viernes, 6 de septiembre de 2013

COLORES Y SENTIMIENTOS, Carmen Cruz.

Antes de que existiese la psicología, Goethe afirmaba que los colores actúan sobre el alma y 
pueden provocar tristeza o alegría.

La mirada de los seres humanos está influenciada por los colores, por sus simbolismos que usamos sin saber por qué. Estamos influenciados por las luces que nos rodean y por las sombras, por los matices que llegan a moldear nuestra vida, el modo de pensar, los gustos, los miedos, nuestro humor. El arte.

La obra pictórica que hoy nos presenta Carmen Cruz está basada en los colores y en su repercusión sobre los sentimientos, sobre los estados de ánimo de la pintora. Está basada en el acontecimiento, en el instante de la luz que nunca es igual. Por eso puedo decir que su creación es un juego sin objetivos, realizada por el placer de pintar, y en ese placer indaga en los sentidos, en el alegato de la circunstancia, en el color. En la reflexión en torno a la existencia que siempre es efímera.

Y en esa actitud ante la existencia se aproxima a la vida, a las playas, a la claridad, se impregna de los colores fríos, de los azules y a los negros y expresa con pinceladas moderadas una pintura urbana: una ciudad dormida y otra imaginaria. Celebra también los colores cálidos y el no color con sus oleos de dunas en tonos ocres y las playas de arena rubia y de arena negra. O realiza arriesgadas interpretaciones con empastes a base de espátula en verdes, amarillos. O nos ofrece la monótona panza de burro. La modulación del cielo. El horizonte.

Y pinta sobre el mar, las ondulaciones del agua, su movimiento soñoliento, las imágenes sinuosas, estimulantes, los reflejos artísticos que simulan la espuma o quizás sombras coronadas de matices más intensos. Esboza los contornos de una orilla y  plasma el curso sinuoso o geométrico de sus olas, el efecto del movimiento de un mar al llegar a la arena. Otras veces nos ofrece un mar embravecido en dos planos: mar y cielo dividiendo la composición que está organizada por pinceladas azules y pinceladas del color de la ternura erótica, del color del desnudo, del rosa. Y crea torbellino, el remolino de las profundidades con el  color que los psicólogos clasifican la sexualidad pecaminosa, con el violeta.

Y realiza un remolino de luces temblorosas que nos despierta la curiosidad, porque no parece que estemos ante una instantánea pictórica, sino ante un recuerdo.

Carmen Cruz ha renunciado a sus inicios figurativos, a aquellos que realizaba por allá por el 2.003 para enfrentarse al lienzo sin tener nada pensado, solo la intuición. Porque a ella le gusta dejarse llevar por el color, la comprensión de la luz, los juegos  ilusionistícos y la emoción. Pero sobre todo se deja llevar por los cromatismos que surgen desde su inconsciente, de un inconsciente hecho de colores y sentimientos.  
Fotos:
Carmen Cruz con su hija Laura y su primo el también artista plástico Luis Montull

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