martes, 20 de julio de 2021

La esencia de la poesía en André Cruchaga

 

 


Un camino define al poeta salvadoreño, André Cruchaga: la esencia de la poesía, el valor del arte, la creatividad y la vida.

Los destinos del hombre pertenecen más a los territorios del misterio que a los de la razón y quizás por ello, Cruchaga no quiere escapar de su hado y se jubila de la docencia después de compartir con sus alumnos muchos de sus secretos de poeta. Se dedica a explorar los gozosos infiernos del despojamiento y a disfrutar a tiempo completo del universo lírico. Y trabaja y trabaja cada palabra como si la suerte del mundo estuviera en juego, lo cual es, probable­mente, la única manera sensata de hacerlo.

André Cruchaga Nace en 1957 en El Salvador. Docente, gestor educativo y, sobre todo humanista, inicia su carrera literaria por allá por la década de los setenta y comienza a publicar en los ochenta. A partir de ese momento, con una energía en continua evolución y belleza, mantiene una incesante actividad creativa, busca musas y savias, se impone un método y, sin descanso avanza de una forma torrencial y desbordante con el implacable impulso de un sueño.

Y a pesar de que la humanidad atraviesa una pandemia global, que vivimos un momento convulso, que el hombre actual oscila entre el sufrimiento y el aburrimiento, entre el dolor y el miedo. A pesar de que todo atenta contra la armonía necesaria, Cruchaga nos da la oportunidad del hechizo de la poesía, nos expresa con intensidad nuestra época, el enorme vacío que vivimos. Y da fe de ese sujeto que somos y con cuya presencia formamos parte de la Naturaleza:

…Si alguna vez vuelvo a agonizar que no sea entre espinas / Sino en una nube profunda de semillas. / O sobre el verde de tu carne/ De relámpagos. En el confín sería la misma sed. / Hube de existir en la dura luz del escarmiento. / Para entender el misterio de la vida, hube de masticar el luto…

Muchos de sus versos arrancan de la vida misma, de la experiencia y la memoria, la confesión. Otros emanan de la melancolía, en la certeza de la pérdida y la fugacidad del tiempo.

 

Se detiene en las aguas del recuerdo como en el poema Con el paso de los años:

Uno siempre sueña con ciertas lejanías: /El otoño cayendo en Central Park, / O las velas de intrépidos navegantes/ en el Columbia River de Portland, / o los brazos del viento para sentir un cuerpo / detrás de una mirada de ausencias. / Uno a menudo sufre cuando el atardecer / se acerca y recuerda los sueños de ayer. / Uno se da cuenta que ya no se es de aquí ni de allá; / hay una ola de orgasmos cuesta abajo, / lenta, lenta y absorta como las gaviotas. / Hay un rebaño lánguido de luces / cuando el invierno hiere las pupilas, / cuando uno piensa en esa chimenea herrumbrosa / de los sueños imposibles. 

También reflexiona sobre la soledad que nos acompaña, y nos recuerda uno de los sentidos de la poesía: el silencio, ese silencio que algunas veces representa una defensa frente a la agresividad exterior y hacia el olvido del hombre que vivió miles de años pegado a una existencia natural que desgraciadamente se ha perdido:

 

Igual al rumor dejado por los difuntos. / El silencio desgarra la totalidad del cuerpo: / Es un secreto mortal parecido al de los amantes / Cuando beben fuertemente las palpitaciones del aliento, / Hasta caer al fondo del último abismo.

 

 

Como ser humano, André Cruchaga entra en los valores de la vida: el amor, la vida y la muerte, los sueños y el recuerdo, las visiones. Se compromete con lo cotidiano y da testimonio de la época en que vive. Crea el poema con una sola idea y una lógica estructural ordenada y un lenguaje condensado repleto de luz, símbolos y metáforas, de matices oníricos e impresionismo poético que el poeta con un esfuerzo intelectual reduce a la mínima expresión:

 

Entre el aire que descalza / A los pájaros / La vida y la muerte/ cosas de fondo / El fondo de Dios que adivina. / El tapiz de los abismos / Sin pensarlo / Hombre a ciegas/ Ave migratoria haciendo toboganes / Hacia abajo / Hacia arriba / Lo mismo que el horizonte/ Sin nadie en las huellas/ De sus manos/ Claridad en el centro de dos ausencias / Espacios espectrales que no ve el ojo / La vida en su funda / La noche en su mortaja…

 

Reflexiona también en torno al amor que consumen tiernamente dos cuerpos en esa especie de química, en ese juego de atracción. Y crea el poema con voz propia, con la experiencia y el bagaje de su madurez y el trabajo de experimentación que domina su obra:

 

…Atraviesas mi orgullo flameando tan cercana / que me emociono como si yo fuera algo tuyo, / pulsera de tu mano, collar de tu garganta, / y lloro contemplando tus pestañas de humo.

 

André Cruchaga es un escritor comprometido con la vida y con la escritura, un poeta que se centra sobre todo en el proceso creador de la palabra, porque él, al igual que Juan Ramón Jiménez, se aproxima a lo absoluto. Ningún otro quehacer puede distraerle de su obsesiva creación. Tal vez, porque sabe que la poesía le permite crear una nueva comprensión del mundo y de los seres humanos.

Aquí golpeo y golpeo con mis puños la asfixia / Que me ahoga con su tizne la mirada / Aquí custodio pequeñas cosas en ruinas / La habitación donde la carne se volvía ciega / La celda del alma magulla / El rostro pleno con una humedad de cántaros / El sueño aún vivo aunque mi mundo se acabe / La llave del paraje donde los ojos guardaban el viento / El tiempo que me muerde con sus ojos desatinados / La porcelana de la emoción lloviendo en la sangre

 

Ha sido traducido a una decena de idiomas y ha obtenido una gran repercusión internacional. Sus poemas cruzan fronteras geográficas, lingüísticas y culturales. Ha escrito una treintena de libros entre poemarios, antologías, libros homenajes y trabajos sobre su obra que han aparecido y siguen apareciendo en el mercado, lo que viene a demostrar el innegable interés que la obra de André Cruchaga tiene para lectores, estudiosos y críticos. En su paraíso poético aletean las voces de surrealistas franceses, de Vicente de Huidrobo, Roque Dalton, Manuel Altolaguirre, Luis Cardoza y Aragón, Jorge Luis Borges, Gabriela Mistral, Juan Antonio Massone, Luis de Góngora, entre otros.

He dedicado unos meses a leer la poesía de André Cruchaga, y en esa travesía me ha conmovido, fascinado e incluso me he interrogado sobre el sentido de la existencia, porque como sucede con la auténtica literatura la vida se vuelve más rica y estimulante; y la vida del lector también.

 

Ensayo publicado en el libro Morituri Te salutant, homenaje a Cruchaga(junio,2021) Libro presentado recientemente en Las Palmas de Gran Canaria por Juan Calero, Héctor José Rodríguez Riverol y Rosario Valcárcel

 


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lunes, 12 de julio de 2021

Poema de Eduardo Sanguinetti para su amigo Facundo Cabral

 

Se cumplen diez años del asesinato de mi amigo y camarada Facundo Cabral, con quien tuve

 el placer de compartir momentos en diálogos casuales e interlineados; en los más diversos

 auditorios de universidades, centros de estudios y culturales, del mundo. Siempre a favor de la

 paz, la armonía, el humor y el disfrute de saberse parte de esta tierra violentamente afectiva.       

Él trató de construir su redención y en esa tarea le fue la vida.

Él era una criatura sobre un balancín a punto de desmoronarse.
Sentía que sin cesar rehacía su equilibrio: todo ello a la mayor velocidad.

Él trató de construir su redención y en esa tarea le fue la vida.
Él era la nueva visión y la antigua derrota.
Él no propuso nada, él nos invitó a contar la historia.

Él trató de construir su redención y en esa tarea le fue la vida.
Él derrumbó las últimas fronteras que lo separaban del mundo de sus ficciones.
Hoy cruza de Solum a Buenos Aires, de Soluterionte a Penny Lane, en las espaldas del sol.

Él es uno más, en su personaje de mil aristas,
y su personaje es su definitiva realidad.
Él es un visitante, él no se escapará por la memoria…

Facundo, te asesinaron bestias fluyentes y otra vez la palabra muerte,
sin necesidad de dibujarla en una hora, de un día repugnante,
de un mes cualquiera, lluvia y viento. Y, además, como ya fue escrito,
lloverá siempre, siempre.

(*) Filósofo y poeta

 Foto Eduardo Sanguinetti con Facundo Cabral en el café "La Biela" en junio de 2011  

lunes, 28 de junio de 2021

Un cuento de Ray Bradbury. Dragón.

 La noche soplaba en el escaso pasto del páramo. No había ningún otro movimiento. Desde hacía años, en el casco del cielo, inmenso y tenebroso, no volaba ningún pájaro. Tiempo atrás, se habían desmoronado algunos pedruscos convirtiéndose en polvo. Ahora, sólo la noche temblaba en el alma de los dos hombres, encorvados en el desierto, junto a la hoguera solitaria; la oscuridad les latía calladamente en las venas, les golpeaba silenciosamente en las muñecas y en las sienes.

Las luces del fuego subían y bajaban por los rostros despavoridos y se volcaban en los ojos como jirones anaranjados. Cada uno de los hombres espiaba la respiración débil y fría y los parpadeos de lagarto del otro. Al fin, uno de ellos atizó el fuego con la espada.

-¡No, idiota, nos delatarás!

-¡Qué importa! -dijo el otro hombre-. El dragón puede olernos a kilómetros de distancia. Dios, hace frío. Quisiera estar en el castillo.

-Es la muerte, no el sueño, lo que buscamos…

-¿Por qué? ¿Por qué? ¡El dragón nunca entra en el pueblo!

-¡Cállate, tonto! Devora a los hombres que viajan solos desde nuestro pueblo al pueblo vecino.

-¡Que se los devore y que nos deje llegar a casa!

-¡Espera, escucha!

Los dos hombres se quedaron quietos.

Aguardaron largo tiempo, pero sólo sintieron el temblor nervioso de la piel de los caballos, como tamboriles de terciopelo negro que repicaban en las argollas de plata de los estribos, suavemente, suavemente.

-Ah… -el segundo hombre suspiró-. Qué tierra de pesadillas. Todo sucede aquí. Alguien apaga el Sol; es de noche. Y entonces, yentonces, ¡oh, Dios, escucha! Dicen que este dragón tiene ojos de fuego y un aliento de gas blanquecino; se le ve arder a través de los páramos oscuros. Corre echando rayos y azufre, quemando el pasto. Las ovejas aterradas, enloquecen y mueren. Las mujeres dan a luz criaturas monstruosas. La furia del dragón es tan inmensa que los muros de las torres se conmueven y vuelven al polvo. Las víctimas, a la salida del Sol, aparecen dispersas aquí y allá, sobre los cerros. ¿Cuántos caballeros, pregunto yo, habrán perseguido a este monstruo y habrán fracasado, como fracasaremos también nosotros?

-¡Suficiente, te digo!

-¡Más que suficiente! Aquí, en esta desolación, ni siquiera sé en qué año estamos.

-Novecientos años después de Navidad.

-No, no -murmuró el segundo hombre con los ojos cerrados-. En este páramo no hay Tiempo, hay sólo Eternidad. Pienso a veces que si volviéramos atrás, el pueblo habría desaparecido, la gente no habría nacido todavía, las cosas estarían cambiadas, los castillos no tallados aún en las rocas, los maderos no cortados aún en los bosques; no preguntes cómo sé; el páramo sabe y me lo dice. Y aquí estamos los dos, solos, en la comarca del dragón de fuego. ¡Que Dios nos ampare!

-¡Si tienes miedo, ponte tu armadura!

-¿Para qué? El dragón sale de la nada; no sabemos dónde vive. Se desvanece en la niebla; quién sabe a dónde va. Ay, vistamos nuestra armadura, moriremos ataviados.

Enfundado a medias en el corselete de plata, el segundo hombre se detuvo y volvió la cabeza.

En el extremo de la oscura campiña, henchido de noche y de nada, en el corazón mismo del páramo, sopló una ráfaga arrastrando ese polvo de los relojes que usaban polvo para contar el tiempo. En el corazón del viento nuevo había soles negros y un millón de hojas carbonizadas, caídas de un árbol otoñal, más allá del horizonte. Era un viento que fundía paisajes, modelaba los huesos como cera blanda, enturbiaba y espesaba la sangre, depositándola como barro en el cerebro. El viento era mil almas moribundas, siempre confusas y en tránsito, una bruma en una niebla de la oscuridad; y el sitio no era sitio para el hombre y no había año ni hora, sino sólo dos hombres en un vacío sin rostro de heladas súbitas, tempestades y truenos blancos que se movían por detrás de un cristal verde; el inmenso ventanal descendente, el relámpago. Una ráfaga de lluvia anegó la hierba; todo se desvaneció y no hubo más que un susurro sin aliento y los dos hombres que aguardaban a solas con su propio ardor, en un tiempo frío.

-Mira… -murmuró el primer hombre-. Oh, mira, allá.

A kilómetros de distancia, precipitándose, un cántico y un rugido: el dragón.

Los hombres vistieron las armaduras y montaron los caballos en silencio. Un monstruoso ronquido quebró la medianoche desierta y el dragón, rugiendo, se acercó y se acercó todavía más. La deslumbrante mirilla amarilla apareció de pronto en lo alto de un cerro y, en seguida, desplegando un cuerpo oscuro, lejano, impreciso, pasó por encima del cerro y se hundió en un valle.

-¡Pronto!

Espolearon las cabalgaduras hasta un claro.

-¡Pasará por aquí!

Los guanteletes empuñaron las lanzas y las viseras cayeron sobre los ojos de los caballos.

-¡Señor!

-Sí; invoquemos su nombre.

En ese instante, el dragón rodeó un cerro. El monstruoso ojo ambarino se clavó en los hombres, iluminando las armaduras con destellos y resplandores bermejos. Hubo un terrible alarido quejumbroso y, con ímpetu demoledor, la bestia prosiguió su carrera.

-¡Dios misericordioso!

La lanza golpeó bajo el ojo amarillo sin párpado y el hombre voló por el aire. El dragón se le abalanzó, lo derribó, lo aplastó y el monstruo negro lanzó al otro jinete a unos treinta metros de distancia, contra la pared de una roca. Gimiendo, gimiendo siempre, el dragón pasó, vociferando, todo fuego alrededor y debajo: un sol rosado, amarillo, naranja, con plumones suaves de humo enceguecedor.

-¿Viste? -gritó una voz-. ¿No te lo había dicho?

-¡Sí! ¡Sí! ¡Un caballero con armadura! ¡Lo atropellamos!

-¿Vas a detenerte?

-Me detuve una vez; no encontré nada. No me gusta detenerme en este páramo. Me pone la carne de gallina. No sé que siento.

-Pero atropellamos algo.

El tren silbó un buen rato; el hombre no se movió.

Una ráfaga de humo dividió la niebla.

-Llegaremos a Stokel a horario. Más carbón, ¿eh, Fred?

Un nuevo silbido, que desprendió el rocío del cielo desierto. El tren nocturno, de fuego y furia, entró en un barranco, trepó por una ladera y se perdió a lo lejos sobre la tierra helada, hacia el norte, desapareciendo para siempre y dejando un humo negro y un vapor que pocos minutos después se disolvieron en el aire

Relato Ciudad Seva, Luis López Nieves.

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viernes, 18 de junio de 2021

Entre horas y Zapping de sueños y realidades, un libro doble de Dunia Sánchez Padrón y María José Godoy Bellas

En las últimas décadas estamos viviendo una especie de tsunami en la escritura literaria. Una escritura que ha optado por un lenguaje expresivo de mujeres como son las poetas Dunia Sánchez Padrón y María José Godoy, preparadas, inteligentes y comprometidas, en las que el Zapping ha sido la musa, el aliado y la palabra, la herramienta para crear un nuevo libro.

Dos escritoras que hoy nos presentan un libro en común titulado Entre horas y Zapping de sueños y realidades. Dos poetas que analizan las transacciones afectivas en los tiempos actuales, sus recorridos interiores a través de la existencia. Nos presentan a través de sus mundos creativos, poemas y relatos donde la verdad sin aditivos y el eco de noticias surgen con un gran protagonismo.

Denuncia María José en Zapping de sueños, las nuevas formas de acercamiento ante el diluvio informativo y el transitar por los medios digitales y ahonda en principios generales con versos en los que pensamiento y poesía dialogan en un discurso narrativo:

 

Y el tiempo de soñar se termina

frente a la realidad que estoy

viviendo sin que le importe a nadie.

Hoy vacío mi alma para gritar al viento

mi dolor, mi angustia, mi desespero.

vivo rodeada de gente que busca poder.

Vivo rodeada de ineptos que calientan sillas.

Vivo con sonrisas falsas, mañaneras, y miradas

de envidia por no sé qué razón.

Vivo tirando de brazos para poder salvar

a una infancia quizás, sin futuro.

Vivo con pulpos que se agarran a los cargos

para usar su poder y salir temprano.

Vivo en una SUCIEDAD llena de hipócritas,

pero vivo…

 

Algunas veces los poemas de María José parten de la vida cotidiana pero su voz se eleva y vuela libre y plasma numerosas realidades de una forma escueta como lo hacen los maestros japoneses.

Los niños no repiten curso,

todos son inteligentes

para los políticos.

Pero el tema central de su obra es la sensualidad, la narración del gozo y el amor. Reflexiona y desea contar las experiencias en torno al placer como refugio y para ello emplea el recurso de la palabra de una forma coloquial y cercana.

 

Mis piernas bailan en la carretera

de los arrepentimientos como

una película de amor a lo Humphrey Bogart.

Vestida de azul y con sombrero

mis pies danzan por las colinas

de la pasión ahuyentando los reproches

de los deseos conquistados por tus palabras.

Quiero amanecer en tu cama, acariciándote,

descubriendo tu cuerpo con mis manos,

escuchando los suspiros de tu corazón.

Quiero galopar en un desierto de sensaciones

cálidas salpicadas por el sudor de las montañas

que acaricias intentando moldearlas con las prisas

de un joven que quiere comerse el mundo.

Vaivén de madrugadas que guardo

                                                     [ hoy en mi memoria.

 


  Entre horas de Dunia Sánchez Padrón

Desde sus comienzos, Dunia Sánchez ha sido fiel a una prosa alimentada en la sencillez y el  misterio, a una sencillez que se desliza por las grietas de los sueños y se abriga de fantasías y candidez. De una candidez que cada día gana intensidad.

Siempre he dicho que nuestra escritora elabora una prosa poética misteriosa, de realidades y ensueños, porque a ella le gusta interpretar la realidad desde la irracionalidad, rozando lo misterioso y lo mágico. Lo onírico. Porque ella, igual que en su pintura, dibujos, óleos y acuarelas basados también en el surrealismo, se ocupa de la existencia humana.

Y en este nuevo libro, Dunia recrea en veinte relatos, cosas cotidianas del día a día, de cómo ve pasar la vida, la belleza y las miserias. Así, de esta forma la poeta se convierte en un derviche que gira y gira alrededor de un monólogo que nos sobresalta, como en este fragmento titulado Sentada: 

Estaba sentada…porque ella estaba sentada. Sin darse cuenta miraba dos realidades, dos océanos paralelos, dos transeúnte iguales, su mesa donde se tomaría el café también era doble. Espero varios minutos, varios tiempos enfocados a esas dos realidades iguales y distintas a la vez. En una se le antojaba  darse un baño en el inmenso mar que estaba poseído por las malas mareas, en otra solo mirarlo como se estrangulaban las olas en su impacto contra las rocas. Y estando sentada pensó que mejor sería hacer las dos cosas, darse un baño mientras veía estrangular las olas. Y lo hizo, se sintió aliviada, mientras se sumergía en esas aguas que la llevaban mar adentro en sus profundidades veía el estrangulamiento de las rocas en su impacto contra las rocas. Una energía fuerte se apoderó de ella y comprendió…porque era comprender que la había visitado la muerte. Una muerte

Dunia nos vuelve a confirmar su lirismo en su narrativa que recrea con un estilo propio, con una mirada comprometida con el lenguaje, con una mirada de encuentros y despedidas. Con la vida, con la naturaleza, con el amor y la muerte. 

Entre horas y Zapping de sueños y realidades es un libro con una bonita portada, editado por Ediciones Aguere y Ediciones Idea. Un libro doble al que le deseo larga vida. Un libro que yo definiría de búsquedas y de encuentros. Un libro que recomiendo para tenerlo cerca y, de tanto en tanto disfrutarlo.

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Fotografías cedidas por María José Godoy B.

 

miércoles, 9 de junio de 2021

Pantagruel neoliberal

Por Eduardo Sanguinetti, (*) especial para NOVA

Aquello de lo que hablan los narcisos digitales, es dominio inexplorado, no vive, computan y existen sin embargo como hipócritas, heridos de frente, en el malentendido fatal y finalmente letal de la naturaleza, domesticada por la ciencia, los fenómenos les resultan mortales y las palabras que intentan esbozar, que no expresan el sentido que desean darles, a veces todo lo contrario, los dejan fuera de su propio carcasa, porque están abandonados a la suerte que les deparan los poderes siniestros del poder oculto, que existe y es, no tengan dudas.



Visualizar cual pasajero de este tiempo de simuladores seriales, mentirosos y oportunistas, criminales y mafiosos, inoculando odio, cual vacuna contra la unidad y concordia de comunidades, en estado de precariedad e indigencia, me causa un malestar existencial difícil de disimular. Del fondo del odio de huestes lideradas por esa réplica del fascismo modelo siglo XX, maquillado por el neoliberalismo voraz y sus socios ocultos, muy lejos de extinguirse, toman diversos perfiles, que lo apreciamos en trama globalizada de "bestias" antropófagas, que bajo el lema “No al comunismo” penetran en mentes de millones de seres, asimilados a sus espacios de confort, bajo su cielo blanqueado a mano, parásitos de tendencias insustanciales, potentes a la hora de operar contra la libertad en todas sus vertientes, con ayuda inestimable de la corporación mediática, asesina de la verdad.

En el presente se ha instalado cada vez más radicalmente, de la mano de políticos, empresarios y sindicalistas, una apelación constante al riesgo, la individualización, el cálculo personal, la naturalización de la inseguridad y el darwinismo social disimulado bajo todos los lenguajes tecnológicos, políticos y psicológicos, por obra y gracia del mercado, el trabajador está desintegrado, lo colectivo no existe: sálvese quien pueda, es la premisa que se promociona a viva voz.

La apelación a la psicología de la creatividad, a los valores de la emocionalidad y al coaching (tendencia de hacernos creer lo que nos quieren hacer creer) va en aumento, al tiempo que se desinstitucionalizan las relaciones laborales y se insta a las personas a convertirse en líderes, corriendo a la felicidad dibujada, a toda costa y costo, quedan al margen, excluidos quienes pretenden hacer de este mundo algo digno de habitar.

Si arte-naturaleza-vida eran una zona inhabitada por el sistema de sujetos-objetos de mercadeo, uno de los elementos de los movimientos antagonistas de la lógica del capital, en los años sesenta, hoy, vacíos de contenido y de militantes, se utilizan para apuntalar la escoria del sistema, integrado por oficialismo y oposiciones diversas, de manera especulativa y torpe.

La cultura invadida y eliminada en su destino de crear valores y placer legítimo, por el neoliberalismo siempre en antípodas a la educación y el estado público, cultura sponsoreada por multinacionales asimiladas al mercado de desvalores, tan ajenas a la construcción de la obra de arte en todas sus expresiones, se funda en la posibilidad de construir relatos despolitizados que sean útiles, para un cambio político y cultural de mayor y peligrosa envergadura, la destrucción de toda posibilidad de resistencia y disentimiento al poder del Pantagruel Neoliberal.

La cultura, cual fuente de conocimiento y saber, era el espacio que más le ha costado invadir al neoliberalismo, pero en fin, lo ha conseguido, sin dejar de hacer mención al apoyo incondicional de los artistas de la “nada”, con trayectorias inexistentes, instalados para darle forma a esta “performance de la caída”, utilizando a pseudo investigadores de la obra de creadores inexistentes, que puedan dar marco al réquiem de la cultura. No olvidar a traidores ya gerontes, que han abierto sus nalgas para ser penetrados por la peste neoliberal, recibiendo su tajada, con sonrisa abierta y contagiosa para los militantes de la farsa.

Lo he anunciado en mi obra escrita y performativa en los 80: obra admirada por muchos, envidiada y plagiada por otros, que no ignoraban que el final de un ciclo se acercaba, pero sin cojones para dar la batalla cultural que se imponía.

Y no debo dejar de hacer mención al nuevo visitante de la cultura neoliberal, el turismo degradante y de cómo la gentrificación y la recualificación urbanística están formando parte del engranaje del nuevo desarrollo urbano de este sistema devastador, que viene afectando a barrios humildes, ubicados en la centralidad de las ciudades o en sus proximidades.

La recurrencia de proyectos urbanos híbridos, en sociedad con empresas inmobiliarias especulativas, destinados a actividades comerciales, recreativas, turísticas y también residenciales para familias de nuevo cuño, de alto poder adquisitivo, adquirido en negocios non sanctos, terminan desplazando a los pobladores originales, muchas veces residentes de antaño, como la remodelación de centros históricos, devenidos en los tan publicitados “polos” gastronómicos, homogéneos en su diseño globalizado. Lo apreciamos en San Telmo (Buenos Aires) y otros centros históricos de Latinoamérica devastada, por la peste neoliberal y sus tendencias necróticas.

Las naciones del planeta cerraron sus fronteras a la “miseria del mundo”, pero no dejan de fugarse “Pepines” a paraísos fiscales, los negociados narco y de trata de trogloditas modelo 4X4, los siempre presentes jugadores de fútbol, empresariuchos testaferrarios, sindicalistas abogando por el capital, escorts super star regalando toda su carne al mejor postor.

¿No pensaron en decretar la muerte del dinero? Pero ante la indiferencia del “homo primate”, sigan la fiesta de la estafa y el fraude bajo la molienda infame del verbo sin predicado, del genocidio que se está llevando a cabo a plena luz del día, que filmará Netflix, como proyección de las miserias de este tiempo, con audiencia de millones de espectadores, alegres de ver coronada su miserabilidad en la pantalla.

Y el coronavirus cual pandemonium de la humanidad toda, nos lleva a interrogarnos: ¿No ha llegado el tiempo de reflexionar sin parámetros ortodoxos acerca del porvenir que nos aguarda? ¿Y por qué voy a creer que algo va a cambiar? Nada cambiará, excepto yo… excepto tú.

(*) Filósofo y poeta

 

 

lunes, 31 de mayo de 2021

Corazón de Aridane, Felipe Lorenzo (1906-1978)

 En el corazón del Valle, y a los pies del Bejenado, ofrécese a la vista Los Llanos de Aridane, que forma y conforma la imagen de un abanico abierto, cuyo vértice, en místico reposo parece tomado por la mano de Dios. Dijérase que esta ciudad es aquella de los ensueños de un mundo enajenado que vive eternamente soñando. Ella muestra un perfil de serena tranquilidad franciscana. Empero, conviene adentrarse en su interior para saber de su vida, de su ritmo, de su ambición y de su espíritu.

Vayamos por esta calle asfaltada, limpia, decorada de lado a lado con árboles en simetría. Veamos casas almidonadas, con celosías en las ventanas, de donde se atiende el trajín de la calle sin que se advierta del exterior. Hagamos un recorrido por las demás calles regulares y paralelas a la primera, así como por las que taladran a esta, y palparemos un aire de pulcritud que ya quisieran para algunas ciudades que se precian de singulares en este aspecto. Reparemos en esta fuente, situada en el pulmón de la ciudad, antesala de la calle del cementerio, que hace de fontana día y noche y evocaremos los versos del poeta:

 

-Anda caminante, ven, –ven y aprende de esta fuente, - que en silencio eternamente - a todo el pueblo hace bien

 

Contemplemos esta plaza, con sus laureles centenarios, sus baldosas relucientes, sus bancos de hierro, donde todos los años, ininterrumpidamente, se celebra la fiesta de arte de más renombre del archipiélago.

 

Veamos, más allá, la Casa Consistorial, de estilo canario, en un armonioso conjunto de líneas. Y aquí, en el otro lado, la Iglesia, donde se venera la Virgen de los Remedios, Patrona del Valle.

 

Son todas estas cosas, en su conjunto armónico, las que cautivan e invaden nuestro espíritu, dejándolo anonadado, embriagado en el éxtasis de una contemplación; y muy particularmente en esa hora tibia de la tarde, en que el sol se va hundiendo, en la lejanía crepuscular de una visión pensativa y grave

                                                                                                                                                                                                                     Felipe Lorenzo.


 


El poeta y cronista Felipe Lorenzo nació en Tazacorte (La Palma). Vivió en México. Fija su residencia en Santa Cruz de Tenerife. Comienza a publicar en revistas literarias y suplementos culturales. Colabora con la prensa insular. Y publica Lampos e isla novia (1953); Brumas y Lampos (1958) reúne una selección de su obra. Este último volumen se reedita en el año 2.000. También publicó otras obras en prosa como Aspectos (1971) y Aspectos II (1974.

Su poesía, igual que los de su generación, se nutre de la tierra y el cielo, de los motivos clásicos sobre el mundo y la naturaleza humana. Recurre con frecuencia a motivos relacionados con la tradición literaria y simbólica de la isla de La Palma.

 

Información, Programa Fiesta de La Patrona, Los Llanos de Aridane,1964, y revista literaria bienmesabe.org

 

Rosario Valcárcel, poeta y narradora
Blog-rosariovalcarcel.blogspot.com

sábado, 22 de mayo de 2021

Exposición pictórica, Gloria Esther Rodríguez Rodríguez

 


NATURALEZAS SILENCIOSAS

En Naturalezas silenciosas, Gloria Esther Rodríguez Rodríguez, nos remite a la historia del Hábitat pictórico, a esa naturaleza que igual que el arte se ha integrado en la vida. Nos descubre su propio paraíso.

Y aunque ella trabaja otros registros, a la artista le gusta deambular, imaginar, recorrer los misterios de su origen en Punta Gorda, en el Fayal, en esas zonas rurales que se han convertido para ella en la protagonista principal de su creación.

Y en esa búsqueda de la identidad canaria nos ofrece la visión realista de caseríos, bodegones, flores. El paisaje entrañable de la isla de La Palma. La atmósfera y la poética de los elementos naturales. Los recuerdos y las vivencias, la memoria de los caseríos humildes. Bellas composiciones repleto de ternura, sencillez y desolación en las que reconocemos los escenarios paisajísticos de la isla bonita.


Nos conduce a pequeños pajeros, aferrados a la vida que se conservan en la cumbre de una montaña o en barrancos envueltos en el silencio y rodeados de follajes, de sombras que se mecen en el aire. En un aire que se respiró en otro tiempo. Y al fondo las montañas bajas del horizonte.

En la historia del arte, las flores ha sido uno de los temas preferidos de los pintores. Y Gloria Esther las ama. Ama las rosas florecidas o en capullos a punto de brotar. Las dibuja con gran detallismo y las pinta en óleo sobre lienzo con un cromatismo constante, jugando con el romanticismo de la pintura a través de los tonos de los pétalos amarillos, verdes, rosas, con líneas suaves y redondas, con fondos desdibujados por una sutil bruma que sugiere calidez. Una calidez que es ella misma.

La artista nos invita también a adentrarnos en los hogares. Nos recuerda que la inspiración y la belleza pueden estar en todas partes, como en aquellas cocinas antiguas que pertenecían a nuestras abuelas.

Nos evoca una naturaleza sencilla, doméstica y primitiva. Y nos transporta al silencio de aquella mesa con su piedra de afilar que estaba en su casa de la infancia; un lienzo donde introduce frutos y enseres de nuestras cocinas populares: el cuchillo y el vaso de metal que originó la mano del herrero.

Nos transporta Gloria Esther al recuerdo de aquellas cántaras o lecheras que la mujer campesina tras ordeñar sus animales, bajaba por caminos y veredas con la cesta llena de cacharros de leche en la cabeza. Y hallamos el elemento decorativo en la propuesta de bodegones, dominado por el cultivo y la agricultura. Nos ofrece también la luz de nuestras islas que se filtra a través de botellas, barriles de vino, tazas de cerámica blanca con fondo oscuro, un trozo de queso ahumado y cortado en forma triangular, el almirez y cestas repletas del fruto de nuestra tierra y cafeteras en vivos colores.

Estos óleos están basados sobre una realidad que toman como fuente de inspiración las naturalezas silenciosas. Una artista con una amplia trayectoria, ha realizado cincuenta exposiciones entre individuales, colectivas y participaciones humanitarias, ejecutadas casi todas en las islas del Archipiélago Canario, obteniendo premios y menciones especiales.

Gloria Esther Rodríguez Rodríguez, nos descubre a través de su pintura su propio paraíso. El paraíso de una mujer luchadora y generosa, por lo que es necesario contradecir a Boccacio que dijo que el arte es ajeno al espíritu de las mujeres, pues esas cosas solo puede realizarse con mucho talento, cualidad casi siempre rara en ellas.

La exposición se ha realizado dentro del I Encuentro de Escritores Manuel Pedro González organizado por la Concejalía de Cultura de la Villa de Breña Baja y la Asociación  Abra Canarias Cultural. Permanecerá abierta los días 20. 21, y 22 en el Salón de Los Tilos en el Parador de Turismo de La Palma.

 

Rosario Valcárcel, poeta y narradora

 Blog-rosariovalcarcel.blogspot.com

 

 

domingo, 16 de mayo de 2021

Antonio Arroyo Silva: “El poeta que se precie siempre ha de estar

 El poeta palmero acaba de publicar 'Los círculos dorados' dentro del volumen 'Plegar orillas'

Yurena Díaz, Diario de Avisos



Los círculos dorados es el último poemario publicado de Antonio Arroyo Silva, escritor de acreditada trayectoria, que nos entrega este exquisito texto en el que ha querido rendir su particular homenaje a un grupo de destacados poetas. Un reconocimiento sincero y emocionado a sus compañeros literarios que nos llama gratamente la atención, tanto como que haya compartido el libro con otro gran poeta, el peruano José Pablo Quevedo. Plegar orillas (editado por el Centro de la Cultura Popular Canaria, CCPC) es el título que acoge las voces de dos poetas distantes geográficamente y cercanos en su compromiso sincero con la lírica. Hemos tenido un encuentro con Antonio Arroyo para acercarnos a su biografía personal y literaria. Palmero de nacimiento, extraordinario poeta y licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de La Laguna (ULL), ha sido ganador, entre otros, del prestigioso Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez 2018.

-Ha escrito y publicado numerosos libros de poesía ¿Cómo fueron sus inicios en la literatura? ¿Por qué eligió fundamentalmente la poesía?
“Mi andadura poética, como la de casi todos los que empiezan en esta tarea, comenzó en la adolescencia; pero se afianzó en La Laguna, tanto en las aulas de la universidad como en casa de Olga Rivero Jordán, poeta recientemente fallecida a la que siempre he considerado mi maestra de estética. En esos años, entre 1977 y 1982, escribí un poemario que titulé Captura del silencio. Dichos poemas llamaron la atención de Andrés Sánchez Robayna, profesor, crítico y poeta, por ese entonces tutor mío de 5º de Filología Hispánica en la universidad lagunera. Dichos poemas fueron publicados casi todos en el suplemento cultural Jornada Literaria, que Andrés dirigía en el periódico Jornada. No obstante, ese librito jamás se publicó como tal. Sobre todo porque, acabada mi carrera y habiendo aprobado mis oposiciones, sentí la necesidad de cambiar mi manera de percibir y escribir la poesía y el hecho poético. Ya en La Palma, a partir de 1984 intervine en la redacción de la revista La Menstrua Alba, junto con Roberto Cabrera y Olga Luis Rivero; actividad interrumpida por mi parte al ser destinado al Instituto de Santa María de Guía, en Gran Canaria”.

-¿Cuándo y cómo empieza a publicar?
“No hubo hasta el año 90 ninguna actividad literaria pública. Mucho escribir y mucho borrar. En ese año Nicolás Melini, Antonio Jiménez Paz y Macu Hernández me llamaron desde La Palma al instituto de Guía para pedirme poemas para publicarlos en su recién inaugurada revista Azul. Les envié un pequeño poemario que entonces titulaba Las Metamorfosis y me lo publicaron entero. Este sería el germen de un libro que se editaría mucho después. Como consecuencia, y gracias a los poetas mencionados, contactó conmigo una figura fundamental para las letras canarias y para el posterior desarrollo de mi poesía, Jorge Rodríguez Padrón, que me alabó Las Metamorfosis y, sobre la marcha, me invitó a participar en 50 años de poesía canaria, número especial de la revista Zurgai de Bilbao. Hasta 2008 me mantuve en otro nuevo silencio que, visto desde esta fecha, me parece muy oportuno y fructífero. Así, El Vigía Editora publicó Esquina Paradise, título definitivo del poemario mencionado y bastante ampliado. En él ya estaban recogidas casi todas las líneas que iría a seguir. En 2010, la misma editorial me publica Caballo de la luz”.

 

-Y a partir de ahí, ¿cómo se desarrolló su carrera literaria?
“La poesía es mi manera natural de aprehender las cosas del mundo y también mi forma de respiración. La narrativa muchas veces ha influido en mi poesía, especialmente la de Isaac de Vega. De esta manera he continuado una vertiginosa línea de publicaciones tanto en Canarias como en la Península. Incluso en el extranjero, en Brasil, Rumanía, Alemania y Puerto Rico: Symphonia (Santa Cruz de Tenerife, 2011), Sísifo Sol (Las Palmas de Gran Canaria, 2013), Subirse a la luz, antología personal (bilingüe, español-rumano, Bucarest, 2014), Poética de Esther Hughes (Las Palmas de Gran Canaria, 2015), Ardentía (Madrid, 2017), Mis íntimas enemistades (Las Palmas de Gran Canaria, 2016) y un largo conjunto de ediciones hasta la que hoy comentamos, Plegar orillas, con Los círculos dorados (CCPC, Santa Cruz de Tenerife, 2021). He realizado numerosas plaquettes, la primera, Material de nube, col. carmina in media re (Barcelona). He participado en innumerables antologías nacionales e internacionales. Desde Miguel Hernández, Hombre y poeta. Antología homenaje internacional (Sevilla, 2011) hasta Poetas en El Hierro, Bitácoras”.

-¿Qué le ha supuesto haber recibido el Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez 2018?
“Aparte de la satisfacción del premio recibido y que uno aún sigue subido a esa nube, supone una enorme responsabilidad. Eso me ha valido para estar en contacto con gran cantidad de grandes poetas del orbe hispánico. El poeta que se precie siempre ha de estar aprendiendo, siempre en movimiento”.

-¿Qué aporta la poesía al ser humano?
“Primero te digo lo que no aporta: la poesía no aporta certezas, sino que nos mantiene en alerta ante las incertidumbres que nos asaltan a los poetas y, por tanto, a la humanidad. La poesía es palabra y silencio; pero sobre todo es misterio. El misterio es lo que nos mantiene vivos y a la expectativa del próximo paso. La única certeza que existe es la muerte”.

-Háblenos de Los círculos dorados.
“Como digo en la introducción del volumen, el título procede de unos versos de Luis Natera. En el momento que estaba escuchando ese poema y estos versos de Luis Natera me llamó un amigo para anunciarme su fallecimiento. Y cerrar bien los párpados/ para escuchar los círculos dorados… Tras mi perplejidad, caí en la cuenta de que esos párpados los había cerrado muchísimas veces para ver otros círculos dorados como el de Luis, que se estaba despidiendo de mí de alguna manera”.

 

-¿Qué han supuesto para usted las personalidades sobre las que ha escrito en esta obra?
“Esos poetas fallecidos, esos círculos dorados, significaron muchísimo para mí. A muchos los conocí, incluso siendo niño, incluso sin saber que eran o iban a ser grandes poetas ni qué era eso de la poesía. Todo eso me vino con esos versos de Natera. Aunque en general aparece un leve tono elegíaco, siempre prevalece la alegría del encuentro. A otros grandes poetas no los conocí, pero siempre los admiré, como a Domingo López Torres”.

-Realmente Los círculos dorados forma parte del libro Plegar orillas, donde comparte espacio con el escritor José Pablo Quevedo. Háblenos de este proyecto compartido.
“José Pablo, en visitas anteriores a las Islas, había escrito un grupo de poemas sobre el paisaje, la tradición canaria y, por otro lado, poemas dedicados a poetas locales. Yo, por distintas razones, también fui escribiendo en torno a O’Shanahan y Luis Natera un pequeño poemario como intento de recuperar la memoria de estos y de una nómina amplia de grandes poetas canarios también fallecidos. En estos días de confinamiento por la pandemia surgió la idea de publicar un libro a dos voces, Plegar orillas. Lo titulo así porque, en este caso, plegar alude visualmente a unir no solo las páginas escritas en ambas orillas, sino también el espacio y el tiempo del aislamiento, ya no de la literatura canaria, sino de las personas físicas que escriben. En este y en todos los casos la poesía va más allá de estos límites y dialoga con el otro: unas conversaciones por WhatsApp, unos correos electrónicos y aquí tenemos todo el material y la armonía necesaria para que se entone este canto a dos voces”.

-En general, se lee poco. ¿Cómo valora esta situación como docente?
“Se lee poco porque estamos en el momento de la inmediatez y, sobre todo, porque en los programas educativos, a pesar de que resaltan la enseñanza del espíritu crítico, no impulsan la lectura de obras de la literatura universal y mucho menos de la canaria. A pesar de que en las programaciones se habla de impartir un 30% de contenidos canarios, aquí es letra mojada. Cosa que no ocurre en las demás comunidades. Menos mal que actualmente existen organismos como el CCPC que asumen esta tarea. Por mi respuesta a la pregunta se deduce que la educación va de mal en peor y no solo me refiero a la literatura”.

-¿Qué medidas deberían implementarse para divulgar la obra de los escritores canarios?
“Actualmente hay muchísimos escritores que publican demasiado. No hay conciencia crítica ni siquiera autocrítica, ni siquiera preparación para el ejercicio de la escritura. Tampoco existe una crítica especializada que valore estas obras, aunque sea con un mínimo de calidad. Por otra parte, hay otra cantidad de escritores que superan con creces la calidad de lo que comúnmente se escribe en Canarias. Los libros de unos y otros, de vez en cuando, aparecen en las librerías y los pocos lectores, entonces, los rechazan a unos y otros. En cuanto a la divulgación, la cuestión no está muy bien: de alguna manera las corporaciones locales deberían comprar libros para hacérselos llegar a los más jóvenes. Claro está, dentro de un proyecto adecuado de lectura que implique formación”.

-¿Cómo ha influido la pandemia de la COVID-19 en su obra?
“En contra de lo que pensaba, me ha dado un tiempo de soledad necesario para la reflexión sobre mi propia poesía y, por supuesto, para escribirla”.

-¿Que autores o qué obras le han aportado más como escritor?
“Son tantos y de tan variados lugares que no terminaría de enumerarlos. La lección principal que aprendí es que quien escribe está continuamente aprendiendo. Y no solo de la escritura”.

-¿En qué nuevos proyectos está trabajando?
“Estoy revisando unos cuantos poemarios inéditos y preparando una antología personal. Además, estoy en proyectos literarios a nivel mundial. Por ejemplo, dirijo una colección de plaquettes para Kindle, Poesía Móvil, donde participan 100 poetas de distintos lugares del mundo y, por supuesto, de Canarias. En esta colección que estamos lanzando habrá el mismo número de participantes masculinos que femeninos. Y me consta que la calidad que están aportando es muy paritaria”.

-¿Cuáles son los escritores que más admira?
“En cuanto a los vivos, todos los que son y están. Me refiero tanto a hombres como a mujeres. De los fallecidos, aparte de la nómina que aparece en Los círculos dorados, Olga Rivero Jordán, Blanca Varela, Ida Vitale, José Watanabe, José Eduardo Eielson, Luis Cernuda, Paul Valery, Ezra Pound y un largo etcétera. Pero, en lo más alto, siempre estará Rilke