lunes, 22 de enero de 2024

Justo Jorge Padrón en la Biblioteca Insular, Las Palmas de G Canaria

Justo Jorge Padrón es uno de los nombres más importantes de la poesía española de los últimos sesenta años. Un escritor enamorado del mundo del arte, de los libros y muy especialmente de la poesía con la que ha tenido una relación hermosa.



Nacido en Las Palmas de Gran Canaria ha sido traducido a más de un centenar de libros y traducido a 44 lenguas. Justo simboliza la fuerza de la creación, la búsqueda de la perfección, el conocimiento. Aborda la trayectoria poética y humana y logra que habitemos en el poema, que lo hagamos nuestro y nos encontremos con nosotros mismos como dice Luis García Montero.  Y temblemos de emoción y soñemos, Entonces reflexionas y piensas que ese sentimiento, es tal vez lo que justifica la vida.

La lírica de Justo es de gran belleza de imágenes, ritmo  y musicalidad, deseos de nostalgia infinita, tanto que a veces se deshace en la búsqueda del vacío consumado, en la desolación y la melancolía, en la inexistencia; el único lugar en que coincidiremos para siempre. Aquí el poeta conversa:

Maldije lo divino y su desdén oculto/ Odié su inexistencia y su distancia sorda, / y solo hallé el vacío de las voces inmóviles. Solo muere la mano.    La mano que te escribe,

de Solo muere la mano que te escribe  (1987-1988)

           Tengo numerosos recuerdos personales de las vivencias que tuve la suerte de compartir con el poeta: Encuentros entrañables en Madrid: en nuestra casa de Torrelodones, en la Casa de Canarias, en su piso de la Plaza Castilla, allí, con gran cariño, me enseñó sus libros traducidos a muchos idiomas, los cuantiosos premios y honores. Y, en la sobremesa, nos leyó uno y otro y otro poema y no sé si fue la libertad de sus gestos, la naturalidad y el ímpetu de su voz, pero aún recuerdo y lo recuerdo muy bien, el placer que el poeta sentía en esos momentos. Y para mí fue uno de los mejores que he experimentado al escucharlo recitar. Lo que no alcancé a adivinar es que esos instantes de felicidad se terminarían alguna vez.

Se terminarían los encuentros en casa de amigos comunes, como el catedrático emérito de La Universidad de Las Palmas Dan Munteanu y Eugenia, o en nuestra casa del Zardo, cuando venía con su hija y su mujer Kleo. Una mujer que Jorge Padrón la definió como el sueño de la vida. Esas visitas tan amistosas, fueron hace algún tiempo, pero aun puedo evocar el día en que la pequeña Lara se hizo una foto con Piolín, nuestro canario. Recuerdo como lo cogió y lo acarició con los dedos, mientras el pájaro inclinaba su cabecita entre sus manos. Fue todo un cortejo de ternura.

Y vio al viento y las aves venir saludable, /las frondas se llenaron de temblor transparente, las fuentes redoblaron su turbulento canto. / Por el aire surcó un aroma de tierra, frutos, aguas y flores a su encuentro. / Ha vuelto, voceaba el valle/  

El sueño del regreso a la infancia, de los Círculos del Infierno (1973- 1975)

Lo que no alcancé a adivinar es que el terrorífico Covid se lo iba a llevar en una edad temprana, que se acabarían esas largas, largas horas que él dedicaba a escribir. Tampoco alcancé a adivinar que se acabarían las visitas a la isla, los momentos en que hablábamos delante de un café sobre los últimos libros, los nuevos proyectos o quién ganaría el Nobel ese año o el siguiente, de ese futuro soñado y preparado por él, de lo mucho que le gustaba pasar más tiempo en la isla. Hablábamos del mar que tanto amaba.

Más tarde conocí el mar, / su gran abrazo azul hendiendo mis sentidos, / llenando de presencias palpitantes/ la intrépida niñez.

Retorno, de Mar de la noche.

Es Justo Jorge Padrón uno de los principales iniciadores de la literatura hispanoamericana en los países escandinavos. Le gustaba viajar y no viajaba para sorprenderse sino para “sorprender”. Redactaba artículos, peleaba por el destino del poeta y la poesía. Dio conferencias y lecturas de su obra por universidades, centros culturales, en encuentros multitudinarios, en países de Asía, Europa y América, recitando sus poesía con esa voz suya inigualable. Porque el deseo de eternidad es, tal vez, el deseo más poderoso del hombre, y Justo Jorge Padrón, tenía un deseo urgente de eternidad.

Esos  encuentros fueron casi siempre en la zona de Las Canteras en la cafetería del hotel Faycan, e interesante, en su fachada una placa reza lo siguiente:

En este hotel, el gran poeta de las Islas Canarias. Justo Jorge Padrón, Premio Europa y Premio Canarias de Literatura e Hijo Predilecto de la Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, escribió algunos de sus libros esenciales como Solo muere la mano que te escribe,  Los rostros escuchados, Resplandor del Odio, Oasis de  un cosmos Ascuas del Nadi.  30.05.1997

Hoy he vuelto al hotel, he vuelto a mirar la placa y escuché de nuevo su voz declamando con una sensual carnalidad, El eros de la muerte:

Impaciente deseo tu cuerpo cenagoso, /maduro como el vicio que a sí mismo corrompe, con su olor a azahares ultrajados, /a estrellas que en el vino se disuelven.

Lo escuché recitando los signos inevitables de la vida: El amor, el dolor, los problemas existenciales, la angustia del ser humano, la muerte.

Blog-rosariovalcarcel.blogspot.com

 

lunes, 8 de enero de 2024

AÑO NUEVO ¿MEJOR SIN GRANDES PROYECTOS?

Ida y vuelta 

Luis León Barreto

La comida y las copas con los amigos, los brindis entusiastas, la euforia en la calle, los abrazos nada más terminar de ingerir las doce uvas. Que, por cierto, lo más normal es que alguna se quede sin tomar cuando toca. Casi todos los años los presentadores de las campanadas se equivocan, este año volvió a suceder en la Televisión Canaria con la transmisión desde Santa Úrsula, que si son los cuartos, que si todavía no, y mira que deben tenerlo ensayado.

Nochevieja es la convocatoria de los grupos de jóvenes que entran y salen de una fiesta, y, después de las copas, van en busca de los churros de madrugada. ¿Por qué todas las mujeres han de ir vestidas de negro en Nochevieja, si el negro es tan severo? Misterio. Tal vez les sentaría mejor el rojo o incluso el azul.

En estos días inaugurales todos podemos mirar en nuestro interior y lanzarnos un mensaje de autoayuda. Vamos a hacer las cosas de otra manera, vamos a cambiar. Son los grandes propósitos de la noche, aquello de bajar de peso, aprender inglés, hacer diez mil pasos a buen ritmo, dejar el tabaco, ser expertos en bailar reguetón, encontrar el amor en el programa First Dates, etcétera.

No te rindas, aun estás a tiempo / de alcanzar y comenzar de nuevo, / aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, / liberar el lastre, retomar el vuelo. Estos versos casi siempre atribuidos a Mario Benedetti son un buen prólogo para un año nuevo. Pero según internet, su autor es otro: Guillermo Mayer, que lo escribió en 1993, en la Patagonia argentina. Puede que la confusión, ampliamente divulgada en las redes, provenga del hecho de que Benedetti tiene un poema similar, No te salves.

Mucha gente se fija objetivos para el año nuevo, pero ahora nos dicen algunos psicólogos que lo mejor es no establecer ningún propósito, para así evitar la sensación de frustración si no cumplimos lo establecido. Debe ser que lo importante de la vida es seguir con vida, pues como siempre vendrán días malos y días buenos. Con el nuevo año si tenemos suerte cumpliremos otro aniversario, nos haremos un poquitín más viejos. Y el cordón de la vida es tan frágil que en cualquier momento puede venirte un volcán, una epidemia, un incendio del alma. La vida no es tuya y fácilmente puedes perderla, nada es eterno. Un accidente, un ictus, un infarto, un padecimiento repentino puede frenar tantísimas cosas que sería mejor vivir el día a día, solo eso.


En lugar de agobiarnos por tener que ponernos a establecer grandes metas, ser el mejor escritor de mi calle, soñar con viejos amores, ganar el premio Nobel, etcétera, deberíamos visualizar nuestra vida de una forma completamente distinta, quizás es más útil comenzar 2024 estando presentes en el ahora y mirarlo desde un punto de vista positiva. Haciendo esto, en vez de obsesionarnos con los próximos doce meses, estaremos haciendo las cosas bien.

 Nos ponemos unas metas, no las cumplimos y nos las volvemos a marcar para el año siguiente. Pero, ¿qué nos dice que los siguientes meses serán distintos y que cambiaremos nuestra forma de vivir? Por eso, tal vez sea mejor dejar que el año entre sin ningún tipo de presión sobre el futuro, simplemente estando abiertos a nuevos estilos de vida, a tratar de cometer menos errores. Que sin duda los vamos a cometer, porque los humanos somos así: aunque según los textos sagrados somos un reflejo de Dios, lo cierto es que básicamente somos imperfectos.

No te rindas que la vida es eso, / continuar el viaje, / perseguir tus sueños, / destrabar el tiempo, / correr los escombros y destapar el cielo.

Escribir estos versos fue un acto de profunda genialidad, bien sean de Benedetti o bien sean de Mayer. A veces los escritores aciertan de una manera tremendamente efectiva, porque la poesía también es un mandato de los dioses. 

miércoles, 3 de enero de 2024

El regalo de los Reyes Magos (Cuento)

                            

 

 ¡María, voy a fabricar un tren! –le gritó a su mujer.

      Viejo loco, no tenemos ningún niño. ¿A quién le va a servir?

      A veces, los ojos de mi padre eran exageradamente saltones y le daban un aspecto fantástico como el de los peces que flotaban en la superficie de las aguas. No le contestó a mi madre, aunque estaba dotado de innegables condiciones de orador y de ese don de persuasión que posee quien cree ciegamente en una idea, ahora su idea era hacer un tren para su hijo.

       En la oscuridad sus palabras generaban eco, buscaba la complicidad de la noche para hacerme su confidencia.  ¡Cómo disfrutaba con los secretos! Con temor de ser escuchado me cogió una mano, se arrodilló a mi lado y dijo bajito.

        -He traído una máquina, vagones, raíles y una gran base de madera. ¡Vamos a fabricar un tren!

        Preludiando un feliz acontecimiento que ni él mismo llegaba a comprender, me habló de las hembras de los peces que habitaban en el mar y al llegar los meses cálidos ponen centenares de huevos para –unos días más tarde sus crías vibrar en las aguas. Aquella noche mi padre se encontraba lleno de gracia.

     Adoraba a sus hijas, eran dos niñas seguiditas pero la idea de tener un varón le fascinaba. Sin un varón su obra en esta vida estaría sin terminar.

…La vida algunas veces nos concede regalos, sobre todo cuando no estás atento, cuando te despistas. Por aquellos días le hicieron dos regalos a mi madre, o quizás tres. Uno era un mueble nuevo para su habitación, un gran cajón de fina madera que iba bien con el mobiliario antiguo de su dormitorio. Siempre estaba cerrado y mi madre me había advertido que no debía tocarlo. El olor es lo que más recuerdo a través de sus paredes. Sus sombras olían a medicinas, a primeros auxilios para un posible parto en casa. Me daba miedo. El otro era un libro de fotografías luminosas donde se podía contemplar niños como querubines a punto de nacer. Lo cerré rápidamente y guardé el secreto. Aquella visión podía ser un pecado, pero no un pecado cualquiera sino uno mortal.

      A partir de aquel día escogía los momentos de descanso de mi madre para observarla. La notaba diferente, risueña, más gorda. Con un cierto desasosiego feliz, un día le pregunté:

 -Que nos van a traer este año los Reyes Magos?

      -¿A estas alturas? - Igual te llevas una sorpresa.

      Así me contestó mi madre. Pero no se lo digas a nadie, añadió. Me quedé preocupada porque yo les había pedido unos patines y una muñeca con un sombrero. Ah, y unos calderos.

Aquella víspera de Reyes los sonidos y los olores de mi casa fueron diferentes, y no me dormí. El perfume de aquel cuarto me recordaba a los hospitales. Escuchaba, con un ojo abierto y con el otro cerrado, intentaba descifrar las entradas y las salidas de la habitación de al lado. No oía nada. De repente, el silencio lo rompió el llanto de un bebé.

        Mi padre me llamó alborozado. Sus ojos estaban húmedos, parecía que quería llorar. Mi madre estaba tendida en su cama, a su lado había un bebé que movía su boca y sus ojos torpemente. Muy morenito, con mucho pelo de color negro. Cuarenta ojos lo miraban entre un gran revuelo de vecinas; yo estaba soñolienta y orinada. Una de las hijas de mi vecina que había compartido mi cama me había mojado. Entonces el contenido llanto de mi padre se me contagió y rompí a llorar.

      -Bueno ¿Qué me dices? ¡Un hermanito! –dijo mi madre, emocionada.

      -¿Es nuestro? ¿No me están engañando?

      -No, lo han traído los Reyes Magos.

      -No es feo ¿verdad? ¿A quién se parece?

      -No se parece al Niño Jesús, le contesté. Le di un beso en una manita después de que mi madre me lo autorizase con la mirada y me fui a acostar.

      …Lo que había pasado aquel día no resultaba normal. Era el día de Reyes y nos habían traído a todos un  niño. Y no es que yo fuera desagradecida, pero ¿a dónde habrían ido a parar mis patines y mi muñeca con un sombrero? Ah ¿Y mis calderos? Me puse de malhumor y estaba a punto de llorar de nuevo cuando mi padre se me acercó haciendo un corro con todas mis amigas y mi hermana. En fila india nos llevó al comedor, y por la galería observé el pienso que les habíamos dejado a los camellos.

         Al llegar al salón, mi padre entró el primero, los demás nos quedamos retraídos pero nos fuimos acercando poquito a poco. La sonrisa se asomó curiosa a mis ojos:

         -A ver, a ver, dije, nerviosa.

         Ahora sí que me sentía feliz, al fin eché una ojeada a todos los juguetes. Y allí estaban mis patines, la muñeca con el sombrero y los calderos. Todavía recuerdo los ojos de mi padre sin pestañear. Sofocado, con aquella mirada suya de complicidad, sosteniendo sobre un hombro un gran paquete bien envuelto, dijo:

         -Escucha, Escucha.

          El pitido de un tren silbaba en mis oídos. Lo desenvolvió y lo dejó en el suelo. El trenecito rugía, envuelto en los aplausos de todos los niños que estábamos allí y se deslizaba automáticamente por aquellas vías que mi padre y yo habíamos construido. 

                      Fragmento de mi libro “La Peña de la Vieja y otros relatos”, Anroart, 2006, 2014