miércoles, 20 de mayo de 2015

DOS POEMAS DE JOSÉ LUPIÁÑEZ,

Un poeta entre el exotismo y el compromiso.


Días celestes

Hay versos que guardaron la nostalgia
de hermosos cuerpos que abracé otro tiempo
y que aún avivan la memoria, inerme,
de muchos besos y de algunos nombres.

En otros aún resuenan las semillas,
las cuentas del azar que fue mi vida
y dejan sus sonidos en la mente,
las huellas de aquel paso de la gloria.

Palabras son, pero que así me llevan
de nuevo hasta tus manos o tus labios,
de nuevo a tu cintura en donde siguen
mis sueños aferrándose, ya en vano...

Sonajas venturosas de los versos:
vibrad ahora y espantad la cuitas;
traedme hasta esta esquina de mi casa
el sol, el son de aquellos días celestes.

 Fábula

Del mar, en los adentros,
donde las aguas refulgentes, aún cálidas,
espejean por el astro más bello que conozco,
vive aquella barcaza donde los dos se amaban,
y cómo discurría lentamente.
Ella volcaba todo su candor y con júbilo
era un ovillo hermoso prendido a su cintura.
Su larga cabellera se derramó en el agua
y sus brazos oscuros se alzaban oferentes.
Un tiempo los estuve observando,
hasta que mis ojos se abrasaron
.

José Lupiáñez nace en La Línea (Cádiz) en agosto de 1955. Su infancia transcurre en El Puerto de Santa María. Posteriormente se traslada a Barcelona en cuya Universidad comienza estudios de Filosofía y Letras, que acabará en la de Granada, licenciándose en Filología Hispánica.
                Desde muy joven comienza a colaborar como poeta y crítico en numerosas publicaciones españolas y extranjeras. En 1975 funda junto al poeta José Ortega la colección "Silene", que se inicia con su primer libro Ladrón de fuego (Universidad de Granada, 1975)

                Ha participado en los consejos de redacción de diferentes revistas. Su obra ha sido incluida en importantes recuentos y antologías, y traducida a varios idiomas. Ha participado además en numerosos libros colectivos y ha sido reconocido con diversos premios, tales como: el "Antonio Machado", el "Juan Ramón Jiménez", el "Luis de Góngora" y el I Premio Nacional de Poesía "Emilio Prados", entre otros. 

                Posee José Lupiáñez un gusto por la reflexión sobre los grandes problemas de la vida que se revelan en pequeños detalles. Canta temas eróticos, sensuales cuerpos entregados a la muerte, a la belleza y juventud, al carpe diem.

Su poesía refleja el gusto por los escenarios exóticos, orientales o legendarios, como vemos en Tapiz de Occidente, Cuerno de Oro, Ladrón de Bagdad, Oriental Tule o en composiciones que se sitúan en otros lugares de Turquía, Grecia o Marruecos.  En esa preferencia por los mundos exóticos mereció el primer Premio Nacional de Poesía Emilio Prados con su obra La verde senda (Cuadernos de la India, 1999)


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domingo, 17 de mayo de 2015

LOS ASALTOS DE LA MEMORIA, Karl Müller (con vídeo de Gila)

Fue uno de estos inviernos coloneses que parecen infinitos, oscuros y aburridos como para esperar la muerte. Lo que estábamos haciendo. Ya mi madre iba muy mal de salud. Ella sabía que se iba a morir, había visto morirse tantos durante las dos Guerras Mundiales que le tocó vivir, que disponía de una experiencia larga y asentada, y

Tumbada en su sofá–cama desde el cual solía dejarse aburrir por el televisor miraba al techo en la penumbra. Estaba agotada de haber ido al baño, hacer sus necesidades y volver a su lugar de descanso. Se avergonzaba mucho de que yo la tenía que asistir, asearla cuando se había ensuciado, ayudarle para ponerse la ropa interior limpia, ella, que toda su vida se había valido por sus propias fuerzas. Seguía siendo una anciana grande de cuerpo pero ya no tenía fuerzas. Las caderas varias veces operadas, la columna vertebral descompuesta, los pies, las rodillas, todo le dolía y no le permitía defenderse de los pequeños percances de la vida que se acumulaban en forma de platos rotos y objetos perdidos por los rincones. Empezaba a ser muy olvidadiza. Tuve que desenchufar la cocina eléctrica porque la dejaba prendida, lo que era demasiado peligroso para toda la casa. Fue un gran choque para ella, fue el principio del fin.

En aquella tarde de color gris oscuro, sin embargo, alguna asociación casual de la memoria llevó a mi madre a recordar el día que yo nací. Claro, muchas veces me lo había relatado, cómo me había dado a luz en aquella clínica campestre improvisada, edificio que anteriormente había sido un lugar de descanso para las élites del partido nazi y sus familias. Es que eso de perseguir y matar a judios, gitanos, dementes, pobres y otros seres inferiores, los llamados “Untermenschen” [=infrahumanos] y limpiar la bella tierra alemana de las “lebensunwerte Leben” [=vidas indignas de vivir] era una tarea dura que merecía un descanso en un lugar idílico. Pero ahora, a comienzos de 1945, ya todo se estaba viniendo abajo y el antiguo balneario para nazis con méritos asesinos se había convertido en un hospital improvisado. Mal improvisado porque casi no había infraestructura y la mayor parte de las enfermeras y personal médico no se componía sino de familiares de miembros del partido que los habían enchufado en la clínica lejana de cualquier ciudad, para escapar de los bombardeos sistemáticos y brutales de los aliados.

Que mi madre embarazada y su hermana menor con una niña de corta edad pudieran abandonar Colonia, en estos meses bombardeada, rebombardeada y recontrabombardeada, se debía a una orden del gobierno nazi que no permitía sino a este grupo de personas salir de las ciudades. Sospecho levemente que mi existencia se debe en buena parte a la agudeza de mi padre que las vió venir con bastante antelación. Pero esta pregunta no se la quise plantear nunca a mi madre, me parecía demasiado… qué digamos, denigrante. Y a mi padre nunca le pude preguntar. Ya había fallecido de tuberculosis galopante hacía más de 40 años.

Volviendo a la silenciosa espera, estábamos aguardando a la asistente de Cáritas que ayudaba a mi madre a preparar alguna cena, llevarla hasta la cama, desvestirse y acostarse. En esta bolsa de silencio de pronto mi madre me preguntó en colonés si ella me había contado alguna vez cómo yo realmente había nacido. Paré la oreja. Cuando mi madre empezaba a hablar en la lengua de nuestra ciudad era que tenía que decir algo íntimo e importante. Si no nunca la empleaba.

Le contesté, también en colonés, que creía que sí, que había llegado en los últimos dias del embarazo con la hermana a la clínica improvisada, que ahí nací yo y que nada más que dar los primeros berridos tuvieron que bajar conmigo y con ella en una camilla, corriendo escaleras abajo hasta los sótanos porque pasaban aviones aliados.

“Sí, cierto todo eso”, me dijo, “pero falta algo que nunca te conté”. En la penumbra la veía sonreír melancólicamente. “Lo que nunca te conté es que el famoso aullido de las sirenas que prevenían de los aviones arrancó en medio del parto. Y estos cagones de medicuchos noveles y falsas enfermeras hijas de jerarcas nazis, que jamás habían soportado un ataque aéreo, salieron todos corriendo, al sótano, y me dejaron sola en la mesa. La última parte del parto la hicimos sólos, tú y yo. Por más de una hora no subió nadie a ver lo que pasaba o a ayudar. Al final me desmayé cuando estabas afuera y por fin subió entonces la única enfermera profesional que había. Menos mal. Llevabas enrollado el cordón umbilical en el cuello y ya tenías un color azul bastante subido. La mujer lo cortó con una tijera de papel que muy previsoramente se había traido y te hizo respirar. El resto lo sabes. Subieron otros, todos cagados de miedo por unos avioncitos que pasaban lejos y altos y nos llevaron al sótano”.
Quedamos otra vez en silencio, ella agotada, yo estupefacto. Fue uno de estos momentos en que toda la mente queda en blanco, no, ni en eso, queda en la nada estupefacta. No es que fuera una revelación sensacional sobre el comienzo de mi existencia en tierra, fue más bien un detalle absurdo en un acontecimiento que para mí podía haber acabado en un siniestro, y con algo menos de suerte no estaría yo aquí ahora para contarlo. Lo que me provocó este momento en blanco fue más bien la asociación mental instantánea con un golpe de humor negro, humor español del más oscuro habido y por haber.

El gran Gila, el más grande de los humoristas españoles para los que se acuerdan de él, hoy está bastante olvidado. En la España franquista, en cuya periferia canaria me tocó vivir mi juventud, fue el único que nos hacía reír de vez en cuando, si una emisora de radio algo más atrevida lo ponía. Monólogos telefónicos siniestros sobre la guerra (Oiga¿es la guerra? ¿está el enemigo? ¡Que se ponga!) y otros acontecimientos sombríos con una voz aburrida de subordinado obtuso. Uno de los monólogos empezaba con una frase que me parecía extraordinaria por genial y absurda. Se me quedó al instante en la memoria nada más que oírla la primera vez:
Yo, cuando nací, estaba solo en casa y cuando mi madre volvió me dijo“¡Que sea la última vez que naces solo!”:


Yo no creo en el peso de los grandes traumas infantiles y las demás tonterias del sicoanálisis y doctrinas afines, pero tengo que reconocer que mi predilección por aquella frase, el haberla captado al instante aunque entonces todavía no entendía muy bien el español, es algo extraño. Algún fontanero del alma quizá podría seguir la pista al asunto pero creo que eso daría demasiado trabajo, por lo que lo dejo ahí en el aire.

Aquella tarde no llegué a explicarle a mi madre la curiosa asociación mental del monólogo de Gila con lo que recién me contó . En estos momentos se oía en la puerta el ruido del llavero de la asistente, una mujer grande y cuadrada de Colonia que hablaba impertinentemente en colonés con mi madre, ella le respondía siempre en correcto alemán. El colonés no era para todo el mundo.

Me despedí, bajé las escaleras y pensé contarle la historieta otro día, pero se me olvidó, hasta que pocas semanas después, un domingo, durante una breve excursión con unos amigos para ver una exposición de arte africano, llegó una llamada de la clínica en que estaba ingresada por un problema intestinal, me comunicaron que a mi madre le iba mal. Volvimos inmediatamente pero llegué tarde. Ya había fallecido, rápida y discreta, como solía despachar sus asuntos para no armar muchas molestias a los demás, era su hábito. Me acordé entonces de la frase de Gila, comentario surrealista, poco menos que intuición lejana y paralela a cómo yo había llegado al mundo, que se lo quería haber comentado a mi madre, a quien le encantaba los chistes absurdos, pero ya era tarde. Sea como fuere, se lo conté en silencio junto al lecho de muerte, pero la destinataria ya no atendía aunque estoy seguro que se habría reido bastante. Para los demás lo dejo aquí por escrito, por si interesara.


Este relato de Carlos, que es el nombre por el que lo conocemos todos los hispanohablantes que lo tratamos, es una pincelada de humanidad, humor y emoción, de la mejor estirpe dentro de lo que conozco en la literatura memorialista. Pero si ya les dije antes que se trata de mi mejor amigo, puede que teman o sospechen que exagero. Por eso prefiero dejarle la palabra a él, para que se convenzan por sí solos.  Ricardo Bada,http://www.elespectador.com

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viernes, 15 de mayo de 2015

AMOR EN FUGA

Por Eduardo Sanguinetti

Creo y he creído siempre, que la renuncia al amor, se base o no en un pretexto de tipo ideológico, es uno de los grandes crímenes que, en el curso de su vida, pueda cometer un hombre dotado de todos sus elementos constitutivos, sensibilidad, instinto y sabiduría, cuidando de sí, en el espacio que nos ofrece la radicalidad del amor.

Si existe “algo” que parecía haber escapado hasta hace unos años a todo intento de reducción, haber resistido a los más grandes dictadores de tendencias y pesimistas, este “algo”, era el amor: único sentimiento que puede reconciliar a cualquier ser, temporalmente o no, con la idea de la vida y su sentido.

El discurso del amor pareciera, hoy, estar divorciado de la existencia de los pueblos, exiliado e instalado en un espacio de soledad extrema, en un Gulag metafórico. Un discurso despreciado a veces, ignorado, sin prácticas en las nuevas generaciones abandonadas a las relaciones sistemáticas alienadas del consumismo extremo, marcadas por el sistema ultraneoliberal, cual norma y regla de existencia.

El amor está asfixiado por la profusión de pornografía reinante. “La sexualidad se desvanece en la sublimación, la represión se desvanece con mucha mayor seguridad en lo más sexual que el sexo: el porno.

Las cosas se desvanecen en lo más visible que lo visible: la obscenidad”, decía el comunicador y filósofo francés Jean Baudrillard, con quien coincido y sumo a otros asesinos del amor: la publicidad a repetición hasta alcanzar el vértigo, donde los cuerpos, cual objetos de consumo, se nutren de obesidad y simulada obsesión de placer no consumado, liberado del afecto que transmiten los estados de deseo y la sensibilidad del instante, que requieren las prácticas del amor.

El excesivo consumo de las promociones mediáticas, en plan sistemático de degradación de seres, deviene en que hablar sobre el amor adquiera un carácter subversivo para quienes lo sentimos y cristalizamos como acto de vida.

Después de celebrar orgonásticamente a Wilhelm Reich y su cultura sexual, entre los años 60 y 80, se suceden las prácticas publicitadas por el sistema reinante capitalista, adoptando sus fieles seguidores, cuanta tendencia se vende en oferta de shopping periférico, como las teorías de la resistencia sexual, eclectizando los datos: tantrismo, zen, karezza, coitus reservatus…y demasiado atento al cuidado extremo del cuerpo en su forma, no en contenido, deviene “cosa” acompañada de síntomas de angustia, depresión y desambiguación del ser.

A la palabra amor, deseo humildemente restituirle su sentido de vinculación total a un ser humano, fundada en el ineludible reconocimiento de la verdad, de ¡nuestra verdad! en un “alma y en un cuerpo”, que son el alma y el cuerpo de aquel ser al que amamos.

Al amor, que una inmensa mayoría de fanatizados, amargados impotentes, se han complacido en infligirle todo tipo de generalizaciones: amor filial, amor divino, amor a la patria, etc., para ocultar su incapacidad de amar.

El hombre goza aún de un mínimo de libertad para creer en su libertad. Algunos hombres somos dueños de nosotros, aún. Tan solo de nosotros depende elevarnos más allá de la cotidianeidad y del pasajero sentimiento de “cosa archivada”.

Pues entonces, despreciando todas las prohibiciones, sirvámonos de la vengadora arma del sentimiento, contra la bestialidad de todos los sujetos-objetos… y amemos.


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martes, 12 de mayo de 2015

"HIMNO A LA VIDA", Rosario Valcárcel

Un libro militante: no solo constituye un canto apasionado en pro de la libertad y la alegría de vivir sino que toma partido por la mujer, en la medida en que ha sido la parte sumisa y dominada de la humanidad. La autora denuncia las discriminaciones, las injusticias, la falta de libertad de las mujeres a lo largo de las civilizaciones, la mujer que padece todavía la ablación de la conciencia femenina, cuerpo maltratado.


Según Antonio Arroyo, autor del prólogo, Rosario Valcárcel cree a pie firme que el amor es una continua rotación entre Eros y Thanatos, el amor como una pequeña muerte, la muerte como la culminación del amor: no una suerte de transcendencia, como preconizaba Quevedo, sino como una inmanencia que desemboca casi en una mística de lo carnal (como la de San Juan y Santa Teresa), tal como se parecía en fragmentos de una gran intensidad poética:

Desenvaino, la espada y con su luz atravesó
El pespunte de mis labios rojos, el hervidero
De los líquenes, la pelambre de Baudalaire.
E igual que árboles abatidos por una tormenta,
Nos precipitamos el uno en el otro.

Himno a la vida” es un libro que muestra la esencialidad femenina, su capacidad de engendrar amor por las pequeñas cosas, su deseo de pertenecer y dialogar con el mundo, con los seres, paisajes, árboles, casas... El deseo de trascendencia a través de la belleza, de temas eróticos, sensuales, del mundo de los gestos y la seducción. También constituye una reflexión sobre lo efímero de la vida que identifica el destino de los humanos y el anhelo de permanecer en el cuerpo del otro. En Himno a la vida asistimos a la evocación de la memoria, la agitación ardiente de los deseos, la celebración de esos instantes de plenitud que acontece a lo largo de la existencia con una escritura directa, bella, repleta de elegancia y carga emocional."

El acto estará amenizado por la clarinetista Celia Sánchez.

Al término de la presentación se servirá un vino.





jueves, 7 de mayo de 2015

Poema Antonio Arroyo

Poema que Antonio Arroyo me regaló cuando presentó mi nuevo poemario 
"Himno a la vida" en La Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria.


una sonrisa sola te dará el mundo amiga
y los pájaros  saben muy bien de estos asuntos
por eso vuelan con la forma de tus labios

tu sonrisa es un grito que aunque de miel
desorienta a las moscas y las transforma en pájaros
y porque el ansia no ha de ser más que un traje
del furor amarillo te abandonas al aire
de las escolopendras que saben ver la luz


©Antonio Arroyo Silva
Donde la niebla teje ventanas, 2015

Gracias Antonio. 

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domingo, 3 de mayo de 2015

MADRES, ABUELAS, SIEMPRE EN EL RECUERDO

…La abuela había crecido en unos tiempos difíciles. Nunca fue universitaria, pero te encantaba oírla hablar de teatro, de música o geografía de una forma poco académica, con la frescura y la libertad de quien aprende por placer y con la vida misma. Te enriquecías con sus diálogos sutiles, su estética pintoresca y folklórica sobre cualquier tema. Tampoco accedió a lo que llaman el mundo del trabajo; qué ironía, pues su vida fue un continuo bregar sin traspasar las paredes de su casa. En aquel castillo estaba su mundo. Nunca se le oyó quejarse del puesto que la sociedad le había reservado, quizá no se veía en una oficina.

 Si alguien le preguntaba cuáles eran sus ocupaciones, se limitaba a contestar que ella era una mujer de su casa. Mañana, tarde y noche, sin derecho a vacaciones ni a bajas temporales.

Muchas horas viví por suerte junto a la abuela y a menudo en mi memoria aparece su presencia envolvente. Te paralizaba su sentimiento de seguridad para dirigir los encuentros y desencuentros que se tejen en las relaciones humanas y su rostro me parecía aún más hermoso que el de otras abuelas: sus ojos inquietantes, la piel blanca, aterciopelada, pero tan diferente al de su juventud. Su paisaje había estado expuesto a la vida que le tocó vivir.

―Qué ganas tengo de darme un viaje.

Soñaba con visitar Escocia, sus lagos, riachuelos y verdes montañas. Pero aquella espléndida excursión siempre se aplazaba.

La crianza de sus hijos y la mirada hacia atrás la habían sumido en un mar de frustraciones y nostalgias. La llegada de los nietos la liaron en una repetición de su destino, pero lo tomó con una actitud más placentera y gratificante. No era muy dada a las efusiones, pero regalaba su existencia día a día.

Algunas tardes, mientras me acariciaba el pelo y me estrechaba contra sus pechos, se sentía fuera del mundo. Entonces me enseñaba su álbum de fotografías y postales anti-guas, porque necesitaba desempolvar su historia. En aquellas imágenes aparecían muchas mujeres realizando tareas domésticas, tanto en el frente de la guerra como en la reta-guardia. Y yo le preguntaba si su madre y la madre de su madre habían trabajado.

 ―Claro –me respondió. Pero sin sueldo; habían vivido tiempos aún más difíciles, cuando debían trabajar las tierras además de cuidar de sus hijos, de sus casas y de los familiares de más edad, a quienes debían atender en su propio hogar. Sólo el trabajo en los talleres de confección fue considerado una industria de guerra, y tuvo un poco de remuneración.

Cuando alguien se ponía enfermo, la abuela sacaba su temperamento decidido y establecía normas y cuidados, tuviese o no importancia la enfermedad. Separaba la loza y los cubiertos del enfermo, cambiaba la cama a diario, preparaba alimentos reconstituyentes: sopas de gallina y trozos de pan con tropezones de mantequilla para engordarnos, pues se preocupaba por la delgadez de esta familia. Además estaba al pie de la habitación hasta que el enfermo se recuperaba del todo. ¡Ah, y en mis camisillas me cosía unas bolsitas de alcanfor para protegerme de los catarros!

A la hora de dormirme, me sentaba en el filo de la cama. Nunca se tumbaba junto a mí, sino que permanecía cerca, para recordarme mis oraciones. Su fuerte siempre fueron las relaciones sociales y en algún momento también las divinas. Repetíamos juntas algunas estrofas y espantábamos los miedos de la oscuridad, mientras con la mirada colocaba todo en su sitio.

Cuando el abuelo se jubiló, el porvenir le empezó a sonreír y por fin pudo ver algunas de las maravillas con las que había soña-do. Estuvo en los Campos Elíseos, la catedral de Notre Dame, los puentes del Sena. Nunca olvidó el barrio bohemio de pintores de Montmartre, ni los palacios de Sissi en las afueras de Viena. Sus viajes estaban hechos de momentos únicos.

Los hijos se habían marchado hacía ya muchos años, los nietos ya habían crecido y la abuela comenzó a sentirse sola. Sus fuerzas languidecían pero no deseaba renunciar a sus obligaciones, voluntariamente asumidas. La soledad empezó a ganar terreno, las sombras se derrumbaban.

―Ya no le soy útil a nadie. Y como no soy eterna...

En su cabeza debían barajarse frustraciones y añoranzas. Su corazón estaba cansado de luchar contra el desaliento y por eso quiso cruzar el horizonte, dejar atrás los cumpleaños, jugar otra vez  en el mar y abrir de par en par la ventana para alcanzar las estrellas.

Fragmento de mi libro "LA PEÑA DE LA VIEJA Y OTROS RELATOS

Foto: Celebración de un cumpleaños mío con mi madre y mi padre, hermana y amigos.   
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martes, 28 de abril de 2015

OJOS QUE MIRAN EN LA NOCHE, ALEX SANTANA

Deseo que seas mía para siempre, junto a un pequeño lago, junto a un hermoso riachuelo, tú y yo. Pues sin ti no deseo más estar, no lo deseo; te amo demasiado, mi dulce niña, sé que tienes que ser tú, lo sé, no me dejes más solo. Alex Santana.

Alex Santana nació en Las Palmas de Gran Canaria y desde muy jovencito ha estado vinculado a la música. Le gustaba escribir canciones, juguetear con los ritmos musicales, alcanzar la meta que había soñado: ser músico y poder mostrar su trabajo. Por eso intentó ese difícil camino de la música y tocaba la batería en un grupo rock  a nivel callejero y en locales de la ciudad. Viajó durante años como percusionista, pero el camino fue difícil.


Finalmente encontró su fuerza en la escritura, entre la emoción de su voz y la intensidad musical. Porque el poseer un oído armonioso, abierto, le ha permitido confeccionar relatos líricos, como decía Paul Valéry, con una oscilación entre el sentido y el sonido. Trabajar con la palabra, buscar los efectos poéticos, captar igual que un artesano los ritmos que percibía en su música.

 No podemos olvidar que la prosa y la poesía son elementos que tienen relaciones entre sí, que manejan las mismas palabras, las mismas formas y los mismos sonidos pero dispuestos y activados de otro forma.

El latido de la escritura de Alex Santana, es de una escritura esencialmente poética, con un discurso donde podemos encontrar imágenes bellas, enternecedoras, casi de cuentos de hadas. Es como si nuestro autor hubiese leído de pequeño, aquellas ficciones de nuestra infancia, aquellos cuentos de Perrault y Grimm repletos de palacios, de lagos y murmullos, de princesas y de sueños que se hacían realidad. Y habla el poeta:

Deseo volver a verte, mi ángel, princesa en la noche, atrapada en  su destino, baila y baila una vez más para mí, la música nos espera. El espectáculo está a punto de comenzar, atrapada en su destino buscando una puerta, se pregunta cuál de ellas debe encontrar. ¡No lo sé! Pues yo ahora estoy aliado con el amanecer  Princesa en la noche

“Ojos que miran en la noche” es el primer libro de Alex Santana y está compuesto por una veintena de relatos escritos con una prosa lírica cuyos temas son el amor, la amistad, los sueños, los amaneceres. Un libro que él define como Una ojeada al nuevo mundo que se nos presenta hoy… una observación de nuestras vidas, la cual nos guiará de nuevo a confiar en nuestros sueños y en el poder del amor.

Canta Alex Santana al amor y a la soledad, al conflicto del mundo a las experiencias que quizás él haya llegado en silencio, y lo hace de una forma fantasiosa, llena de sentimientos, con una palabra que se eleva, que vuela libre,  con un ardor afectivo que idealiza a lo femenino, a la mujer-princesa, Expresando las luces y las sombras de la desolación que produce el flujo y el reflujo del desamor. 

El mundo se ha vuelto en mi contra, y me voy asentando solo. Nadie escucha mis plegarias, me siento frío como un extraño recordando que cuando era niño correteaba por los alrededores en busca de tu mirada. ¿A dónde se fueron?... El mundo en mi contra.

Foto: Portada del libro de Alex Santana, "Ojos que miran en la noche"

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jueves, 23 de abril de 2015

ALEGORIA A LA CARNE Y AL ESPÍRITU, Ángel Gustavo

Concilia el pintor Ángel Gustavo lo espiritual y lo carnal, el amor entre la castidad y la lascivia entre lo físico y lo espiritual. El placer del espíritu y de nuestra carne.

Y para ello se desviste de lo preconcebido y nos presenta veintidós obras que son como pequeños murales al óleo sobre madera, donde invoca a las deidades de la sensualidad, el sentimiento del mundo de la pareja, lo romántico. La poesía disfrazada en su propia creación y en las imágenes simbólicas de sus propios personajes.

La magia de la mujer y el canto pastoril, la “Sensualidad al abrigo de margaritas” la Naturaleza en tonos amarillo verdoso representando la luz del día, donde parece que las flores tiemblan entre la intimidad de una pareja. Flores como símbolo erótico. Los estados emocionales. La alegoría a la atracción sexual. Y la virginidad y el beso y el abrazo pleno en figuras tan enroscadas que forman una única forma, un único cuerpo.

Nos transmite el sueño erótico, la atracción entre los sexos, el fuego sobre el fuego y la nobleza y el valor representado en el caballo blanco. Junto con seres que se deshacen de sus cuerpos mortales en posturas insólitas resaltando el movimiento, el volumen y la perspectiva. Seres que flotan en un salto cuántico, atraídos por una dimensión de energía o por la unión de una fuerza poderosa, irresistible.
Reflexiona Ángel Gustavo sobre el sentido de la vida y el misterio de la humanidad y lo relaciona con lo espiritual, con la Naturaleza y Dios como manifestación divina. Y nos presenta una faceta fantástica de la Pasión. Un Cristo que tiende sus brazos hacia su padre. La Muerte y Resurrección y la corona de espinas transformada en una corona de flores. La visión del alma.

Representaciones pictóricas de la eterna lucha de la tentación simbolizada en las alas de un ángel. Y una Anunciación y un boceto de mural que representa el Nacimiento del Niño Dios, con su cortejo sagrado, festivo, y el Misterio representado de una forma delicada. Una obra que es toda una sinfonía de color.  
Quiero resaltar también el espléndido retrato de su mujer, titulado “Mi musa” en la que la poeta Mariló Álvarez posa a lo lejos, mira al pintor, en una imagen serena. Una obra que ganó el premio Liberti en Florencia. 
    
 “Alegoría a la carne y al espíritu” es una exposición basada en lo físico, en la carne, en la religiosidad, el misticismo y la espiritualidad. Representaciones pictóricas envueltas en sentimientos y símbolos que derivan hacia lo sensual y lo místico, no solo en los temas sino también en la forma estética: las líneas expresivas, las perspectivas, los cuerpos alargados, las cabelleras envolventes que pueblan las imágenes de nuestro pintor.

Una exposición alegórica que estremece por la poderosa sensación de un espacio ilusorio, tridimensional, en la que Ángel Gustavo, gran dibujante y maestro en el uso de la perspectiva y la profundidad consigue con una paleta rica en transparencias, en color y luz.

Una exposición que estará abierta desde el día 23 a las 20.00 horas hasta el día 10 de mayo en el Centro Comercial el Muelle. La Galería de arte dirigida por Diego Casimiro y Enmarcaciones Vidal se encuentra en la segunda planta. 


Fotos: Tags Televisión , Andrés Brito y Beata Paowloska


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lunes, 20 de abril de 2015

Eduardo Galeano

Por Eduardo Sanguinetti

"Eduardo Galeano, el escritor, aventador de rutinas, prejuicios y miopías en planos generales del pensamiento, ha muerto...

...............Eduardo Galeano es memoria y recuerdo de nuestras identidades, las cuales pareciera siguen siendo las del anonimato de nuestra identidad cultural, tan degradada.

Nos deja una lección a todos los que amamos esta tierra, de emigrantes trashumantes, en búsqueda de un lugar donde dejar nuestros legados y la herencia de preguntas y perplejidades, aún irresueltas.

Eduardo Galeano nos deja un legado cifrado en la memoria, para aprender las lecciones de un pasado que nunca termina de estar presente y al que el poder político neoliberal impone un olvido por decreto, de todas las aberraciones que supo esta tierra suramericana soportar… y seguir haciéndolo.

Galeano, eres un fundador de memorias, contra el olvido y las diversas ignorancias."

La escritora chilena Isabel Allende recordó que el fallecido autor uruguayo Eduardo Galeano luchó toda su vida por mantener en el recuerdo los acontecimientos más desconocidos que marcaron su continente.

“La obsesión de Eduardo Galeano fue rescatar y preservar la historia oculta de América Latina”, aseguró Allende en un comunicado enviado a la AFP en Los Ángeles.
La novelista, quien reside cerca de San Francisco en California (oeste de EEUU), lamentó que el mundo deba despedirse de una de las voces latinoamericanas más relevantes en la literatura y la política, “tanto para quienes simpatizan con sus ideas como para sus opositores, que no pueden ignorar su influencia”.

Galeano, fallecido a los 74 años de un cáncer de pulmón, siempre presumió de haber descubierto el mundo en los cafés de su Montevideo natal.
Allí se dio cuenta de que “el pasado era presente y que la memoria podía ser contada de tal manera que dejara de ser ayer para convertirse en ahora”, según sus propias palabras.
Su visión del mundo quedó reflejada en “Las venas abiertas de América Latina”, una obra publicada en 1971 en la que denunció la opresión que vivía su continente por culpa de las dictaduras.

“Desde entonces la Guerra Fría terminó, el comunismo soviético fue derrotado, el mundo ha cambiado y los planteamientos económicos de Galeano tal vez no se aplican, pero la importancia de su obra monumental sigue vigente”, apuntó la autora de “La casa de los espíritus”.


“Nunca será olvidado”, aseguró la chilena, de 72 años, sobre quien ella llama su “amigo”. 
(Texto entresacado de 

miércoles, 8 de abril de 2015

COLGADOS DEL SUELO, RAMÓN BETANCOR

Los pequeños momentos pasan de puntillas por nuestros días y por nuestras noches, exigiendo su espacio en silencio y convirtiéndose en piezas imprescindibles de este puzle de la vida… Colgados del Suelo de Ramón Betancor

Cuando comencé a leer Colgados del suelo de Ramón Betancor, sospeché en seguida que  a pesar de que la historia empieza como las grandes novelas del género policiaco, con un acontecimiento aparentemente inexplicable, no era una novela negra al uso, sino que estaba a punto de adentrarme en el diario de Julia García. De Julia y Miguel protagonistas también de la primera obra de Ramón, Caídos del suelo.

Escrita de una forma narrativa muy particular está trazada como si fuese un diario. Un diario de hecho, una novela en la que todos sus capítulos comienzan: “El día en que…” Es como si el autor nos quisiera contar la historia a través de diversos materiales, en una búsqueda amplia que le lleva a traslados y a viajes para investigar, para desentrañar la verdad.

Una verdad en la que Julia, la narradora nos conduce por un camino urbano, de una forma sincera y profunda y sobre todo torrencial hacia los dramas humanos y los destinos de sus personajes, poniendo en énfasis la acción en los diálogos. Diálogos que construyen nuestras vidas, hechas de luces y de sombras.

Pero también sale al paso con la hondura psicológica, ese tratamiento conmovedor de sus personajes, que envueltos en anhelos y temores, dudas y sueños, dejan escapar las emociones. Una creatividad emocional para solucionar situaciones diferentes en las que la narradora sabe moverse muy bien.  
Colgados del suelo es, entre otras cosas, una novela escrita, con una buena trama, pero sobre con intensidad poética, con imágenes y con sentido de humor y eso se agradece. Escuchemos a Julia al comienzo de la novela:  

Siempre he pensado que tengo un sexto sentido para detectar quién es y quién no es buena gente. Kike, mi novio fue la excepción a esa creencia…

Bien tramada y ensimismada en lo que es una novela de misterio, donde los sueños tienen una gran importancia. Sí, porque Ramón Betancor, desde el comienzo de la obra nos anima a seguir nuestros sueños. A creer en uno mismo y sobre todo a creer en las metas que queremos alcanzar. Ya lo decían en aquella película, ‘Million Dolar Baby’, dirigida por Clint Eastwood. “es la magia de apostarlo todo por un sueño que no ve nadie, excepto tú“.
Nos amina a la búsqueda de un mundo totalmente diferente al real, al mundo de las novelas, de los finales felices. Al mundo que nos gustaría vivir.

En Colgados del suelo encontramos reflexiones de carácter filosófico sobre la vida, el dolor, el miedo, la felicidad y la infelicidad… Hay quien afirma que el verdadero desafío de un escritor es explorar el alma humana. Indagación que desde el Werther de Goethe, no ha dejado de circular relatos y más relatos sobre las pasiones que nos une y nos separa. Sobre esa inseguridad que condena al hombre a la más absoluta soledad.

Una narración que dura un mes. Sí, un mes, en un mundo moderno, rápido, acelerado, caótico. En un entorno como el nuestro en el que el tiempo es la primera gestión de nuestras prioridades, en el que, en ocasiones planificar lo que va a ocurrir la próxima semana o incluso al día siguiente carece de sentido. Tanto que hay quien dice que nunca es buen momento para organizar nada a medio plazo, para arrancar un proyecto, ni para tener un hijo. Que quizás nunca sea un buen momento ni para ser feliz.

Colgados del suelo es la segunda entrega de una trilogía que su autor define como una obra de intriga reflexiva. Dividida en 50 capítulos, más un capítulo final en la que medita sobre el sentido de la vida, la condición humana, el amor y los recuerdos, sobre el mundo. Finalmente juega el autor con el lector y deja la puerta abierta a la tercera y última entrega de la saga, deja en el aire los posibles títulos de la nueva novela que completaran esta trilogía que ya casi tenemos en nuestras manos.

Colgados del suelo, nos mantendrá expectante hasta sus últimas páginas en las que podremos sobrecogernos, disfrutar de sorpresas y compartir el amor, el poder de la música, la realidad como en un ensueño, la literatura y la palabra. Esa palabra que Ramón Betancor escribe, escoge y corrige en un desenfreno solitario. Esa palabra que une al periodista- escritor a la creación literaria con su tiempo y con todos los tiempos. Esas palabras que ya decía el poeta Félix Grande: Saben infinitamente más que nosotros, que los escritores, criaturas casuales, poco duraderas.

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sábado, 4 de abril de 2015

DOS POEMAS DE LETITIA ELIZABETH LANDON

Cafés en Damasco

L ANGUIDLY
Sopla el viento nocturno
A partir de la ronda de jardín,
Cuando la clara Barrada fluye
Con un sonido adormecedor.
No del laúd nota escalofrío dulce 
Puede encontrar este tipo de música,
Al igual que en un río errante,
En un viento errante.
Hay musulmán apoyare, sueño
del mundo interior, 
Mientras que todo el fragante vapor
Por el humo se encrespa,
El aumento de la baya de café,
Uva oscura del Sur;
O el tubo de pulido cherry, 
Con su boca ámbar,
Se enfrió mediante el paso a través del agua,
Ruido en el que fluye, –
Perfumado por la hija del verano,
Rosa apasionada de junio. 
Por la que Rosa espíritu embrujada
Son los sueños que se elevan,
De tierras lejanas, y vidas encantadas,
Y de profundos ojos negros.
Así, con la ayuda de un sueño dulce, 
Flotador que aguas abajo de la vida;
Quiera el Cielo a toda nuestra existencia
Podría ser un sueño!

Letitia Elizabeth Landon nació en Londres en 1802 y murió en 1838 por una sobredosis de ácido cianhídrico, que se dice haber sido accidental. Publicó varios libros de poesía, incluyendo El destino de Adelaida y La Improvisatrice. Además de poesía, LEL, como se la conocía a sus lectores, escribió varias novelas, aunque ella siempre consideró la poesía su primera lengua literaria.

La poesía de Elizabeth Landon es melancólica y responde al estilo de la poesía romántica inglesa que nos lleva al sentimentalismo, a la tristeza o enamoramiento que fue muy popular en su época pero que quizás hoy estén pasados de moda

Smolensk (Smolensko)

Cementerio de la iglesia de Smolensko
Ellos se reúnen, con el verano en sus manos,
El verano de sus valles distantes que traen;
Se reúnen alrededor de la iglesia en las bandas piadosas,
Con arreglo funeral, y el canto solemne.
Los muertos son sus compañeros, muchos días
Han pasado desde que se pusieron a su último sueño;
Y en el apuro de maneras concurridos de la vida
Pequeño espacio ha sido para la memoria de cumber.
Pero ahora el pasado vuelve otra vez, y la muerte
Pide, su triste homenaje de los vivos; 
Y los recuerdos que se cosecharon en el corazón,
Los tesoros guardados de horas más ocupadas están dando.
El kneeleth madre en una pequeña tumba
Y ve una cara dulce que brilla debajo de ella;
Ella ha traído a todos los principios de las flores que florecen 
En el pequeño jardín alrededor de la casa para enrruelle ella.
Amigo piensa en un amigo, y los jóvenes se vuelven otra vez
Para ese momento de sentimiento despertado;
Y las oraciones, las oraciones como nunca se levantan en vano,
Llame por el cielo a los que son atractivos. 
Es un rito supersticioso y viejo,
Sin embargo, tener mayor conexión con todas las cosas;
Oraciones, lágrimas, redimir un mundo tan duro y frío,

El futuro tiene la esperanza, el pasado su profundo afecto.

La traducción es de google, siento no haber encontrado el texto original para poder arreglar alguna frase descoordinada.

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lunes, 30 de marzo de 2015

“Poemas”, Consuelo Rodríguez, una poeta palmera

El amor se alimenta de la imaginación, que nos hace más sabios que lo que sabemos, mejores de lo que sentimos, más nobles que lo que somos; que nos capacita para ver la Vida como un todo, Oscar Wilde, De Profundis 

Conocí a Consuelo Rodríguez por uno de esos misteriosos azares de la vida. La conocí a través de las redes sociales, y en seguida me contó que ella escribía poesía y que tenía un nuevo libro titulado “Poemas”. Me invitó a presentarlo en la isla de La Palma, en Los Llanos de Aridane. Y la verdad, esa petición me pareció algo tan inocente y al mismo tiempo tan bello, teniendo en cuenta mi cariño por esta isla y por sus habitantes, que le pedí que me enviara un libro para leerlo. Desde la primera lectura, me propuse esbozar unas líneas. Presentarlo.

Porque “Poemas” es un libro cargado de amor y de nostalgia, de esa poesía que podríamos llamar romántica, que tiene una estrecha vinculación entre el paisaje y el alma de la poeta, de su proyección sobre el mundo. Un libro que me ha hecho recordar a aquella poesía que Antonio Machado escribió con gran desenvoltura.


Y no es de extrañar que Consuelo se salga del mundo convencional y se transporte a su origen, al lugar de su nacimiento, al encanto de bosque de pinos, sauces, almendros, agrupaciones fayal-brezal: al pueblo de Puntagorda. A una naturaleza donde se cumple ese dicho popular de que vivir en La Palma es solo para quien Dios se lo permite.

Y nos cante ese paisaje suyo: al barro como signo de fertilidad, al agua o a las flores, a la tarde o la noche, a la luna o las estrellas, todos ellos presentes en su obra. Oigamos a nuestra poeta:

Cuando el viento calla el suspiro
y pone alas a la penumbra,
yo sigo aquí para amarte,
así sin amarras, sin sogas ,
bebiéndome tus enjambres
contaminados de espuma.
Y cuando el agua corre deprisa, clara, potente,
entonces se hace mi amor más grande,
luminoso.
Cuando el miedo cubre mis párpados
fríos y las tinieblas corren mis mejillas,
entonces yo vuelvo a mirarte,
fijamente a los ojos y me digo:
Cuántas veces no adiviné tu rostro
calcando en un libro tu boca poderosa
y amante, buscando el beso, que me apartara
del silencio que me aterra.
Cuando yo cruzaba los mares de plomo
azul y venías con los pájaros cantando
melodías de sirenas de papel,
mi cuello hacía un collar de conchas.
Yo volvía a acariciar tus manos
hambrientas, y con la tarde calmaba
el latido del mantel encima de los muslos.
Entonces yo volvía a nacer
comenzaba a averiguar
las flores que la primavera había dejado en el camino.
Hoy, pobre, desanimada, urgente, vuelvo a los
almanaques para bautizar los días y solo encuentro
Números, letras,  ¿Habrá querido la primavera
ocultarse para siempre?

La lírica de Consuelo Rodríguez está construida en torno a ese paisaje de su infancia que nos va mostrando como refugio de su vida sentimental, del desencanto ante un destino que no la llevo a la nupcialidad, ni a la fecundidad. A una lírica basada en la sinceridad, en el amor, en el mirar la realidad como en un ensueño que la transporta a los cristales, a lo frío. A su casa y a sus muñecas anheladas. A la ventana de su niñez desde la que veía caer la lluvia, desde la que esperaba.

Esperaba con emoción, como la espera poética, del frío y la unión amorosa que plasmó Lorca en su poema “La casada infiel”: “Sus muslos se me escapaban como peces sorprendidos, la mitad llenos de lumbre, la mitad llenos de frío”
….Espero tu vuelta como la mañana espera/ el sol para enfurecerse/ con el grito opaco de los hombres, / espero sin remedio que seas tú el último/ Paisaje/ que acude a la mañana dejando herida/ esta lluvia humedecida/ que madruga en mi ventana...

La poeta no quiere negarse a los elementos poéticos de su isla: la lluvia, el viento, el frío, la hierba, el silencio… Elementos que no solo cobran protagonismo sino que conviven en su poesía como canales de sentimiento y de diálogo, quizás aprendidos  a través de los poetas que admira como Juan Ramón Jiménez, Neruda y el propio Lorca. O quizás como testimonio de una escritura autobiográfica:

Este dolor que crece/ con la hierba/ es remoto en mis días, /nació con la lluvia imperecedera/ de las hojas/ con la luz primera del habitáculo, / transformándose en ríos estelares/ o espacios nuevos. / Por eso no puedo negarme/ al mundo…/
Tampoco quiere negarse Consuelo Rodríguez, a las relaciones  humanas, ni al conocimiento inocente de lo íntimo, de sus recuerdos infantiles, tema recurrente como fuente de nostalgia, de paraíso perdido.
Y escuchamos:

Me quedo como una niña esperando el regazo/ bajo los tiernos árboles esperando el frío/ bajo las blancas nubes, esperando que/ rompieran a llover y llorando me abrigué/ para siempre bajo el pino que recuerdo, / en el lugar lejano que nunca hubo, / Descendieron como las estrellas a mis ojos/ cintas de colores, luces brillantes, juguetes, / muñecas anheladas y hadas de oro/ hasta que insinuando las mejillas rojas, / rompieron a caer lágrimas, y me detuve/ en el paraíso que el mundo me acercó/ como lánguidos fantasmas vestidos de sombras y luz.

El tema central del libro “Poemas” es el encuentro entre el amor y el desamor, sueños e irrealidades, la resistencia que esa pasión halla en el camino a través de herencias primitivas. El hecho humano convertido en sentimiento de ausencia, nostalgia y deseo de dialogar con el ser o los seres amados. El ansia de retorno.

…Y tú oculto atraviesas las cordilleras/ de la pequeña isla/ que la aurora/ ha contaminado/ entonces el sello de las cartas/ enmudece por siempre. Te esperaré y si no vuelves/ te escucharé sigilosa detrás de mí.

Consuelo Rodríguez está actualmente jubilada de la enseñanza y dedica su tiempo a la lectura y a escribir poemas.  Su quinto libro publicado por la editorial ArtGerus, luce una bonita portada e ilustraciones interiores realizadas por Goretti Rodríguez, una joven pintora autodidacta que, ha ilustrado libros para la E.S.O., para las escuelas de la Conserjería de Educación. Ha realizado también murales y exposiciones de pintura. Ha tallado en tea el escudo del Ayuntamiento de Puntagorda. Una familia de artistas, junto con su hermano Francisco Jonás, que hoy acompaña a su hermana Consuelo con unos acordes de contrabajo.

 “Poemas” de Consuelo Rodríguez es un libro que mantiene ese halo bucólico de la escritura sencilla, sensorial e intimista. Una poesía que da sentido a muchas cosas de la vida.

Foto portada del libro "Poemas" de Consuelo Rodríguez Rodríguez


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lunes, 16 de marzo de 2015

Relaciones sexuales, Zoofilia.

Leda y el cisne

Un golpe inesperado: las grandes alas baten
en la aturdida joven, las oscuras membranas
le acarician los muslos, siente el pico en su nuca
y la opresión del pecho en su pecho indefenso.
¿Cómo pueden los blandos, sobrecogidos dedos
apartar de sus muslos la emplumada grandeza?
¿Y cómo puede el cuerpo, envuelto en blancas ráfagas,
no sentir el extraño corazón palpitante?
Un espasmo en las ingles engendra con el tiempo
la muralla caída, la torre, el techo en llamas
y la muerte de Agamenón.
Tan sometida,
tan domeñada por la sangre bestial del aire,
¿tomó con su energía cierto conocimiento
antes que el pico indiferente la soltara?

William Butler Yeats – 1924,  Traducción de Antonio Rivero Taravillo

Los humanos somos capaces de humanizar todo lo que tenemos a nuestro alrededor, de sentir una llamada dulce, un cariño protector, compasión, piedad y deseo sexual, hacia objetos o animales.
Casi todos los estudiosos de la conducta sexual humana parecen estar de acuerdo en que la soledad, o la falta de un compañer@, o la torpeza en las relaciones sociales o el aislamiento, suelen ser las causas de que se produzcan relaciones sexuales entre personas y animales, hasta tal punto que muchos manifiestan que sus animales pueden llegar a ser más cariñosos, e interesantes que las personas que han conocido, y que los quieren más que a ninguna otra persona en el mundo.

Este tipo de prácticas también se encuentra en muchos de los mitos griegos, en los que se describen usos con animales domésticos como vacas o burras, ovejas, carneros o caballos y yeguas o gallinas, terneras…  Y también relaciones sagradas con animales totémicos como águilas, ocas, cisnes o serpientes. 

Los fenicios sentían un gran respeto por los dioses, sabían que tenían que agradarlos, porque podían ser crueles y vengativos. Por eso el culto religioso estuvo presente en todas las actividades de la vida cotidiana. Y se preocuparon de extender a los pueblos mediterráneos  sus costumbres, sus ritos religiosos y las relaciones sexuales con animales, tanto masculinas como femeninas, posiblemente para favorecer la fertilidad de los animales y para que la cosecha fuera abundante.

El sacrificio como acto ritual, ha acompañado estrechamente al propio concepto religioso. El tipo de ofrenda consistía en piezas de ganado, aves, o productos de tipo agropecuario, no obstante estos ofrendas podían llegar a su extremo más cruel con el ofrecimiento al dios, de víctimas humanas.
El pueblo romano presenciaba espectáculos en los que hombres y mujeres capturados eran expuestos a animales adiestrados para mantener relaciones sexuales coitales o anales con humanos, y ocasionalmente muertos, para regocijo y diversión de los espectadores.


En la época prehispánica, los indios del área andina, hombres y mujeres, eran dados a este vicio, con los animales que criaban. También se habló de la convivencia de india con perro y de indio con perro y de indio con mona. Los nicaragüenses eran propensos a la cópula con los chumpipes o pavos. Los andoas del Amazonas ecuatoriano fueron acusados por los jesuitas, de dedicarse a la bestialidad con “todo género de animales y pájaros “.

Entre los yuroba de Nigeria era costumbre que el varón copulase con el primer antílope que cazase. En la sociedad ponapé, de los estados Federados de Micronesia, se admite el uso de hormigas que, colocadas sobre el clítoris sirven como medio de satisfacción femenina, los hombres de esta cultura suelen lamer un pececillo vivo introducido a medias en la vagina de su pareja. 

En los famosos estudios de Kinsey (1948 y 1953) realizados con 8.000 hombres y 12.000 mujeres, un 3,6% de mujeres y un 8% de hombres reconocían haber tenido contactos sexuales con animales, de estos el 17% pertenecía al ámbito rural.

Las mujeres limitaban generalmente sus contactos a permitir que su gato o su perro les realizaran un cunnilingus, es decir, solían untarse la zona vaginal con miel o azúcar y permitían que el animal, con el que les gusta dormir, les lamiera hasta conseguir su orgasmo, pocas reconocieron realizar coitos con sus perros. Los hombres de vida rural, reconocían coitos con animales de granja como vacas, terneras, ovejas o cerdas; estas prácticas habían comenzado durante la niñez o la adolescencia, y solían ser la consecuencia de haberse sentido excitados a ver copular a estos animales.

Suecia no considera la zoofilia como delito siempre que el animal con el que mantienen relaciones sexuales no resulte dañado físicamente. A los libaneses les está permitido tener relaciones sexuales con animales hembras pero no con animales machos. Desde enero de 2012, hay 34 Estados en Estados Unidos que condenan explícitamente las relaciones sexuales con animales como crimen contra la naturaleza.

El mito de Europa se sitúa en la antigua Fenicia y relata cómo Europa, hija de Teiefasa y de Agenor o Fénix, (Mosch. II 30-99; Ovid. Met. II 875), que estando un día recogiendo flores junto a sus compañeras en las playas de Tyro o de Sidón, reparó en un toro de color blanco que pastaba entre los rebaños de su padre. La joven princesa, entre asustada y maravillada, se siente atraída por un animal tan bello y apacible y, no sospechando que se trata del propio Zeus/ Júpiter, que se ha metamorfoseado en toro para seducirla, le acaricia, le ofrece flores como pasto, le adorna con guirnaldas y termina por subir a su grupa. Y como colofón de toda una secuencia de seducción amorosa, que tiene su cénit durante la travesía marina, se consuma la unión junto a una fuente y bajo un plátano que, en recuerdo de estos amores, obtuvo el privilegio de no perder nunca las hojas.

Leda y el Cisne ha estado presente en los mitos clásicos, en los relieves etruscos del Museo Británico, en Leonardo da Vinci en 1505,  en la pintura moderna y contemporánea como Picasso René Magritte, De Chirico, Klee y en otros muchos. El pintor canario Néstor Martín-Fernández de la Torre realizó en sus años de juventud una representación del mito.

Pintura de KATERINA SPEVÁKOVÁ
 
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sábado, 14 de marzo de 2015

EXPOSICIÓN "ESTRELLAS DEL CINE DE ORO MEXICANO..

 CENTRO COMERCIAL EL MUELLE, Las Palmas de G.Canaria. Abierta hasta el 12 de abril

Hay personas que coleccionan joyas, coches, romances. Pero Andrés Padrón lo que ha coleccionado a lo largo de su vida ha sido fotos. Fotos de cine. Esa ha sido su pasión. Y lo ha hecho con tal ardor que se ha convertido en uno de los más importantes coleccionistas a nivel mundial,  reconocido por el escritor Terence Moix, el Director Luis García Berlanga o El Director de la Cinemateca francesa, entre otros.



Desde muy pequeño se sintió atraído por los artistas, tanto que me contó que cuando se rodó Moby Dick en Las Palmas de Gran Canaria, en las Navidades del 54-55, él se acercó a Gregory Peck y le pidió un autógrafo. Desde entonces no ha dejado de sorprenderse con los cromos que reproducían fotografías de las estrellas, con los programas de cine que repartían en el cine al comprar la entrada, con ese gran lienzo de la pantalla que iba descubriéndose entre el claroscuro y el silencioso clamor de la sala. No ha dejado de rejuvenecerse con las películas y de los excelentes intérpretes, de cómo las conoció, de los secretos y las anécdotas, de las fantasías y de aquel inalcanzable glamour. Y sus palabras nos demuestran, el entusiasmo y el sentimiento, esa pasión palpitante que siempre ha sentido por el Séptimo Arte.

Su vida ha estado dirigida por su gran amor y dedicación al cine y al coleccionismo cinematográfico. Ha estado llena de esas diosas del celuloide, de todo ese repertorio de mujeres de cuerpos ligeros y caras guapísimas,  alegres y  frívolas, desahogadas y locuaces, de esos mitos de carne y hueso y de azarosas vidas que parecían prometernos otro cielo. De imágenes que han dado vueltas y más vueltas al mundo y al horizonte de Andrés Padrón.

Porque Andrés Padrón junto con su mujer, Montse Rivero han coleccionado miles de fotografías, postales, revistas, carteles, guías publicitarias, documentación editada por los grandes estudios del cine, han visitado a numerosos artistas que se han convertido en sus amigos. Han seguido sus huellas y han recibido cartas dedicadas, de grandes figuras del cine.

La exposición que hoy se presenta ha sido posible gracias al Área Cultural Diego Casimiro, Centro Comercial El Muelle y Enmarcaciones Vidal. Forma parte de la recopilación que Padrón ha hecho a través de toda su vida. Hoy con una temática especial, México. Un país al que nuestro coleccionista adora, un país con él que estuvo en contacto durante casi cincuenta años a través de la empresa en la que trabajó Tropical Films de Canarias  como distribuidores exclusivos para España de la marca PELI- MEX, que exportaba todo el material de esta industria.

Y gracias a eso le permitió atesorar grandes retratos de estrellas como la gran María Félix, figura inmortal de la cinematografía mexicana y personaje mítico dentro de la cultura nacional o a Dolores del Río, de la que se cuenta que fue la primera artista mexicana en protagonizar películas en Hollywood y que llegó a ser considerada una de las mujeres más bellas de su tiempo. Imágenes también de Silvia Pinal, Jorge Negrete, Pedro Armendáriz, entre otros muchos.

Andrés Padrón nos descubre su universo: Retratos, caras y gestos, la vida y la belleza de numeros@s protagonistas de la Época de Oro del cine mejicano. Fotos de actores sociales y oficiales, directores, cuyo objetivo es adentrarnos al mundo de los sueños. La presencia de sus voces que se nos acercan, el eco lejano de las películas.

Hoy inauguramos fotografías históricas sobre el mundo del cine en México, imágenes perfeccionistas y tiernas que buscan reflejar la belleza y la elegancia. Retratos que nos transmiten sentimientos, que cobran vida, personajes de ayer y de hoy, unidos por una enorme carga de emoción. Figuras eternas de ese mundo paralelo, que es el cine. Estrellas que, de nuevo, vienen a nuestro encuentro.

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