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martes, 15 de agosto de 2023

El reino que habito, nuevo libro poemas Consuelo Rodríguez

  Aún veo la noche/ que habitó el lujurioso candil de las estrellas. / Y pido que no olvides las sutiles flores/ que poblaron los caminos, las amapolas.

Consuelo Rodríguez Rodríguez soñó siempre con ser escritora, por eso desde el año 2007  comenzó a publicar poesía. Una poesía que es memoria y dolor, celebración y extrañeza. Una poesía que se convierte en su vocación literaria, en la meta de su vida.



Escribir poesía para Consuelo es como tomar píldoras salvadoras. Un refugio, tanto que no percibe y no entiende el mundo si no es a través de metáforas, a través de sus poemas. Disfruta recitando y hablando sobre su inspiración y sus sentimientos y lo hace con tal convicción y entusiasmo que al escucharla nos parece que su alma se le va desgajando poco a poco.

En el territorio del Reino que habito, la poeta nos presenta el amor y la soledad sometida a una vida que no comprende, a paraísos rotos, cruzados por la memoria y los deseos. Nos presenta una reflexión en un mar donde nunca falta el esplendor del misterio, los oleajes inesperados, la intuición y las emociones, como en este poema:

El mar calzará tus zapatos entre ortigas, /soñaran las orugas su sueño/entre las verdes hojas/y quedarán los nombres que dimos en la playa/ como el zángano cuando fecunda la reina abeja.

Y me  confiesa la poeta

-Mi poesía es un acto de escape, de rebeldía y rabia contra mí misma. De dolor por encontrar el verdadero amor.

Un dolor que es fuerza y coraje ante la insatisfacción y el enamoramiento que alberga el corazón humano. Escrito con un tono personal–literario, nos muestra una reivindicación del desconsuelo,  de los sentimientos y los deseos de alejarse del abismo, saltar el espacio y volar, convertir el dolor en redención, en una búsqueda tan perseverante que la lleva a un destino ciego, a cerrar los ojos para seguir las huellas de los sueños.

Si tú no quieres iré yo, no te olvides de cerrar los cerrojos

y si me traes el limón que entristece las partidas,

yo te querré, por eso mismo, cabalgando como un potro, daré

al unicornio alas… y de noche diré, ha habido razones y por eso

llegaré a la orilla náufraga pero vivo, entonces entenderás mis relojes,

la pulsera amiga que mi hizo detener y como caracola serpenteó en mi

cabeza para hacer del recuerdo un instante único, cimbreante

calculado, llana vez olvidado.



Nos sumerge Consuelo en visiones del pasado, en imágenes y recuerdos, en la belleza del momento íntimo unido al amor que transciende a su tierra, al paraje poético de Fagundo a la fuerza del paisaje en Puntagorda, a La Palma, su lugar de nacimiento. Un lugar donde vivió su infancia y, que ella rememora con un intenso deseo de búsqueda y una fuerza que la mueve a transformar en espiritual lo sensible, a gozar con las palabras, e igual que hacen los surrealistas, a expresar sus ideas sin la intervención de la conciencia. Escuchemos la voz de la poeta:

Te detuve, como queriendo decir algo/ con la flaqueza/con la que caen las hojas de los árboles/ y vuelven  a respirar con la tierra/ en su hojarasca/ y volví a los encuentros/ peleando hasta la última huella de las botas/ que humedecen los lirios/a la entrada de aquel jardín de la casa…

El Reino que habito, lleva en su portada una obra de su hermana Goretti Rodríguez, otra artista, que tan bien sabe expresar el paisaje de la isla bonita. 

Es necesario tener en cuenta las zonas de mayor pérdida de temperatura, y encontrar la propuesta constructiva óptima que permita las menores pérdidas de energía posible.

Consuelo Rodríguez da cabida a la ternura de la memoria, a la mirada sin encuentro, al amor y la muerte detenidos en los recovecos de su inocencia. Y nos incita a penetrar en su mundo interior, conmovedor y sutil, que solo una poeta puede alcanzar.

 

Rosario Valcárcel es narradora y poeta.

Blog-rosariovalcarcel.blogspot.com

 

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lunes, 7 de agosto de 2023

ADIÓS, DIEGO CASIMIRO CABRERA


Hemos empezado el 2023 con despedidas, con adioses a escritores como Elena Huelva, Martin Amis, Alexis Ravelo, Antonio Gala, Manuel Díaz Martínez, Antonio Abdo. Milán Kundera. Luis, Muñoz. Y apenas hace un mes, despedimos, a un gran coleccionista de arte, comprometido y presente en la vida cultural de Las Islas Canarias: Diego Casimiro.

Un hombre que se dedicó a vivir la aventura del coleccionismo, obras de arte, piezas notables de pintores de la talla de Miró a un Julio Viera Fleitas, residente en Palma de Mallorca, San Juán Tarré, Joan Jandró o un Miquel Barceló, de artistas plásticos y fotógrafos que viven por las islas como Manolo Ruiz, Ángel Gustavo Cabrera, Isabel Echevarría, Emilio Almoguera, Elena Robaina, Emilio Machado entre muchos, muchos más.

 


Durante más de un lustro Diego se sumergió en un proyecto de arte, representando a artistas plásticos, fotógrafos, poetas, narradores. Organizó actos en museos, galerías y salas dentro y fuera de Gran Canaria. Invitaba a músicos, a cantantes líricos como la soprano Alma Anduix, artistas de ballet, profesionales del mundo de la cultura e incluso de la política. Y tuve la suerte de acompañarlo siempre y realizar las críticas de arte en un viaje de ensueño. No me da tiempo a detallar lo vivido en las presentaciones de Los Llanos de Aridane, La Palma, con obras entrañables de Abdoulaye Diop, Zoraida Rodríguez, Gloria Esther Rodríguez, Arsenio Morales,  Luz Sosa, Eva Lilith… Y hablando de viajes, también asistimos al Sexto Encuentro de la Isla en Verso en Cuba. Y Diego visitó Galerías, Salas de Exposiciones y Centro Culturales. Realizó entrevistas con técnicos, opiniones y posibilidades de futuras colaboraciones entre Canarias y Cuba.

 


Y cómo olvidar las colectivas de arte como Mujeres en la Novela de Galdós, Grito de mujer, Estrellas del Cine de Oro Mexicano - Colección a Andrés Padrón,  Homenaje a Néstor o Poemas al mar. Individuales como de Senegal a Gran Canaria o el Homenaje a Domingo Rivero. Y como olvidar la espléndida colaboración que realizaba con la ONG Nuevo Futuro, o los meses que dedicaba a las exposiciones, a la selección de las obras, a conocer perfectamente lo que  iba a exhibir, a la búsqueda constante de lo extraordinario, a entusiasmar a los visitantes llevándolos de la mano en una visita guiada de búsqueda, experiencias y descubrimientos. La trayectoria vital, la dedicación a la cultura, todo lo que realizó. Lo vivido.

Recordaré a Diego como un ser cercano, generoso, comprometido con el mundo, vestido con trajes de chaqueta, sombrero de paja y como seña de identidad: su corbata de pajarita. Conversador, hablaba de religión, de la resurrección, de la existencia del alma, donde fraguaba su necesidad de espiritualidad. Relacionaba hechos distantes y diferentes, relatos de viajes, lo cotidiano con lo esotérico. Y sobre todo le gustaba hablar de su visión de la política, ingenioso, obstinado y sarcástico, con un humor audaz, presentaba el conflicto de aquí y de allá con diálogos penetrantes que alcanzaba lo sublime o lo polémico.

 Ocupó también un puesto importante en el grupo del ajedrez. Fue vicepresidente de la federación y organizó doce trofeos internacionales y otros más de gran relevancia en Canarias. En estos últimos años, con poca salud se jugó el tiempo y organizó, junto con su hermana Blasi, numerosos torneos internacionales de ajedrez a modo on line y presenciales.

Ahora, cuando apenas ha pasado un mes de su marcha, revivimos aquellos momentos que nos indican la categoría humana de Diego, la mirada atenta, la generosidad y la amistad incondicional con los amigos, los días que celebramos cenas, aniversarios, encuentros, confidencias, la existencia. Nunca olvidaré los instantes en que evocaba el origen de su apellido, en que recordaba a su abuelo, a sus padres, su infancia o su aprendizaje en la vida. El pudor y el orgullo que sentía al hablar de sus hijos. Todo un caballero frente a las mujeres: Nunca olvidaba ponerle el abrigo a sus amigas, regalarles flores, abrirle la puerta del coche o darle su asiento.


Pero todo puede cambiar en cualquier momento, casi de repente y para siempre. De hecho, uno de los días que lo visitamos en el hospital, sentí que latía una esperanza amarga, que se terminaba su vida, que asomaba el vacío terminal. Y de pronto me confiesa:

- Esto se acaba. Ven, dame un abrazo de despedida.

-Yo no quería abrazarte, - ¿Recuerdas?

No estaba preparada para ese adiós, porque cómo se prepara uno para la despedida de un amigo tan querido. Finalmente nos abrazamos con ese abrazo apretado que tanto me gusta y, me sentí arrasada por el inevitable encuentro con la muerte, con el destino, pero hoy sé que, desde el cielo, seguirás enseñándome a mover las fichas de esta difícil partida que es la vida.

Rosario Valcárcel, poeta y narradora.

Fotos de algunas exposiciones de pintura: Cervantes, Frida, Néstor Martín-Fernández de la Torre.

blog-rosariovalcárcel.blogspot.com