lunes, 19 de marzo de 2012

Orillas perfumadas



A la memoria de mi padre
Erase una vez un niño
que quería oír un cuento
donde fuera siempre niño
el personaje del cuento
Agustín Millares
Yo nací en un mundo donde las olas del mar estaban tan cerca que podía sentirlas, separar su espuma y huir de los hados enemigos que enlazaban los hielos. Y soñaba, soñaba siempre gracias al resplandor de los fuegos artificiales que encendía mi padre a través de los cuentos. El llenó mi infancia y madurez de destellos, chispas y cometas de colores. Por eso siempre he rechazado la tentación de emigrar de aquel universo de murmullos y lamentos principescos.
Así en ese periodo de mi niñez conocí todas las celebridades de la literatura infantil: A Pulgarcita, aquella niña tan pequeña que dormía en una cáscara de nuez y un día fue raptada por un sapo. A Karen, a quien sus zapatillas rojas la condenaron a bailar sin descanso, al Patito Feo… Así cruzaba el umbral para ceñirme el gorrito de Caperucita Roja o calzarme el zapatito de cristal de Cenicienta. Me veía tan rodeado por todos esos seres que deseaba convertirme en una de aquellas tres hadas buenas que, no temiéndole a Maléfica, ofrecieron sus dones a la Bella Durmiente…
Esta práctica de contar cuentos, sin prestar atención al rumor de la televisión, fue mi corazón de madera que creció como árbol indestructible…
El recinto construido bajo los auspicios de la fantasía, con simples decoraciones y grandes ventanales hacia el mar penetró en las tiernas cúpulas de nuestros corazones quedando blindadas y selladas por aquel calor familiar que supo preparar y allanar el alma para la siembra…
-¡Queremos un cuento!
Así bajo el pretexto de que nuestra maestra nos lo iba a preguntar al día siguiente, convencíamos a mi padre para que atravesara los pasadizos de luz invisible, donde prendía la hoguera en que se tostaban sus voces esmaltadas, confundiéndole de tal forma la chiquillería que algunas veces se sorprendía de ser capaz de inundarnos con su propósito de eternizar el instante…
Muchas de las historias que nos contaba no eran conocidas a través de la escritura sino que se hallaban diseminadas en su mente… Así nuestro narrador entraba en todos los rostros se detenía los miraba con lentitud, simulaba no recordar cómo seguía el cuento y esperaba desde el escenario que el público, hechizado y en silencio, adivinara los movimientos de los personajes, los acontecimientos más transcendentales de su inacabada historia. Con gran espontaneidad e ingenio el auditorio se batía en duelo, en voces y chillido, y de una forma desenfrenada referían toda la historia al dedillo, desconcertando totalmente al cuenta-cuentos…
Ascendíamos o descendíamos con un sabor ácido que cristalizaba en un final feliz, y la astuta bruja o el gigante de un solo ojo ardía despidiendo un desagradable olor.
En secreto escuchaba los movimientos del mar y navegaba con la pleamar y la bajamar, hasta perder totalmente la conciencia. De tanto bailar con ellas se incrustaron en mi carácter de tal forma que pasaba del cielo al infierno, con suma facilidad.
Ahora ha empezado a multiplicarse el asfalto, la casa ya no existe, el mar no se oye, mis amigos atravesaron los recuerdos salinos, mis hermanos moldean los sueños y yo conservo el tatuaje de aquel montón de palabras en las que solo queda mi padre, que, tembloroso, nos sigue contando un cuento.
Texto entresacado de mi libro “La Peña de la Vieja y otros relatos”
www.rosariovalcarcel.com
www.facebook.com/RosarioValcarcelEscritora

viernes, 16 de marzo de 2012

El día de la mujer

…Si te pegan un palo no llores Lola
vale más llevar palos que dormir sola. Eres, eres
eres como la alpispa junto a la Sieca…
La alpispa de Néstor Álamo.

Cuando yo era pequeña existía un periódico que se llamaba “El Caso” y recuerdo que un día apareció una noticia que me quitó el sueño durante mucho tiempo. Estaba aterrorizada.
La crónica hablaba de un padre de familia, al parecer un dechado de virtudes que sin saber el por qué había matado a sus tres hijos y a su mujer que dormía plácidamente en su cama.
Él los había matado con un hacha.
Aquellos hachazos sonaron en mi cabeza, en mi conciencia, durante mi niñez. Estallaron en un miedo absurdo hacia todos los padres, hacia todos los hombres. Poco a poco me fui calmando, hablaba con mi padre, jugaba con él. Me enseñó a desenterrar miedos, tesoros. Me entendía, respetaba a mi madre, compartía cosas con los amigos. Supo disipar mi intranquilidad de tal forma que su ejemplo me ha servido para mantener una conversación ininterrumpida con el mal llamado sexo fuerte, a comprenderlos.
La mujer por instinto da, nutre, acepta. Ha sido el eje de las relaciones, obligaciones y actividades del día a día. Se podría decir que es el principal sujeto de la creación, de la humanidad.
Estos días se ha celebrado el Día Internacional de la Mujer, el día que reivindicamos y luchamos hacia la igualdad de los derechos y oportunidades con los hombres. Lo malo es que mientras haya que diferenciar a las mujeres por la lucha, por los derechos… estaremos en desventaja.
Además no debemos olvidar que ya desde la antigua Grecia, Lisístrata empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a las guerras. En la Revolución Francesa las parisienses que pedían “libertad, igualdad y fraternidad”, marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino.
Estas reflexiones vienen a cuento porque la violencia doméstica, machista o de género, da igual el nombre, no se erradica, está a la orden del día. Parece que se apoya en una malentendida memoria histórica, donde las mujeres podían ser castigadas por los hombres si éstas los miraban a la cara o le hablaban sin su permiso, o el golpear a una mujer era motivo de orgullo, pues así ellos demostraban su superioridad.
La violencia contra las mujeres es la violación de los derechos humanos más universales.
Dice el Fondo de las Naciones Unidas que una de cada tres mujeres en el mundo ha sido golpeada, violada o padecido algún tipo de abuso. Y lo más sorprendente es que los países con mayor número de asesinatos de mujeres por sus parejas o ex parejas son los más civilizados y desarrollados de Europa: Finlandia y Suecia.
Sabemos que la conquista de la Igualdad de derechos y oportunidades no ha dejado de avanzar, pero a los resultados me remito. Queda mucho por hacer. Por eso en estos días en que los políticos hablan y hablan, prometen y prometen, deben tener presente que las leyes, la seguridad e independencia económica no es suficiente, no solucionará el problema.
Porque yo creo que la verdadera solución tendrá que ir acompañada de una educación en valores de respeto y de igualdad entre los sexos. Una educación que parta del seno familiar, de la escuela. Una educación donde toda la sociedad esté comprometida.

domingo, 11 de marzo de 2012

Lectura de poema Casa de Colón con motivo del día Internacional de la mujer.



   Cuando hacemos el amor de madrugada

   el río se consume y la habitación en llamas
  
   jadea como el bramido de un volcán

   que emana recuerdos amarillentos,

   esculpe corazones.

                            Aleja la muerte

   Cuando nos abrazamos en la penumbra

   tu aliento se pliega con el mío, el sabor

   de alisios libertinos agita el placer,

   se derriten las penas y los rencores.

                            Se olvida todo. 

   Cuando me estrechas y te estrechas,

   los espíritus diabólicos se disfrazan,

   escucho mi zambullida, las corrientes

   dormitadas. Vuelve la calma.

                                Se olvida todo. 

                                       De mi libro d. poemas" Las máscaras de Afrodita".(Idea)


sábado, 10 de marzo de 2012

Postales de la Naturaleza (exposición Club Naútico)



Dos exposiciones en el Real Club Naútico de Las Palmas Gran Canaria: Pintura de Aguja de Márial Valcárcel y postales de la naturaleza de María Sánchez Hernandez. Se podrá visitar hasta el día 14 de marzo.


 A María Sánchez Hernández siempre le atrajo el dibujo, los colores, la belleza del mundo. Lo misterioso. Le atrae la Naturaleza.
        Y porque tiene alma de pintora es capaz de acercarnos a la realidad que ve, de darle vida propia  con un realismo casi fotográfico, con un perfeccionamiento técnico y refinado de sus temas preferidos que son los animales, las aves, las flores, el paisaje.
        Con sus acuarelas nos aproxima a ese ardor romántico que crece sobre los poderes del cielo y de la tierra, y nos muestra una imagen enternecedora y rotunda de almas que viven en libertad. Así, con ella viajamos a paisajes que reverberan sobre la realidad natural como las cumbres y los pináculos de los Andes, y captamos la soledad y el silencio que los envuelve. Y sentimos la magia de la fauna y de la flora en las hojas doradas, en las hojas secas, que han perdido su perfume pero no su belleza. Contemplamos elementos vegetales, arboledas con finas ramas en donde lo espectacular es el color que aviva los sentidos. Y cuadros hiperrealistas que nos transmiten la poesía de las peonías y las flores de mundo. 
        Y, como si fueran juguetes que flotan, nos muestra las más pequeñas de las aves: los colibríes, que se suben a un árbol o bajan o retroceden, y que lucen una gama de colores que se funden entre sí, que brillan con mayor o menor intensidad según la incidencia de la luz. Con plumas que en muchas tradiciones son atesoradas por sus cualidades mágicas. Imágenes del poder de la naturaleza salvaje: leones, tigres y lobos, que no parece que huelan la carne humana desde lejos sino que son tan suaves y tan blandos, que se diría, como el famoso Platero, que son todos de algodón.
        Retratos y más retratos colmados de colorido, de pinceladas pequeñas y muy próximas entre si, de color su elemento esencial. Retratos en pequeños formatos que hacen las delicias de quienes los contemplan, como los matices de los gallos, compensados y agradables o las vacas que nos lanza una mirada como queriéndonos decir: ¿Dónde está el resto de nuestra manada? O el halcón que derrocha espontaneidad y movimiento, a la vez que nos observa, que capta el instante.
        María Sánchez dibuja la realidad con un delicado sentido de la observación,  con una pintura minuciosa y detallista. Porque es una pintora que domina el color y lo vuelca de una forma tan expresiva que consigue alcanzar una perfección fiel y detallada de la escena que quiere representar.

jueves, 8 de marzo de 2012

Presentación del Libro" Symphonia" del poeta Antonio Arroyo Silva.



El Viernes, 9 de marzo a la(s) 19:00 en la Biblioteca estatal, sala M. Padorno Prólogo de Rosario Valcárcel

                         No es el Poeta quien se conforma en el mundo,
                         es el mundo el que se conforma en el Poeta.
                                (Odiseo Elytis)

Hace solo un año con motivo de la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria presenté el anterior poemario de Antonio Arroyo “Caballo de la Luz”. Y en aquella ocasión me centré en sus haikús y comentaba que el poeta había transformado el rigor interpretativo de los versos de “Esquina Paradise” en una simbología del Universo, a lo infantil, a lo sencillo, al alma de la vida, al misterio de lo sagrado.
Y en este nuevo libro titulado Symphonia, sigue la misma línea, pero sazonando su diálogo lírico en un poema sinfónico.
Así de esa manera, nuestro poeta logra con sutil simetría que la palabra transmita nuevas sensaciones que, despierte sentimientos y evoque emociones. Y lo consigue, porque sabe realizar un dibujo armónico con los objetos de la naturaleza y la estética de los espacios, hasta tal punto que logra alcanzar una representación simbólica de lo universal.
En Symphonia domina la profunda curiosidad por los secretos del universo, por sus fuerzas creadoras en el culto a la luz, y a las aguas profundas de Gea; la madre Tierra, lo telúrico.
Busca en ese poder reproductor que nos da la vida los entresijos de su ser, y desde ahí penetra en la espiritualidad de los campos, en sus sonidos, en los sabores, en aquello que decía Gelman en “lo que huele el mundo”, en el aroma de la infancia.
Celebra Antonio Arroyo el cielo de la isla de La Palma, ese cielo casi extraterrenal, los mares de nubes, la humedad de las sombras y el dulzor de los pinos. Ese espacio estelar que sigue muy de cerca para conseguir la belleza.
Y son el brezal y la aulaga, la laurisilva y el drago, la graja y el guirre los que toman la palabra. Porque como él mismo dice no soy yo el que habla. Porque él al igual que los antiguos jefes indios lo que le gusta es penetrar en lo sencillo, esconderse en el bosque que reverbera, en esos bosques que están poblados de espíritus y de soledad, para desde allí escuchar el suave susurro del viento purificado por la lluvia horizontal y por el aroma de los pinos.  
Simphonia es un poemario dotado de gran sonoridad que encierra una poesía cálida y emotiva. Un poemario de versos cortos, lleno de simbologías y de metáforas, de sus experiencias vitales y de sus ensoñaciones. Es quizás un poemario más maduro en el que consciente o inconsciente ha tenido el propósito de hacer eterno lo efímero.
En Symphonia, Antonio Arroyo igual que Elytis está en la naturaleza, en la belleza y en la plenitud, está en la hermosura de su paisaje isleño; en la pureza indescriptible de la isla de La Palma.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Tratado del carnaval en Niza

     Samir Delgado es un poeta, un amigo, un hombre de costa, de aires tibios y entorno turístico.
     Un escritor  de los que podríamos denominar audaces, lleno de energía y de fertilidad. Proclive a la pasión, al gusto por la ironía y las emociones del lenguaje. Un hombre que necesita vivir y escribir y denunciar,  y derrumbar ciertas barreras desde la cultura, que muestra un gran respeto por la inteligencia y por el arte, tanto que como si se tratara de un buen vino, lleno de regocijo y efervescencia, de vértigo juguetón, paladea y deja fluir su literatura con citas de maestros clásicos y contemporáneos.
      Y sobre todo está Niza, un nombre lleno de símbolos y de fuerza seductora, que se presta en este poemario a plurales interpretaciones, y que nos conduce a su amada, al amor, a su impulso, dicho en sus propias palabras a “la cristalización de los deseos”. 
    Porque la literatura de las pasiones y de la sensualidad nos lleva como la vida misma por caminos imprevisibles, por llamaradas lujuriosas que nunca deben extinguirse por completo, sin embargo la poesía de Samir no son los deseos locos de Henry Miller y Anaïs Nin que actúan desde la palabra descarnada, ni se asemeja a la poesía de Charles Bukowski o Almudena Grandes. En su  “Tratado del carnaval de Niza” la mirada se desliza fresca, nueva, entre miles de bombillas de colores que parpadean durante la noche, en ese instante en que lo amoroso y lo erótico se entrelazan con el deseo e irrumpen con fuerza pero en este caso envueltos en esos titubeantes años de aventura juvenil, en esos instante dulces en que cerramos las puertas al mundo, en que echamos el candado.
     Y cuenta su noviazgo, su amor, como quien escribe página secretas, realizando todo lo que se considera bello en poesía.  

   ¿Lo que más me gusta de ti?
    Haciendo un recuerdo milimétrico
    de todos tus encantos
    de los pies a la cabeza
    yo me quedo siempre callado nena
    porque lo que me gusta mas de ti
   es ver el mundo a través de tus ojos.

      Los guiños culturales del autor son constantes y a través de ellos manifiesta la desconfianza ante la vida y la necesidad de retener lo efímero, de desarrollar dramáticamente un tema anecdótico o romántico, o una mirada a un cuadro, porque él igual que los impresionistas captura el instante, lo eterniza.
    Y participa en el carnaval de la vida y entre los oleajes y los fuegos artificiales, se moldea a través de los sentidos:

  Martes de carnaval:
tú bailando al son del invierno
con sabor a manzanas de caramelo.
Y el eco lejano de carrozas encantadas
lloviendo su purpurina por toda la ciudad.

   Samir expresa la búsqueda de la utopía, la exaltación de los sueños que ayudan a la vida. Ese es el leitmotiv del poemario “Tratado del carnaval de Niza” donde canta a la vida, a la esperanza y sobre todo a la invocación, a la mujer amada, Niza.
     Por eso  no duda en exponer abiertamente sus emociones y sus sentimientos cotidianos, trozos de la vida, en poemas breves, sinceros, desnudos, llenos de imágenes y símbolos que le dan al texto un carácter atrevido y moderno.
     Y al final en este simbólico carnaval llega el entierro de la sardina. Centellea esa cercanía cotidiana y describe actitudes de un carnaval:

Llora que te llora el travesti con gafas de sol
enlutado y su peluca amanecida de confetis
ritual del fuego. Baile de disfraces. Resaca.
Anoche nadie guardó las calles de la capital.

domingo, 26 de febrero de 2012

LA LLEGADA DE LOS INDIANOS

 Para todos los palmeros que hacen posible esta fiesta.

El lunes de Carnaval se celebró la Fiesta de los Indianos en La Palma, y por primera vez llegó al Puerto de Santa Cruz un barco lleno hasta rebosar de Indianos procedentes de Tenerife.
Un barco que simulaba llegar desde la otra parte de nuestra Atlántico, impulsado por un mar de sombras grisáceas, por voces que resonaban por el Malecón, un barco que atracó como decía Carmen Laforet en su libro “La llegada” sin gran prisa por llegar al otro lado del mundo.
Pero cuando por fin colocaron la escalinata y empezaron a bajar los pasajeros, pudimos ver junto con sus compañeros de viaje a un personaje de excepción, a un pasajero especial, a Sosó, más conocido por la Negra Tomasa, que con su cuerpo regordete, su vestido impecable, su sonrisa entrañable, sus mejillas pintadas y sus pestañas verdes fluorescentes derrochaba gracia y talento, bailaba al son del ritmo caribeño:

Maní, Maní
Si te quieres por el pico divertir
Comete un cucuruchito de maní …

En seguida la explosión de alegría y de generosidad nos atrapó, se adueñó de todos. Se escucharon palmas, se dieron vivas y con voces enloquecidas  entonamos canciones. Y llenos de risas y vestidos de riguroso blanco no dejábamos de agitar los polvos con fuerza, con tanta, tanta fuerza que rápidamente una polvacera quedó suspendida en el aire y se convertía en una humareda de plata que nos llenaba de júbilo y de tal excitación que gritábamos:

-¡Viva la Negra Tomasa!


Yo estaba tan extasiada que hubiese deseado abrazarla.
Mientras, en el atrio del Ayuntamiento capitalino, una multitud ansiosa esperaba el tradicional ritual de la llegada. Este año, de nuevo con unos seres maravillosos, con Antonio Abdo, Pilar Rey, Quique Santacruz y acompañante. Emocionados esperaban el retorno con los representantes oficiales.
Por fin La Negra Tomasa llega a la Plaza de España con ese don innato que posee para hechizar la fiesta, flota en medio de una multitud que se agolpaba entre sus calles, que vibraba entre densas nubes de polvo que semejaban a una hoguera. Y entonces recordé aquellos tiempos en que éramos niños pobres,  en que la vida era humilde y nos acercábamos extasiados y con miradas tímidas a darles la bienvenida, a besarles, a curiosear la llegada de nuestros compatriotas que llegaban después de cumplir un sueño, de hacer el mundo.
Todos iban vestidos muy elegantes. Ellos fumando cigarros puros, con los bolsillos repletos de dólares acarreando jaulas con loros y pesados baúles, ellas con sus faldas largas, sus pamelas y sus abalorios.  Ataviados a la usanza americana bailaban bajo un decorado renacentista que parecía que crepitaba, que a pesar de estar desdibujado por el tiempo también se emocionaba. Porque la Fiesta de los Indianos consigue con mucha clase rememorar la antigua llegada de miles de palmeros que volvieron desde Cuba.
Consigue a través de esas cataratas de polvo ensalzar la memoria de aquellos años de lucha y de dificultades económicas, consigue acercarnos a las sombras y las luces de miles de hombres y mujeres emigrantes que al regresar a su tierra se les comenzó a llamar Indianos.
Un año más, la fiesta de los Indianos vuelve a triunfar, a trascurrir según el ritual de la época, con el ritmo palpitante de la música, con el diálogo de la tradición, con el encanto de la dicha ante la vida, con esa lírica que envuelve el regreso. Transcurrió  igual que una batalla blanca que deja escapar la fragancia de su olor, su ligero temblor.
Una fiesta que nos recuerda que estamos hechos de polvos y de sueños. Unos polvos que a pesar de haber pasado varios días, aun sus huellas permanecerán entre nosotros durante mucho tiempo como testimonio del mestizaje cultural entre La Palma y Cuba.


jueves, 16 de febrero de 2012

FELIZ DRAG QUEEN S, FELICES INDIANOS, FELIZ CARNAVAL

¿Me conoces mascarita?
Una frase genial que me ha hecho recordar a esas caretas de las que hablaba Alonso Quesada. Esas caretas pendientes de un hilo que cruza de lado a lado el almacén. A esos muchachos que compraran su careta el sábado y el domingo entraran en su casa con ella puesta. La sostendrán con la mano y se la quitarán cada momento...
Esta careta continuaba nuestro literato, es como el tiempo. Al pasar el domingo de Carnaval por la tienda del ultramarino, nos advierte con sus ojos fríos y su sonrisa petrificada que ha pasado un año más y que todo ha sido lo mismo, y que los días que van a venir después que ella se esconda serán como ella misma… Acartonados e indiferentes.
Este año continuaba Alonso ha mostrado su faz más pronto; en el montón de las otras caretas, ellas, que es la más expresiva, la menos “careta” de todas, sobresale como suplicando al comprador que se la lleve. Pero ninguno la ama. Otras caretas más modernas y más graciosas van saliendo. Ella se quedará solitaria, abandonada, otra vez… 

Del amor y las pasiones


Y feliz día de los enamorados.

Las semanas y los meses pasaban deprisa.
Un día como los demás, Celina y Jorge iban al mismo sitio. Estaba nerviosa. No recordaba cómo había llegado hasta allí pero siempre la llevaba al mismo lugar.  Era una zona muy tranquila, situada en las afueras de la capital. Él tomaba por atajos caminos de tierra. Ella observaba el océano, lo percibía lejos, enorme, desde aquella cima parecía aún mayor. Siempre pensaba que la veían.
Era un lugar abandonado, y se había convertido en su refugio clandestino. La brisa soplaba, se escuchaba el cuchicheo del mar y el sol en declive mostraba la luz más auténtica. Ambos estaban casados. Él no quería volver a casa tan pronto.
Aquel día, ella se había puesto una blusa ceñida, sin botones y muy escotada de color rojo, la falda era muy amplia como a él le gustaba. Quería seducirlo.  Sentada en el sillón del automóvil tenía la sensación de desconfianza cuando él le pasó el brazo por encima mientras le decía al oído: te echo tanto de menos. Ella se quedaba inmóvil sonriente, contenta, protegida. Siempre esperaba que él diera el primer paso y que repitiera su frase favorita.
-Si te hubiese conocido antes ¡seríamos tan felices!
Al fondo, el barrio pesquero de San Cristóbal se desperezaba ajeno a sus complicidades. A lo lejos las barcas, como signos de vida, se bamboleaban, perceptibles por las camisas blancas y arremangadas de sus ocupantes. Las sardinas, que oían el tintineo de los remos de madera, huían despavoridas formando una bola apretada. Los pulpos, morenas, salemas y gueldes, al divisar las linternas estaban al acecho, menos alguna  sepia enamorada que vibraba y emitía una luz débil fosforescente, captada de inmediato por un macho que intentaba abrazarla en una estela de colores, mientras le musitaba:
-Dime que me quieres como siempre.
El pescador aprovechaba el idilio y los balbuceos de la extraña parejita y los subía a bordo, con precaución de no acercarse demasiado al irritado galán que estaba dispuesto a descargar su rabia y su tinta en el entrometido marinero que interrumpía sus amores.
Jorge no dejaba de mirarla. Le enlazaba las manos, se acercaba con cautela. La comunicación entre ellos era igual que la de los extraterrestres: telepática. Él quería acariciarla, hablarle de sexo. Ella también. Aquel día el tema fue el sexo oral, lo bueno y hermoso que era. Se regalaban un tiempo de contemplación, de oración a través de acercamientos, de roces y voces silenciosas. Sin dar cuenta la conversación se acercaba a lo que ella creía la perversión. Le habían dicho que en Estados Unidos su práctica callejera era delito. Pero tantas cosas son delito, pensaba. ¡Era tan maravilloso! Pero se sentía tan cortada que le preguntó:
-¿Qué piensas de mi?
En vez de contestarle, intento besarla. No la escuchaba, estaba atraído por sus labios, por su nariz, por sus muslos blanquecinos. De pronto ella dijo:
-Te quiero, y deseo estar contigo.
Las manos de Jorge se desbordaban, escribían en su cuerpo su ansiedad.
-Yo también te deseo, y me gustas que digas sí, cuando quieres decir sí.
Se envolvían, se besaban. No le importaba ya que la vieran. Sabía que todo es muy fugaz.
En las tinieblas las barquillas seguían allí. Respiraban entre las sombras, patrullaban el horizonte.
-Tengo ganas de dejarlo todo. Pedir un traslado en el trabajo y vivir muy lejos, pero juntos-confesaba Jorge.
-Estas loco, olvídalo, acércate a mí.
Él respondía con un silencio, le subía la falda, colocaba tiernamente su cabeza entre sus muslos, la olía, la lamía, la roía. Celina se sentaba sobre Jorge, se entrelazaban sin prisas. Aquel coche se agrandaba. Se daban vueltas como si fueran de goma, se miraban con ternura, se rozaban, se enganchaban. Mecían sus cuerpos como botes sobre el mar. Querían apretarse, revolverse, engullirse. Trataban de satisfacer su apetito. Por un momento el tiempo no existía.
Soñaban con un encuentro lejos, con dejarse arrastrar por la corriente, sobre el tronco de un árbol, con deslizarse sobre las aguas… Se acercaban todo lo que podían. El inmenso océano los separaba, el ruido los confinaba, las ondas los arrastraba, los zarandeaba. Tragaban agua. Se escondían entre los movimientos de las crestas, entre sus ronquidos, entre sus sábanas.
-Me gustas demasiado, le decía.
La fragancia del yodo y el sabor del salitre se mezclaban en su boca. Se resbalaba entre las paredes   de su cañón, de sus curvas. Le acariciaba los seños, la apretaba contra él. Quería infiltrarse, entrar por la puerta principal. Lavarse con su aliento, en su fragancia de locas pasiones. Ella lo comprendía, contenía su respiración, se sumergía en el monumental charco, se succionaban en los caprichosos dibujos que forman las aguas, las fantásticas sebas y las pálidas medusas que flotaban suspendidas como globos. Lo dejaba hacer, no podía dejar de alimentar su gozo. Sus dedos trepaban con parsimonia. Huían de la velocidad. Celina, igual que una sirena, le ofrecía susurros diabólicos. Jorge encandilado, esperaba en su fantasía que lo devorasen.


Fragmento de un relato entresacado de mi libro “Del amor y las pasiones”, de la editorial Anroart.


lunes, 6 de febrero de 2012

Bienaventurado


A mi isla adoptiva La Palma y a la elegancia y sutileza de sus vinos

 El alcohol ha sido hecho para soportar el vacío del Universo, el mecimiento de los planetas, su rotación imperturbable en el espacio, su silenciosa indiferencia en el lugar de vuestro dolor.
Marguerite Duras

En la antigua Benahoare las húmedas
bodegas renacen. Se juran las pipas.

Jóvenes y viejos pisan las uvas en antiguos lagares
resuenan tañidos de alegría, fluyen círculos
de espuma, libaciones, cohetes y saltapericos,
se mecen en una aureola.
Licuan la oscuridad.

De la uva sale el vino, de la aceituna el aceite…

Las grajas con ojos enamorados nos visitan,
danzan sobre el jugo de las bacanales,
sobre las esmeraldas y los rubíes.
Todos sorben el líquido hilarante
ahuyentan miedos y pesares. Juguetea la infancia:
Saran Martín, tirín, tirín…

Huele a vino, a cochino a la brasa y a tomillo,
reavivan los rescoldos, la algazara,
se escancian copas, brindis. Se escuchan
bucios, canciones sentidas, los latidos
las brujas, las profecías,
las ánimas benditas.

El vino, diabólica tentación de los dioses
nos rodea con brazos apasionados,
nos transporta a regiones soberanas, al fluir
de las épocas, a emociones irracionales,
a la embriaguez de Lot. Nos permite
acarrear la vida, desafiar nuestro destino.
Alejarnos de la muerte.

De la uva sale el vino, de la aceituna el aceite…

Degustan los caldos, los deseos insinuantes,
las castañas tostadas, los estremecimientos.
Viven sus sueños, retienen el aliento,
evocan décimas y romances.
Y entre el estallido de los fuegos que
semejan nuestra propia vida, resuena
la memoria de los rezos.

Y cantan  a coro:
¡Bienaventurado el vino de nuestra tierra palmera!
Saran Martín, tirín, tirín…



Este poema ganó el primer premio en las Jornadas de la viña y el vino de S. Martín 2.011, organizada por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen de "Vinos La Palma".

martes, 31 de enero de 2012

El Carnaval del mundo: Isabel Echevarría

    Rosario Valcárcel

La belleza pertenece a los sentidos. Solo a los sentidos.
Tomás Mann en Muerte en Venecia.

      Antiguamente las máscaras simbolizaban la creación del Universo, la muerte del primer hombre, la marcha diurna del sol. Hoy es una celebración alegre y desinhibida que marca el vuelco de la vida diaria y permite a nuestros deseos más profundos la anarquía y la total libertad.
     Porque el carnaval nos da la oportunidad de arrinconar la rutina diaria y pasear por calles y ciudades del mundo, por ciudades que se visten con un aura de ensoñación y de deseos. Escenarios llenos de rumores y maquillaje en el que interpretamos nuestro propio drama existencial, donde recreamos un universo teatral y mágico, antes de pasar al arrepentimiento de la Cuaresma.
    Pero el Carnaval es también fuente de inspiración para los artistas. Así  en esta magnífica exposición  Isabel Echevarría nos presenta una colección de bellas mujeres luciendo ostentosos vestidos de lentejuelas, piedras preciosas, plumas… … Nos presenta parejas disfrazadas, con la intención de exaltar la belleza, el jolgorio, la alegría. Como ella bien dice la idea de que estamos vivos.
       El carnaval de Las Palmas de Gran Canaria ha sido el leit motiv de esta brillante muestra romántica, realizada con una técnica mixta y un tono hedonista. Porque en el carnaval de nuestra isla flotan los placeres de la vida, los disfraces de Venecia, de Río de Janeiro, el carnaval de Filipinas, país de origen de Isabel, de Francia. Los carnavales del mundo.
        Y evoca nuestra pintora el carnaval de Venecia, la costumbre del festejo veneciano, el mundo satírico, la liberación sexual. Llena el espacio de figuras cortesanas, de transparencias y de deliciosos colores sedosos, de cuellos y encajes, de expresiones hieráticas. De glamour, de hombres y mujeres vestidos a la moda de las fiestas de palacio cuando la nobleza se disfrazaba para salir a mezclarse con el pueblo con capas burato, careta blanca y capuchas. Disfraces como elemento lúdico y de belleza. Y las  máscaras, máscaras que se tornan reveladoras y ocultadoras. Máscaras como elemento liberador de las restricciones sociales en un mundo en donde las relaciones sexuales estaban sujetas a muchos tabúes. Máscaras que representan el misterio, el juego de esconderse, el acercamiento a los mitos y a los rituales. La captación expresiva de los modelos expuestos con maestría.
        Y en su recorrido imaginario nos lleva al carnaval más famoso del mundo, a las calles de Río de Janeiro, a la sensualidad que revolotea, que avanza lujuriosa, a la belleza de Brasil, simbolizada aquí por una preciosa mulata, Mame Yame Mattallah, que precisamente fue Reina del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria en el 2.010, representando al Centro Comercial “El muelle” con un diseño de Willy Diaz,  llamado Yuma. Un retrato alegre y con ritmo juguetón, un retrato donde Isabel nos trasmite la espontaneidad y el movimiento, la provocación y el deseo. Ese deseo de supervivencia de semidioses felices y superficiales.
       En otros casos el escenario es Paris. Así nuestra pintora se sumerge también en el maravilloso mundo de la apasionante ciudad del Sena. Y busca su inspiración no en los sueños sino en el goce y los festines, en los cabarets y los cafés de una ciudad que siempre apostó por la modernidad.
     Y de la mano del carnaval de Las Palmas de Gran Canaria contemplamos contornos sinuosos, el desnudo como liberación, cuerpos que se cimbrean bajo pesadas estructuras, que se saben parte de un Cosmos. Una muestra figurativa que es algo más que una mera copia de la realidad existente, una muestra llena de sensualidad, de hermosura poética, de colores intensos y brillantes, de atmósferas bien perfiladas con colores fuertes, aplicados en largas y gruesas pinceladas, que parecen no tener fin. Un carnaval donde lo bello es la fugacidad, donde lo maravilloso reside en los confetis que tiras, en las serpentinas, en pasar un instante y quedar en los ojos y en la memoria de los que nos miran, de los que nos rodean.
     Finalmente Isabel le hace un homenaje a su tierra, a Filipinas, y un precioso vestido la transporta a regiones soberanas y dueña de su destino, recrea una mujer sensual, una mujer que aunque lejana en el espacio posee rasgos comunes con la cultura española. Un trabajo sereno y muy equilibrado.
       Premiada y reconocida artísticamente en Manila desde 1981, nuestra pintora aparece en diversos libros de Arte Contemporáneo filipino y sus retratos están expuestos en algunos museos y oficinas estatales de Filipinas. Sus oleos se encuentran en colecciones privadas en Asia, Oriente Medio, EE.UU., y Europa.
      En esta muestra titulada “Carnaval en el mundo” Isabel Echevarría evoca que nuestro yo real desinhibido salga a jugar con disfraces, con máscaras o sin ella. Porque ella sabe resaltar la belleza femenina, mujeres atléticas envueltas en fantasías. Sabe plasmar el espíritu de transgresión, el brillo superficial y teatral de la vida.
      Y ha logrado conseguir una exposición fresca, el deseo por el misterio y lo equivoco. Ha logrado plasmar el arte del carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. 




 La exposición estará expuesta en el Gran Casino de Las Palmas del 26 de enero al 17 de febrero. De 17 a o4 horas.( Lunes a Domingo)

martes, 24 de enero de 2012

SUENA EL MÓVIL

A Marietta quien pinta y escribe relatos de amor

-¿Quién es?
-Pepa Marcos. ¿Está Iván?
-No.
-Perdone que la moleste.
-No pienso perdonarla.
-Es que tengo que hablar urgentemente con él.
-¿Cómo se atreve a llamar aquí?
-Por favor señora, no me grite que acabo de sufrir un desmayo.
-Por mí como si se le para el corazón.
De “Mujeres al borde de un ataque de nervios”
Desde que Eugenio tiene móvil, no deja de hablar y hablar.
Empiezo a pensar que le resulta imposible vivir ya sin él. No deja de sonar, y su sonido nos puede arruinar una tarde. Volverme loca o quizá cometer un crimen, ese pensamiento se me pasa por la cabeza. Pero no puedo controlarlo, no puedo hacer nada.
Quién iba a pensar que un aparato inventado por el hombre tuviese conciencia, parpadeara, latiera como si escondiese un corazón. Tomara fotografías, hablara, te felicitara por tu cumpleaños y encima ahora pone a los usuarios a tono mostrándoles unas modelos muy sexy.
Me hacía la competencia, se rebelaba contra mí. Tenía la capacidad de hacerme sentir mal ¿sería su aura siniestra? En presencia del móvil, él ya no era nada mío. Lo exhibía como un trofeo, lo llevaba a todas partes. Notaba que –igual que un gato- marcaba sus límites, su espacio.
Lo más curioso es que Eugenio antes se molestaba si alguien escuchaba sus conversaciones, y ahora no tiene el menor pudor.
Es capaz de conversar en lugares insospechados. Recuerdo que cuando me llamaba desde una cabina telefónica, se aseguraba primero de cerrar bien la puerta. Le daba vergüenza que otra persona pudiera escuchar lo que decía. Producía sonidos con ese tono susurrante que se suele utilizar en las iglesias, así si había alguien esperando su turno casi ni podía escucharlo. La intimidad de las cabinas le gustaba, se convertía en otro rincón de su dormitorio. Un espacio para confidencias.
Dejó los estudios de Derecho. Para él su mundo era una jaula, un lugar poco apropiado para los vivos. Una cárcel donde se estanca, desfallece entre estudios, cursos, certificados y títulos. La verdad es que posee talento y físico, que no suelen ir juntos. Ahora trabaja en una inmobiliaria. Tiene 35 años y no cree en el amor. No quiere una relación seria. Yo, Mireya, no he cumplido los 30. Desde hacía un tiempo era su amiga predilecta y creía ciegamente en el amor, por lo tanto estaba condenada a llevarme desengaños. Pero siempre que podíamos nos escapábamos a su apartamento, dos horas para estar a solas, para descansar sobre su pecho. A mí me gustaba defender nuestro espacio, nuestra intimidad.
Nos veíamos un par de veces a la semana para hacer el amor. El podía olvidarse de su cepillo de dientes pero nunca del cargador del móvil. No le gustaba desconectarlo. Eso me ponía nerviosa.
-No puedo permitir que se me estropee una operación por no coger a tiempo una llamada.
El es así: inquieto, un manojo de nervios.
Un día estábamos en el apartamento los tres: Eugenio, el móvil y yo. Abrazados en la cama nos dábamos un largo beso. El poseía una energía, unos arranques increíbles, como si tuviese mucha prisa. De pronto el móvil empieza a sonar, provoca un estallido oscilante. Ambos recorremos sus formas, su alma, llena de malicia. A Eugenio le brilla el rostro. Se derrama, estira el brazo, lo alcanza, lo envuelve. Cree recargar la batería con el calor de su mano. Sujeto a él igual que una ventosa echa un vistazo al número. El sonido invadía la habitación, se metía entre las sábanas, nos sobaba, entraba en mi piel, me arañaba, me devoraba poco a poco. Descuartizaba el romanticismo, era un sonido sin poesía, duraba una eternidad.
Por fin pulsaba el botón de contestar, se diluía. Nos quedamos en silencio, en un silencio momentáneo. Su cara reflejaba seguridad, no lo podía disimular. Era la señal de que todo iba bien. Entonces surgía su verdadero carácter. Actuaba sin importarle lo que ocurría.
-Oiga, oiga ¿es Eugenio?
-Sí, diga.
-Espera,  es una voz de mujer –me dice él mientras desplegaba la oreja sobre el móvil igual que un elefante.
-Soy Juani. Le llamé hace unos días por el piso ¿se acuerda?
-Sí, sí, dígame. Juani, Juani. Déjame pensar. Eres Juani.
Titubeaba con la mirada perdida.
-Juani la de Schamann.
No podía aguantar la risa, me tapó la boca con sus manos, no fue muy dulce.
–Calladita –me decía.
La habitación era muy pequeña, la lujuria y los negocios se derramaban. Parecía que las clientas nos espiaban, que jugaban con nosotros al escondite. Unos extraños celos me dominaban, era ridículo. Me lanzaba miradas de circunstancias, con ojos fatigados. Todo era tan complicado como separar la ola de la arena.
-Ah, sí. Juani la de Schamann –afirmaba con la cabeza.
La situación le excitaba, le llevaba a besarme con más ímpetu mis orejas, el cuello. Llegó a mis pezones, los tocaba, los chupeteaba con la boca, con la mano que tenía libre, con la mirada. Yo contemplaba su cuerpo desnudo, brillante, lleno de lunares. No me atrevía a moverme, a jadear, ni siquiera a ocultarme. Me sentía igual que cuando me hacen una radiografía y me dicen la famosa frase: “No respire”. Su lengua quería descubrir los pliegues y repliegues de mi piel. Me estremecía:
-¡Basta, por favor!
No me hacía caso, se volvía y se revolvía, me mordisqueaba. A través del teléfono nos llegaban sus palabras.
-¿Se acuerda de mí? Le oigo entrecortado.
-Déjame pensar. ¿Eres Juani? Sí, tu nombre me suena. ¡Claro, eres Juani! Sí que me acuerdo –asintió sin dudas, con la seguridad de que se jugaba uno de sus más deseados placeres: una buena comisión.
Espectador de nosotras, se entregaba a su juego favorito, se consagraba a las cosas que más le gustaban en la vida: el sexo y el dinero. La mezcla de mi cuerpo desnudo y la voz de la clienta lo aceleraban, le incrementaban el deseo; se convertía en manos, dedos, piel sobre piel. Era un viento huracanado, me arrastraba al frenesí.
–Espera un minuto –le dije. Yo temblaba de placer, tenía tanto frío como si estuviera en el espacio. Su conversación con Juani se hacía interminable.
-Es que quería saber si el piso tiene tres habitaciones ¿se acuerda del que habíamos comentado?
-Sí, claro. Tres habitaciones –le costaba un gran esfuerzo hablar, la respiración era irregular.
-Es el piso de la cuarta planta sin ascensor, el que no tiene garaje.
-Lo sé. No te preocupes, Juani. Te estoy buscando una plaza cerca –quizás en el fondo deseábamos que estuviese también entre las sábanas, participando de nuestro juego-.
-¿Por cierto, ya convenciste a tu marido?
-Por mi marido no se inquiete. Eso lo controlo yo.
Nuestras siluetas flotaban en la enorme luna que forraba el espejo del dormitorio, me reflejaba. Yo soy de mediana estatura, bien formada, él se sentía feliz, se agarraba a mis pechos, buscaba protección. Nos gustaba vernos desnudos, nos excitaba, derramaba emociones. Desde pequeña disfrutaba delante de un espejo, lo besaba, le hablaba, le sonreía, curioseaba mi intimidad a través de él. Sus hombros anchos se deslizaban con destreza sobre mí, igual que si escalara una montaña. Sólo el móvil en su oreja arruinaba el decorado.
-¿Y tiene parqué en el salón, como hablamos?
-Déjame pensar. El parqué. Sí, el parqué. Por supuesto, Juani. Haré lo imposible por complacerte. Nuestra empresa es muy seria –Eugenio tenía que disimular la risa-. Confía en mí.
-Si tiene parqué, mejor. Nos gusta el parqué.
Mi impaciencia era grande, le hacía señas para que cortase cuanto antes. Me subía un sofoco, un no sé qué. Estaba atrapada. Eugenio cubría con su mano el móvil y me decía:
-Espera un poco, las mujeres quieren enterrarme, hasta creen que soy adivino -lo expresaba con ese tono de confesión suyo, con ese poder de convicción. Ese poder que parecía venirle de los dioses.
Nuestros cuerpos se habían unido, su sexo parecía desprenderse, agitarse musculoso y firme dentro de mí, como un oscilante y vertiginoso columpio se deslizaba, atacaba entre contorsiones. Ahora estaba más tranquila, ya no recelaba del móvil. Recibía el placer.
-Entonces ¿cuándo voy a verlo?
-Juani, perdona pero siento decirte que no tengo la agenda a mano –articuló débilmente-. Estoy pendiente de todas las cosas. Me coges en la calle, pero no te preocupes. Te hago una rellamada y fijamos la fecha. En una hora te cuento. ¡No se hable más del asunto!
Por fin se apagaban las conversaciones, recobrábamos la calma. Hambrientos, reemprendimos el amor. Echamos las campanas al vuelo. Los labios que tenía delante dibujaron una encantadora sonrisa.
–Olvidémoslo todo –dijo.
Nos tocamos, nos acurrucamos de nuevo. Lo atrapé fuertemente entre mis muslos, cerré mi vulva, me movía como si estuviese en una noria, sentí su sexo bombeando en mi intimidad. Nos poseímos bañados por el extraño efecto, por el encanto de la llamada.
Eugenio y el móvil eran tan dependientes el uno del otro que -sin saberlo- no podían vivir separados. Descubrimos nuestras íntimas dobleces, nuestros sueños.
De pronto se escuchó una exclamación violenta, una convulsión ruidosa, agitada. Su gárgola manaba con vigor y energía. La alegría no tenía límites.
-¿Se encuentra bien? ¿Le ha pasado algo? ¿Qué ha sido ese grito? –preguntó la clienta, no había cortado.
-No –contestó en tono arrebatado-. No es nada, Juani. Estoy muy excitado, las ventas me hacen sentir como un niño de siete años jugando al monopoly.



Relato entresacado de mi libro “El séptimo cielo”.