión al simbolismo, en la que arrincona por completo las referencias de la realidad, para sumergirse poco a poco y con cautela, composiciones donde prima lo abstracto como fuerza imperante en lo irreal.

Una manifestación de sus vivencias, de las alegrías y de sus silencios. Una abstracción en la que, siente como un anhelo que le lleva a buscar algo diferente, a probar otras cosas, a experimentar en el uso del color casi como una tempestad, en el registro del pastel que funciona como signo de una estética romántica, en la búsqueda de la belleza, en las formas y la composición que transita sobre el lenguaje del surrealismo. 

Una exposición compuesta de elementos bellos: vasijas, jarros en donde juega con una paleta de colores fríos y cálidos. Elementos de los que brota la Naturaleza, hojas de plantas que parece que germinan en los recipientes. Un paisaje ilusionista que nos recuerda a los heredados de la cultura aborigen.

Y también mutaciones, la metamorfosis de objetos que se fraguan de una forma espontánea, en formas insinuantes o geométricas, imágenes extrañas que parece que flotan. Imágenes irreales, casi antropomorfas en la que descubrimos un ojo o la llama de la vida.

Una exposición que a pesar de que Dunia Sánchez ha querido disolver las referencias reconocibles de este mundo podemos percibir que, entre las manchas de color hay poética, connotaciones del figurativismo, como la silueta de un conejo o una mujer o conchas y caracolas.

Según la artista su inspiración es el mundo como manantial de los pasos que damos, y que llega dibujando o impartiendo un taller de dibujo en esta casa, en el Museo Domingo Rivero, en la que felicitamos a una de las alumnas, a Allisson Rivas Logan, que “con sus lápices de colores ha garabateado su carga emocional, su realidad como un ensueño, su creatividad o quizás su Universo secreto y lo ha realizado con una comprensión de la composición, con unas imágenes sencillas e ingenuas que reflejan la mano de la maestra.

La obra de Dunia Sánchez dotada de fuerza en el color, apela a la intuición, a la imaginación, al simbolismo que impulsa de alguna forma al espectador a pensar que hay algo más detrás de cada una de sus obras. 

facebook/rosariovalcarcel

martes, 7 de marzo de 2017

CARNAVAL POLÉMICO EN LAS PALMAS DE GRAN CANARIA


Ha llegado el carnaval, los días equívocos y carnales en el que las noches se convierten en una explosión de luz, hierven los deseos, los maquillajes y las fantasías de oro y plata, de plumas y lentejuelas. La muchedumbre ríe y se balancea al ritmo de murgas que censuran o lanzan improperios a gobernantes y personajes conocidos de la sociedad. Bailan con las comparsas, dan rienda suelta a la ficción y el humor, y por encima de las cabezas enmascaradas agitan los brazos, tiran polvos talcos, gritan, escapan de la cotidianidad, escapan de sí mismos.



El carnaval juega un papel liberador. Un papel en la que los Drags Queen expresan provocación con sus ropajes, zapatos y actitudes. Pero este año en el Parque Santa Catalina se ha formado un revuelo, la parodia titulada: Mi cielo, yo no hago milagros; que sea lo que Dios quiera, ha creado algo más que malestar y opiniones para todos los gustos. Unos dicen que hay ataques homófobos, que solo hay una transgresión dentro del espíritu de los drags, otros que se ha faltado al respeto y a la libertad de los demás, a las religiones cristianas y a la historia, que es ofensivo e innecesario. Apocalíptico.

El director artístico del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, Israel Reyes comenta que la actuación de la Drag Sethlas, vestida de Virgen y Jesucristo crucificado: Es, artísticamente hablando, impecable y no tenía intención de ofender, que solo hay una utilización del lenguaje estético como lo hacen pintores, escultores, directores de teatro o de ópera, o como ocurre en la literatura. Otros han visto en la imagen de la Virgen más amor que burla; más profesionalidad que chabacaneríaLo cierto es que ha intervenido hasta el Obispo de Canarias, Francisco Cases lamentando "la frivolidad blasfema” del espectáculo.

Llegados a esto, prefiero recordar otros tiempos, los tiempos de la prohibición, cuando el carnaval era frenesí, aturdimiento de los sentidos, la transgresión metafórica de las normas. Alegría y respeto. Me gusta retroceder en el tiempo en que el carnaval era una fiesta popular, y adopta máscaras igual que los primitivos o los actores griegos o latinos. Me gusta recordar la época de las máscaras, de esas caretas pendientes de un hilo, de esas caretas que decía Alonso Quesada: “compraban el sábado y el domingo entraban en su casa con ella puesta” 

Llevar careta era poner la voz en falsete para fingir quien no era y ejercer la posibilidad de mostrarse atrevido o lanzar proposiciones a las mujeres que encontraban a su paso, pasarse por adivino y leer la suerte sin ser reconocido. Coqueteaban, reían, bromeaban, hacían cabriolas. Y si el interlocutor encajaba la broma le expresaba su sentimiento, la sacaba a bailar,  la invitaba a torrijas y aguardiente o les amenazaban con escobas para que les diesen limosnas. Otras veces, el público perdía el tino y, sin saberlo, se dejaba arrastrar por una  mascarita que nos hacía una pequeña reverencia, al mismo tiempo que se sujetaba con las manos el borde de la falda, como queriendo decir:

- ¿Baila usted? Finalmente vivían lo que en aquella época se podía tachar de momentos de locura en la que terminaban bailando con arrebatados suspiros, hombres con  hombres o mujeres con mujeres.  
Lo peor es que por aquel entonces yo era pequeña, y aquellas mascaritas vestidas con tules, refajos, pijamas, sombreros: todo antiguo y amarillento de estar guardado durante años, con sus caretas acartonadas y deformes que imitaban viej@s, diablos, monstruos, me daban pánico. En la inconsciencia infantil era imposible creer que fueran seres humanos.

Pero cuando más me asustaban era cuando se acercaban y con grititos casi histérico preguntaban: 

-¿Me conoces, mascarita?

Ahora las máscaras son de diseño. El sexo no es un tabú sino un derecho. El carnaval es una alegoría a la vida, una entrega a la muerte simbolizado en el entierro de la sardina. Una fiesta de masas, casi un gigantesco botellón en el que se entremezclan la fantasía de las Reinas con los Drags Queens.

Un carnaval en el que yo sigo escuchando -¿Me conoces, mascarita?

Foto, Juan Vivanco Antón Cabezo T

miércoles, 1 de marzo de 2017

Una carencia íntima, Juan José Millás

Qué vida. Aquí al lado, dos chalés más allá de éste que ahora ocupo yo con mi familia, viví hace treinta años una historia de amor irrepetible. Yo era un joven algo particular, pues la seguridad absoluta de que me haría rico –como así ha sido– en el momento en que me pusiera a ello me daba mucho más tiempo libre que al resto de mis compañeros o amigos, empeñados en labrarse un porvenir en general bastante agotador. De manera que entretenía mi ocio yendo de acá para allá y aprendiendo cosas –como jugar al billar o hacer cócteles– que ya de mayor me han resultado enormemente útiles.

El caso es que una de estas actividades con las que procuraba entretener mi ocio consistía en robar objetos en los grandes almacenes. Sujeta corbatas, gemelos,  broches, cinturones, bolígrafos, calcetines, libros, discos y, ocasionalmente, un par de zapatos, gozaban de mis preferencias frente a otros objetos más valiosos, pero de complicado acceso. En realidad lo que menos me interesaba de estas incursiones era el botín, que repartía generosamente entre mis amigos; yo me quedaba con la emoción de vulnerar la ley enfrentando mi limitado talento a un sistema 1 ponerse a: poderoso por cuyo interior la gente circulaba de un lado a otro, llena de paquetes, como las locas hormigas por el interior de sus galerías. Yo, sin embargo, circulaba por esos túneles, horadados por escaleras mecánicas y huecos de ascensor, ajeno a aquella lógica de intercambio que parecía consumir a hombres, mujeres y niños. La mirada de locura que les veía utilizar al inclinarse sobre un artículo, para valorar su condición y su precio, me parecía fuera de lugar y me costaba comprender que les gustasen las cosas que les gustaban; pero sobre todo, que pagaran por ellas el precio que pagaban. Argumentaba que si algo te atrae debes encontrar el camino menos arduo para conseguirlo. Claro que yo soy un poco especial, pues la verdad es que siempre he obtenido lo que me apetecía sin invertir en ello grandes esfuerzos. Esa facilidad innata ha provocado siempre entre los otros y yo un distanciamiento poco apto para la creación de un clima de comprensión mutua.

Recuerdo, por ejemplo, que siendo niño se pusieron de moda unas plumas estilográficas que tenían alguna característica especial. Pues bien, mis compañeros de clase ahorraron durante meses para llegar a comprarla; ignoro cómo no se les agotó el deseo en una espera tan larga. En cambio, yo me fui un sábado a unos grandes almacenes y la robé. Se podría pensar que con esta actitud mía se corren grandes riesgos. Pero no es cierto; en mi caso, al menos, puedo  horadar noches ni el modo en que tales sucesos llegaron a inscribirse en mi conciencia. Sí sé que en torno a ellos se han articulado todos los demás hechos de mi vida afectiva y que no ha habido un solo día desde entonces en el que no pensara en aquella mujer, cuya casa abandoné al regreso del marido insensible. En cualquier caso, la aventura transformó mi carácter, dotándolo de unos matices nostálgicos propios de aquellos seres que sufren una amputación íntima, una carencia, una separación que sólo la muerte es capaz de aliviar, siquiera parcialmente. Entre tanto he ganado el dinero preciso para comprar estos terrenos donde estaba su casa y donde pienso erigir una enorme escultura, tallada en piedra, que reproduzca lo más exactamente posible aquel armario.

Tal vez ella, si vive, reconozca el mensaje y comience, como yo, a anhelar la muerte.