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miércoles, 28 de marzo de 2018

WHITNEY HOUSTON, SIEMPRE TE AMARÉ, con vídeo




https://www.youtube.com/watch?v=PwHmo5woszg

Whitney Houston nació el 9 de agosto de 1963 en New Jersey, Estados Unidos, empezó en el coro de una iglesia baptista, haciendo del góspel su medio de expresión. Cuando un día adelantó un paso, entonó un solo y logró que toda la congregación acabara con lágrimas en los ojos, muchos lo supieron.

Creció Whitney Houston en un ambiente de góspel y coro. Su madre, Cissy Houston, tenía cierta fama entre las cantantes de Rhythm&Blues. Habló a su hija de la magia de la voz, y le puso como ejemplo los éxitos de su sobrina, Dionne Warwick. Whitney Houston respetaba, y admiraba, el trabajo de las grandes damas del soul, pero al principio se dejó tentar por el mundo de la moda. Fue portada de publicaciones como Seventeen y Glamour..., pero la música logró conquistarla definitivamente y apartarla de otras aficiones.

Houston, quien empezó a cantar desde los doce años, saltó al estrellato gracias al apoyo de su prima, Dionne Warwick, su madrina Aretha Franklin, y el productor Clive Davis, amigo de la familia. Su primer álbum, Whitney Houston, de 1985, fue el primer álbum debut de una artista femenina que más ventas ha obtenido en la historia: 30 millones.

En el año 1992, el cine le daría la oportunidad de ambientar los teatros con su voz. El Guardespaldas, fue una película en la que Houston tuvo el papel protagónico junto a Kevin Costner. Además de su actuación, la banda sonora de la película tuvo canciones de la artista como I Will Always Love You, el que sería su sencillo más famoso y con el que fue merecedora de dos premios Grammy.
Cuando Whitney Houston sale a escena se hace el silencio, deja al mundo sin respiración. Muchos saben que su forma de cantar aproxima al mismo cielo

Murio en el 2012, a los 48 años de edad.

sábado, 24 de marzo de 2018

JESÚS DE NAZARET, ARTHUR RIMBAUD


En aquel tiempo Jesús vivía en Nazaret:
Crecía en virtud el niño y también crecía en años.
Una mañana, cuando vio que los tejados se ponían rubescentes
salió de su cama, mientras todo dormía bajo un pesado sopor,
para que José, al levantarse, encontrara la tarea ya acabada.
Volcado sobre el trabajo y con el rostro sereno,
 tirando y empujando una enorme sierra,
cortaba muchas tablas con sus brazos de niño.

Lejos, sobre los altos montes, el claro sol subía
y sus llamas de plata entraban por las humildes ventanas…
Ya conducen los boyeros los rebaños a los pastos
y admiran, al pasar, al joven artesano y los ruidos del trabajo matutino.
«¿Quién es este niño?», preguntan.

Su cara expresa una seriedad mezclada de belleza; y la fuerza nace en sus brazos.
El joven artífice trabaja el cedro con arte, como un veterano;
ni los trabajos de Hiram fueron antaño tan grandes, cuando, en presencia de Salomón,
con vigoroso y prudente brazo, cortaba los enormes cedros y los maderos del templo.
Sin embargo, su cuerpo se arquea más flexible que una grácil caña,
alcanzando su espalda el hacha, cuando la levanta.»

Pero su madre, oyendo el rechinar de la hoja de la sierra, había abandonado el lecho,
y entrando sigilosa y en silencio,
sorprendida ve al niño que se afana y que maneja enormes tablas…
Apretando los labios mira,
y, mientras abraza a su hijo con su mirada serena, por sus trémulos labios se pierden
vagos murmurios; Brilla la risa en sus lágrimas…
Mas la sierra, de pronto, se rompe, hiriendo los dedos incautos
y su cándida túnica se mancha con la sangre purpúrea…
un leve gemido se eleva de su boca.

Pero, al ver de repente a su madre, los dedos enrojecidos, esconde bajo su vestido
y, fingiendo sonreír, la saluda.
La Madre, postrada a rodillas de su hijo,
acaricia, ¡qué pena!, con sus dedos los dedos del niño
y besa repetidamente sus tiernas manos, con largos gemidos,
bañando su cara con enormes lágrimas.
Pero el niño impertérrito dice: « ¿Por qué lloras, madre ignorante?
¿Porque el hiriente filo de la sierra rozó mis dedos?
¡Aún no ha llegado el momento en el que te sea preciso llorar!»
Y, entonces, reemprende el trabajo:

su madre, silenciosa, vuelve hacia el suelo su rostro luminoso, pensando en tantas cosas
y mirando a su hijo con tristes miradas:
«Gran Dios, hágase tu voluntad santa.»

Entresacado de: Biblioteca Digital Ciudad Seva

miércoles, 21 de marzo de 2018

CARMENCITA HERNÁNDEZ, MUJER DESTACADA EN LOS LLANOS DE ARIDANE, LA PALMA


Y dos distinciones especiales a doña JUANA BRITO Y doña MARISOL VAN BAUMBERGHEN

Dicen los sociólogos que hace más de cien años que empezamos a mirar más hacia nosotros mismos en detrimento del bien común, que las emociones y los afectos se están desvaneciendo, que los seres humanos somos cada día más individualistas. Que tenemos un afán desmedido de resaltar lo particular, y de olvidar el sentimiento de comunidad, que ya no existe el espíritu de colaboración sino el interés por ganar y competir.





Pero quiero pensar que estas afirmaciones no son del todo ciertas, de hecho hoy celebramos la vida de tres mujeres solidarias, tres mujeres incorporadas a la vida pública, tres mujeres reales que están con nosotros, que han luchado para promover el cambio para otras mujeres, que han realizado una importante labor a la sociedad combinándolo  con la crianza de sus hijos, la organización del hogar, la huerta. Tres mujeres silenciosas, que abrazan con su existencia el mundo entero, que logran encandilarnos, emocionarnos.


Y este año, el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, a través de la concejalía de Igualdad y la concejal del área Elena Pais tras analizar las propuestas enviadas a través de la web del Ayuntamiento, deciden distinguir como como Mujer Destacada a la presidenta de la Fundación Solidaridad La Palma, doña CARMEN HERNÁNDEZ BARRETO y con dos distinciones especiales a doña JUANA BRITO y a doña JUANA BRITO Y doña MARISOL VAN BAUMBERGHEN. También se homenajeó a 28 mujeres propuestas por la ciudadanía. Y desde aquí quiero agradecer que a mí también me hayan propuesto.


Doña CARMENCITA HERNÁNDEZ BARRETO nace en la Carrilla, Los Llanos de Aridane. Es la menor de dos hermanos y en su infancia juega en un barrio alegre, donde los vecinos, con una naturalidad perfecta, salen de una casa a otra como si fuese la suya. En una calle en la que aún Carmencita escucha las risas y los juegos de aquellas niñas con las que jugaba en su infancia, como Piluca, Carmita, sus primas: María del Carmen, Nievitas, Andrea y Maribel. Las escucha entre las voces de su tía y sobre todo de su madre.



-La quería tanto, que siempre deseaba estar a su lado -me confiesa Carmencita- Era inteligente, sabía canciones, cuentos, esos secretos que sólo saben las personas mayores.

Y como no quería estar alejada de ella, estudia en el colegio de las Madres Dominicas. Después recibe clases de mecanografía, taquigrafía, contabilidad y corte y confección de la cual obtiene el título. Más tarde el Ayuntamiento la propone para estudiar Educación y Deporte pero como fue una niña muy protegida, los padres no aceptaron la propuesta.

Quizás, por eso el trance de hacerse mayor lo vive de una manera muy intensa y, sin casi darse cuenta, Carmencita se prepara para entender el infortunio de los demás como su destino y, quizás siguiendo las palabras del escritor Albert Camus “Crea un aprendizaje cuyo primer estadio es la ternura con uno mismo. Apoya al  hombre en su gran esfuerzo, que consiste en ocultarse a la certidumbre de morir completamente” 




Y busca la belleza del arte y se siente atraída por doña Magdalena Carballo y doña Marietta de las Casas, escritoras que ejercieron el periodismo y el magisterio entre otras actividades, mujeres educadas en los libros, mujeres que le proporcionan identidad y confianza, destellos apasionantes. Mujeres, que Carmencita las considera sus maestras, tanto que me revela que el tiempo que pasó con ellas comprendió que la vida era una historia y que cada uno de nosotros somos los autores. ¡Entiendes! Y enternecida por el recuerdo, continúo:

-La casa de doña Magdalena fue como el Centro Cultural-Social de Los Llanos de Aridane. Me recuerdo a mí misma escribiendo poemas en pedazos de papel o leyendo a poetas, representando obras de teatro, recortando artículos de los periódicos. Allí aprendí esa manera de ver la vida a través de la lectura, aprendí a descubrir la naturaleza humana, a tantear la vida.

 A vivir momentos de aprendizaje y de gozo, experiencias que la forman poco a poco. Y con la ayuda de doña Marietta y la pedagogía y el talento de don Antonio Valcárcel prepara unas oposiciones al Cuerpo de Telégrafos. Recuerda el punto y la raya de las señales telegráficas. Me mira, cierra los ojos y se concentra en aquellas señales del morse, igual que si estuviera escuchando mensajes de otra galaxia.

Pero en seguida recobra el aplomo y me cuenta que tuvo que presentarse dos o tres veces a esa oposición porque al llegar a la eliminatoria final la suspenden por ser mujer. Sííí, no aprobaban sino un 2% de las mujeres.

Lo cierto es que la vida para nosotras ha sido, durante años y años, eso: Humillaciones y renuncia. Sabor a naufragio. A eso se reducía la vida de las mujeres, a una serie de oportunidades perdidas. Pero a Carmencita que fue una buena alumna no le asusta la existencia, sigue trabajando y supera el bachillerato, estudia Magisterio, y ejerce de maestra sustituta en la Escuela Nacional-Parroquial, también durante unos años imparte clases a empleadas de hogar. ¡Y cómo son las cosas de la vida!, en su primer trabajo sustituyó a Doña Magdalena Carballo Fernández por enfermedad.


 Pero se siente tan preocupada por la injusticia que arrasa al ser humano que desarrolla su inquietud social con dedicación en proyectos como Unicef, Proyecto Hombre, Cáritas y Médicos sin fronteras. Sin embargo a nivel personal no tiene claro cuál iba a ser su futuro. Desea irse de misionera, desea formar una familia, alcanzar el sol y la tierra, dar forma a ese mundo del espíritu y de fe que, un grupo de seglares que llegaron a la isla le inculcaron.

Así con esos sentimientos contradictorios del corazón, imagina el largo camino que quiere recorrer, las varias vidas que quiere vivir, y de pronto conoce a Luis Afonso Cabrera, se hacen novios y se casan, pero antes ella le explica que quiere seguir sintiéndose humana, seguir colaborando con asociaciones benéficas. Quizás porque Carmencita desde muy joven había comprendido lo que era la ética solidaria. Su marido aceptó.


La llegada de sus cinco hijos le obliga a hacer una pausa, a esperar, a aguardar, -eso que todas las mujeres saben hacer tan bien-, pero su deseo de estar en contacto con otros seres es tan arrollador que desde que los chicos estuvieron medio criados compartió su trabajo doméstico con su otra realidad. Por ningún motivo del mundo quería abandonar a esos seres con rostros o sin ellos, cercanos o lejanos que ella estaba convencida que la necesitaban.


Y en el año 1990 Carmencita, junto con un grupo de amigas, algunas ya no están entre nosotras, como Carmen Rosa, Raquel Martín, Nina Lola, Rosita Brito, Maruja y otras que siguen entre nosotras como Juanita Brito, Angélica, Mela, Finda, Carmen Barrios,  Esther Yánez, Mónica… Mujeres, casi todas ellas procedentes de Cáritas, logran hacer malabarismos para compatibilizar esto y lo otro. Intentan estirar el mar y llegar al horizonte para acariciar el sueño de ayudar a esos seres más desfavorecidos dentro o fuera de la isla (Colombia, Kenia, Perú y otros), y lo consiguen unas veces con fondos que obtienen a través de un mercadillo, rifas, cenas otras con donativos etc. Un año más tarde este grupo se legaliza con el nombre de Fundación Canaria Solidaridad La Palma. En el 2015 se funda la Residencia y Centro de Respiro familiar.


Carmencita Hernández Barreto, es una mujer valiosa y coherente con una visión intensa y profunda del mundo y de la sociedad, una mujer dotada de una gran sensibilidad creadora que incluso llega a dirigir y publicar la revista “La Plaza” que se ha editado mientras ha conseguido ayudas. Una revista en la que tuvimos la suerte de participar.


Ha recibido premios, acreditaciones, homenajes. Una gran mujer que ha manifestado a lo largo de su vida su grandeza humana. Gracias Carmencita. Gracias, Marisol, gracias  Juanita Brito.

EN PRÓXIMAS PUBLICACIONES subiré las palabras que dediqué a doña Marisol Van Baumberghen y a doña Juana Brito en el acto que se celebró en el Museo Benahorita, La Palma, el 19 de marzo 2018

Amenizaron el evento al piano Goretti Peña y voz de Cecilia, así como pudimos disfrutar tambien del coro de Cámara Llanensis con su director Mario San Gil Plata. 

lunes, 19 de marzo de 2018

Rosario Valcárcel presenta a la Mujer Distinguida de Los Llanos de Aridane

Rosario Valcárcel asegura que "el sexo puede sanarte". Foto: LUZ RODRÍGUEZ.
La escritoria Rosario Valcárcel. LUZ RODRÍGUEZ
La escritora Rosario Valcárcel coordinará este lunes el acto de proclamación de la Mujer Destacada de Los Llanos de Aridane, a las 19:00 horas, en el Museo Benahoarita.
Se trata de la primera vez en que se celebra este acto en el municipio, organizado por la Concejalía de Servicios Sociales e Igualdad del Ayuntamiento,  que dirige Elena Pais.
Por votación popular la distinción recayó en Carmen Hernández Barreto, presidenta de la Fundación Solidaridad La Palma, y fueron declaradas dos menciones especiales a Juana Brito y Marisol Van Van Baumberghem.
Habrá intervenciones de la concejala María Elena Pais Fuentes y de la alcaldesa, Noelia García Leal. Además, será proyectado un vídeo y se celebrará una actuación musical al piano de Goretty Peña, quien, con la voz de la cantante Cecilia, interpretará el Romance de Debussy y el tema Alfonsina y el mar, de Ariel Ramírez.
Tenemos 23.000 socios y socias que hacen posible 

miércoles, 14 de marzo de 2018

Dos poemas de, la poeta cubana, Fina García Marruz



Cuando el tiempo ya es ido, uno retorna...

Cuando el tiempo ya es ido, uno retorna
como a la casa de la infancia, a algunos
días, rostros, sucesos que supieron
recorrer el camino de nuestro corazón.
Vuelven de nuevo los cansados pasos
cada vez más sencillos y más lentos,
al mismo día, el mismo amigo, el mismo
viejo sol. Y queremos contar la maravilla
ciega para los otros, a nuestros ojos clara,
en donde la memoria ha detenido
como un pintor, un gesto de la mano,
una sonrisa, un modo breve de saludar.
Pues poco a poco el mundo se vuelve impenetrable,
los ojos no comprenden, la mano ya no toca
el alimento innombrable, lo real
.


Qué caprichosa y exquisita mano...

¿Qué caprichosa y exquisita mano
trazó, eligió ese gesto perdurable,
lo sacó de su nada, como un dios,
para alumbrar por siempre otra alegría?
¿Participabas tú del dar eterno
que dejaste la mano humilde llena
del tesoro? En su feliz descuido
adolescente ¿derramaste el óleo?
¿Qué misterio fue el tuyo, instante puro,
silencioso elegido de los días?
Pues ellos van tornándose borrosos
y tú te quedas como estrella fija
con potencia mayor de eternidad.

Poeta cubana nacida en La Habana en 1923, es una de las grandes poetas cubanas y una de las grandes poetas en lengua española. Sus versos están recogidos en tres libros
Publicó sus primeros poemas en la década de los años cuarenta haciendo parte del grupo «Orígenes»  al que también pertenecía su esposo Cintio Vitier.

En 1961 obtuvo el doctorado en Ciencias Sociales dedicándose desde entonces a la investigación literaria, colaborando con distintos medios en el campo de la poesía, el ensayo y la crítica literaria. Su poesía ha sido traducida a diferentes idiomas obteniendo varios galardones entre los que se destacan:
«La Orden Alejo Carpentier, la medalla «30 Aniversario de la Academia de Ciencias de Cuba»,  la «Medalla
Fernando Ortiz», «El Premio de Poesía Pablo Neruda» en 2007, el  XX Premio Reina Sofía  de Poesía
Iberoamericana en 2011, 
y el Premio Federico García Lorca en 2011.
Entre sus publicaciones figuran: «Visitaciones» en 1970, «Viaje a Nicaragua» en 1987 y «Créditos de Charlot»
en 1990 con el que obtuvo el Premio Nacional de la Crítica. ©

Poemas y currciculum tomados de enlaces internet.

jueves, 8 de marzo de 2018

EL RECADO, Elena Poniatowska



Vine, Martín, y no estás. Me he sentado en el peldaño de tu casa, recargada en tu puerta y pienso que en algún lugar de la ciudad, por una onda que cruza el aire, debes intuir que aquí estoy. Es este tu pedacito de jardín; tu mimosa se inclina hacia afuera y los niños al pasar le arranzan las ramas más accesibles… En la tierra, sembradas alrededor del muro, muy rectilíneas y serias veo unas flores que tienen hojas como espadas. Son azul marino, parecen soldados. Son muy graves, muy honestas. Tú también eres un soldado. Marchas por la vida, uno, dos, uno, dos… Todo tu jardín es sólido, es como tú, tiene una reciedumbre que inspira confianza. 


Aquí estoy contra el muro de tu casa, así como estoy a veces contra el muro de tu espalda. El sol da también contra el vidrio de tus ventanas y poco a poco se debilita porque ya es tarde. El cielo enrojecido ha calentado tu madreselva y su olor se vuelve aún más penetrante. Es el atardecer. El día va a decaer. Tu vecina pasa. No sé si me habrá visto. Va a regar su pedazo de jardín. Recuerdo que ella te trae una sopa cuando estás enfermo y que su hija te pone inyecciones… Pienso en ti muy despacio, como si te dibujara dentro de mí y quedaras allí grabado. Quisiera tener la certeza de que te voy a ver mañana y pasado mañana y siempre en una cadena ininterrumpida de días; que podré mirarte lentamente aunque ya me sé cada rinconcito de tu rostro; que nada entre nosotros ha sido provisional o un accidente.

Estoy inclinada ante una hoja de papel y te escribo todo esto y pienso que ahora, en alguna cuadra donde camines apresurado, decidido como sueles hacerlo, en alguna de esas calles por donde te imagino siempre: Donceles y Cinco de Febrero o Venustiano Carranza, en alguna de esas banquetas grises y monocordes rotas sólo por el remolino de gente que va a tomar el camión, has de saber dentro de tí que te espero. Vine nada más a decirte que te quiero y como no estás te lo escribo. Ya casi no puedo escribir porque ya se fue el sol y no sé bien a bien lo que te pongo. Afuera pasan más niños, corriendo. Y una señora con una olla advierte irritada: “No me sacudas la mano porque voy a tirar la leche…” Y dejo este lápiz, Martín, y dejo la hoja rayada y dejo que mis brazos cuelguen inútilmente a lo largo de mi cuerpo y te espero. Pienso que te hubiera querido abrazar. A veces quisiera ser más vieja porque la juventud lleva en sí, la imperiosa, la implacable necesidad de relacionarlo todo con el amor.

Ladra un perro; ladra agresivamente. Creo que es hora de irme. Dentro de poco vendrá la vecina a prender la luz de tu casa; ella tiene llave y encenderá el foco de la recámara que da hacia afuera porque en esta colonia asaltan mucho, roban mucho. A los pobres les roban mucho; los pobres se roban entre sí… Sabes, desde mi infancia me he sentado así a esperar, siempre fui dócil, porque te esperaba. Sé que todas las mujeres aguardan. Aguardan la vida futura, todas esas imágenes forjadas en la soledad, todo ese bosque que camina hacia ellas; toda esa inmensa promesa que es el hombre; una granada que de pronto se abre y muestra sus granos rojos, lustrosos; una granada como una boca pulposa de mil gajos. Más tarde esas horas vividas en la imaginación, hechas horas reales, tendrán que cobrar peso y tamaño y crudeza. Todos estamos -oh mi amor- tan llenos de retratos interiores, tan llenos de paisajes no vividos.

Ha caído la noche y ya casi no veo lo que estoy borroneando en la hoja rayada. Ya no percibo las letras. Allí donde no le entiendas en los espacios blancos, en los huecos, pon: “Te quiero…”. No sé si voy a echar esta hoja debajo de la puerta, no sé. Me has dado un tal respeto de ti mismo… Quizá ahora que me vaya, sólo pase a pedirle a la vecina que te dé el recado: que te diga que vine.


viernes, 2 de marzo de 2018

DOS POEMAS DE CLAUDIO RODRÍGUEZ


Como si nunca hubiera sido mía...

Como si nunca hubiera sido mía,
dad al aire mi voz y que en el aire
sea de todos y la sepan todos
igual que una mañana o una tarde.
Ni a la rama tan sólo abril acude
ni el agua espera sólo el estiaje.
¿Quién podrá decir que es suyo el viento,
suya la luz, el canto de las aves
en el que esplende la estación, más cuando
llega la noche y en los chopos arde
tan peligrosamente retenida?
¡Que todo acabe aquí, que todo acabe
de una vez para siempre! La flor vive
tan bella porque vive poco tiempo
y, sin embargo, cómo se da, unánime,
dejando de ser flor y convirtiéndose
en ímpetu de entrega.  Invierno, aunque
no esté detrás la primavera, saca
fuera de mí lo mío y hazme parte,
inútil polen que se pierde en tierra
pero ha sido de todos y de nadie.
Sobre el abierto páramo, el relente
es pinar en el pino, aire en el aire,
relente sólo para mí sequía.
Sobre la voz que va excavando un cauce
qué sacrilegio éste del cuerpo, éste
de no poder ser hostia para darse



Un viento

Dejad que el viento me traspase el cuerpo
y lo ilumine. Viento sur, salino,
muy soleado y muy recién lavado
de intimidad y redención, y de
impaciencia. Entra, entra en mi lumbre,
ábreme ese camino
nunca sabido: el de la claridad.
Suena con sed de espacio,
viento de junio, tan intenso y libre
que la respiración, que ahora es deseo
me salve. Ven
conocimiento mío, a través de
tanta materia deslumbrada por tu honda gracia.
Cuán a fondo me asaltas y me enseñas
a vivir, a olvidar,
tú, con tu clara música.
Y cómo alzas mi vida
muy silenciosamente
muy de mañana y amorosamente
con esa puerta luminosa y cierta
que se me abre serena
porque contigo no me importa nunca
que algo me nuble el alma.


Nació en Zamora, en 1934.Licenciado en Filología Romántica por la Universidad de Madrid, fue lector de español en las Universidades de Nottingham y Cambridge entre 1958 y 1964. Esta circunstancia le permitió conocer a los románticos ingleses  y a Dylan Thomas, quien fue fundamental en su formación como poeta.

Antes de cumplir los veinte años, en 1953, obtuvo el premio «Adonais», al que siguieron luego el premio  «Nacional de la Crítica», el «Nacional de Literatura» el de «Letras de Castilla y León», el «Premio Nacional de Poesía»,  el «Príncipe Asturias de las Letras», y el «Reina Sofía Iberoamericana».

En 1987 fue elegido miembro de número de la Real Academia Española de la Lengua para ocupar el sillón I,  sustituyendo a Gerardo Diego. Fue nombrado Hijo Predilecto de la Ciudad de Zamora en 1989. De vuelta en España, ejerció la docencia en diferentes centros universitarios.

Elaboraba sus textos con una minuciosidad artesanal y, en esa búsqueda de la palabra exacta, desentrañaba de la naturaleza sus recovecos para elegir la palabra justa. Su obra ha sido definida como de pura exaltación del gozo en el contacto con la vida y los paisajes del mundo campesino. Falleció en Madrid, en 1999