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sábado, 30 de enero de 2021

Isaura Martín de las Casas, poeta palmera

Opinan los estudiosos que Isaura Martín de las Casas nació el 2 de diciembre de 1860 en Santa Cruz de La Palma, aunque residió en La Laguna,Tenerife, desde muy niña. Dicen que las armonías de la naturaleza despertaron en Isaura el amor a la poesía. Destacó por su colaboración literaria en periódicos como La Ilustración de Canarias, El Eco de La Laguna y el Heraldo de Orotava. 

 Escribe sus primeros versos a los dieciocho años, hacía 1878 en un periódico de Santa Cruz de La Palma. Sebastián Padrón Acosta afirma que murió pobre y que en el poema titulado “La caridad y la indigencia”, que la escritora solía recitar con indignación, recogía la amargura y la penuria que padeciera en aquellos últimos años de su vida. 

Otros poemas suyos, siempre publicados en los citados periódicos, fueron “Súplica al Altísimo”, “A La Orotava”, “La calumnia”, “Una flor”, “A una violeta” o “A mi querida madre”. Murió en La Laguna, (Tenerife).

 A estas primicias de su lira aluda la poetisa en la composición «A la Orotava», cuando dice:

Patria por quien mi corazón suspira,

postergar tu recuerdo no me es dable,

 Pues los primeros ecos de mi lira

fueron para tu suelo inolvidable….

 

… Por mágicos jardines rodeada

que perfuman su ambiente por doquiera.

 Parece una sultana recostada

 Sobre un Valle de eterna primavera.



 

Información; Jorge Rodríguez Padrón, RevistaBienMeSabe.org.
Publicado en el número 540. Y Jaime Pérez García “Fastos Biográficos de La Palma.







martes, 19 de enero de 2021

La fusión entre la poesía y la música, Isa Guerra y Luis Fajardo

Luis Fajardo López-Cuervo nace en Madrid y, por esos azares de la vida, termina su licenciatura de Matemáticas en la especialidad de Investigación Operativa y Estadística en la Universidad de La Laguna, Tenerife. Muy pronto le dan plaza en el Instituto Tomás Morales de Las Palmas de Gran Canaria en donde conoce a su mujer Juana María Navarro, catedrática de dibujo. Y, enamorado de ella y de nuestras tierras cálidas, ejerce su profesión en diferentes centros de enseñanza de las islas y fuera de ella, al mismo tiempo que se hace intérprete de lengua de signos. Pero sueña con tener tiempo libre para dedicarlo a su hobby: Difundir los versos de los poetas más destacados dentro de la literatura universal, sacarlos de los entornos académicos.

Y me confiesa: - Con solo nueve años musicalicé el poema de Góngora, con la primera guitarra que mi padre me regaló.

- La más bella niña  / de nuestro lugar, / hoy, viuda y sola / y ayer por casar...

Ha pasado mucho tiempo desde aquellos días de infancia, pero la relación amorosa entre la guitarra y el poeta ha sido muy cercana, ha estado viva en Luis Fajardo quizás porque comprende que la música busca la complicidad y mantiene unida a otras disciplinas artísticas. Entonces retoma su hobby y hace unos seis años comienza a musicalizar a poetas canarios e incluso a grabar algunos de sus trabajos. Y en uno de esos maridajes entre la poesía y la música se siente seducido por la poesía de Isa Guerra. 


María Isabel Guerra García nace en Santa María de Guía (Gran Canaria) y desde los cuatro años lee cuentos y a los trece años gana el Concurso de redacción que convoca la firma de Coca Cola. Doctora en Filología Románica y licenciada en Psicología se ha dejado llevar por el placer y la necesidad de liberar su existencia a través de las palabras, tanto que cuando la leemos nos parece que estamos ante una especie de testamento poético en el que le hace un repaso a una vida dedicada a soñar por un mundo mejor, a enseñar, a vivir, a expresar la belleza acerca de la unión, la solidaridad con quienes comparte vida y lenguaje. 

A compartir poemas y pequeños homenajes a otros/as poetas como en el poema La amante del tiempo habitado”:

ELLA, sabe que  es el mar/ en agosto, / la playa cuando besa la roca, / la vida en sí, / el agua que brota, / el tiempo eterno de los viajes / de las pequeñas cosas, / de lo inmenso e inconmensurable, / la princesa de los cuentos con su flor. / ELLA, viene envuelta en un tul de nube.

Una vez me reveló la poeta que para componer sus poemas suele anotar en un pequeño papel los pensamientos que le revelan esas situaciones que surgen en los recovecos de la ciudad, en la felicidad y la tristeza, en las injusticias sociales. En imágenes e instantes que, a menudo, se nos escapa entre los dedos. Momentos que Isa rescata, a través de una explosión, a modo de flashes, de versos libres, sencillos en su significado y musicalidad.

 Y es en la música donde Luis Fajardo irrumpe como en estos versos emocionados de Isa Guerra:

 Nos vamos yendo, amigos/as

                             Por el camino/ de la tierra/ y del fuego. Por el camino/ de las hierbas y trevinas / de la infancia/ de pan recién hecho/ y de ilusiones forjadas, / de valles y montañas. / Por el camino de lluvia florecida / de los amores/ encontrados/ en los ojos/ y en el alma/ nos vamos yendo/ amigos,/ qué tristeza, / vamos a tomarnos un par de cañas/. ¡TODO TAN EFÍMERO! / No sabemos/ si en la noche estrellada/ o cuando amanece/ el alba. / En la tarde dorada/ o a deshora, /pasajeros/ de un sueño azul/ de la insondable nada.

 Y en esta alianza con la poesía de Isa Guerra y la música de Luis Fajardo, el festejo sonoro  cobra vida, belleza, conmueve y acaso interroga sobre el sentido de la existencia. Y, a través de esa unión, podemos penetrar en el mundo de dos manifestaciones artísticas que han sido desde la antigüedad apasionantes.


Isa Guerra ha ganado el Premio Poeta de Anno en el 2014 en Messina, Italia entre otros premios. Ha publicado una veintena de libros de poesía y uno de ensayo. Figura en antologías nacionales e internacionales y sus poemas han sido traducidos a varios idiomas.

Y en esta fusión música y poesía realizados por Luis Fajardo los recitales poéticos se vuelven más ricos, diversos y estimulantes, porque la música, como soporte de la poesía, puede transformar estados de conciencia.

 Rosario Valcárcel, poeta y narradora.

Fotos Isa Guerra y Luis Fajardo

 

domingo, 10 de enero de 2021

3 poemas de la poeta y ensayista Guadalupe Grande, fallecida el dos de enero, 2021

 Junto a la puerta 

La casa está vacía

y el aroma de una rencorosa esperanza

perfuma cada rincón

Quién nos dijo

mientras nos desperezábamos al mundo

que alguna vez hallaríamos

cobijo en este desierto.

Quién nos hizo creer, confiar,

—peor: esperar —,

que tras la puerta, bajo la taza,

en aquel cajón, tras la palabra,

en aquella piel,

nuestra herida sería curada.

Quién escarbó en nuestros corazones

y más tarde no supo qué plantar

y nos dejó este hoyo sin semilla

donde no cabe más que la esperanza.

Quién se acercó después

y nos dijo bajito,

en un instante de avaricia,

que no había rincón donde esperar.

Quién fue tan impiadoso, quién,

que nos abrió este reino sin tazas,

sin puertas ni horas mansas,

sin treguas, sin palabras con que fraguar el mundo.

Está bien, no lloremos más,

la tarde aún cae despacio.

Demos el último paseo

de esta desdichada esperanza.

(De El libro de Lilit. Ed. Renacimiento, 1996) 

 

Letanía sin nosotros 

 

Es en este tiempo incierto, intacto,

es en este instante desnudo,

sin palabras, sin nosotros, tan sólo

tendido suavemente en el olvido.

Es bajo esta lluvia muda y ciega,

esta lluvia sin nosotros,

esta hora sin nosotros,

Este agua sin sed.

Es. Es sin siempre, es sin memoria,

es sin llanto y sin risa,

es sin miedo y sin gracias te sean dadas.

Es, como si eso fuera poco,

sin causa y sin remedio,

a pesar nuestro,

Y es, desde luego, sin calles ni avenidas,

sin fuentes ni estaciones,

sin la tristeza que da mirar el firmamento.

(De El libro de Lilit. Ed. Renacimiento, 1996)

 

La ceniza 


Diccionario inventario

lista número preciso

cómputo de un idioma

que no podemos entender

Digo que no existe el olvido;

hay muerte y sombras de lo vivo,

hay naufragios y pálidos recuerdos,

hay miedo e imprudencia

y otra vez sombras y frío y piedra.

Olvidar es sólo un artificio del sonido;

tan sólo un perpetuo acabamiento que va

de la carne a la piel y de la piel al hueso.

Así como las palabras primero son de agua

y luego de barro

y después de piedra y de viento.

(De El libro de Lilit. Ed. Renacimiento, 1996)



 

 

 

Hemos comenzado el año con una gran pérdida para el mundo de la posía, la poeta y ensayista Guadalupe Grande ha fallecido este sábado a los 55 años. Era hija de los poetas Francisca Aguirre (1930-2019) y Félix Grande (1937-2014) y nieta del pintor Lorenzo Aguirre.

 

Licenciada en Antropología Social por la Universidad Complutense de Madrid (UCM),  Comenzó a escribir muy pronto Y precisamente en Murcia, junto a sus padres protagonizó el primer recial de poesía. En 1995 ganó el Premio Rafael Alberti con el libro Lilit. También publicó La llave de niebla, 2003 (Calambur Editorial); Mapas de cera, 2006 y Hotel para erizos (2010.

 

Foto del periódico Marca