lunes, 30 de septiembre de 2013

A UN CONSOLADOR

No me abandones por otro
me serás fiel mientras pague
y aunque lo nuestro se acabe
no me torturarás en el potro.
De un dildo eres la diosa
y yo ordeno y siempre mando
que te metas cualquier cosa
y te acabes masturbando,
Gozando…, gozando…   (Anónimo)

Los consoladores existen desde hace unos 2.500 años o más. Al principio eran de cuero, madera o vidrio. Los antiguos egipcios- los nobles se insertaban piedras preciosas y los pobres cantos del río bajo la piel del pene.  Entre los griegos y los romanos, así como en Egipto y Babilonia, el falo fue considerado como un infalible amuleto que protegía contra las miradas envidiosas, portadoras del mal de ojo.

En Pompeya hacían velas semejantes a enormes cipotes. Y antiguos manuscritos chinos explican cómo atar la base del miembro con seda para mantener la erección. (Una versión primitiva de los actuales anillos para el falo) En el lejano Oriente, se obsequiaban a los recién casados con dildos de marfil o de jade, cinturones para apretar el pene, las plumas para hacer cosquillas.

El vocablo consolador o dildo parece proceder del italiano diletto, que significa “deleite”  otros consideran que procede del inglés antiguo dill-doll, donde dill proviene de la palabra escandinava dilla que significa calmar.  Juguetes del sexo.

Pero el conocimiento de un vibrador probablemente tuvo su origen en el siglo XIX cuando al apoyarse las molineras contra los mangos vibrantes de la maquinaria del molino, descubrieron una inesperada ventaja de su trabajo. Algo parecido les ocurrió a las modistas con el prodigioso invento de las máquinas de coser.
El uso del término aparece por primera vez en el lenguaje inglés durante el siglo XVI, en las obras de teatro El alguimista de Ben Jonson y en El cuento de invierno de Willian Shakespeare.

…Karène se había puesto el pepino delante, como un sexo verde artificial. Ya no tenía que forzar al joven que se dilataba, asía el pepino y notaba un placer inaudito invadiéndola…
             “Historia de O”  de Dominique Aury que firmaba con el seudónimo de Pauline Rèage.

Uno de los primeros vibradores sexuales fue inventado por el doctor George Taylor en 1869 y fue llamado manipulador. En 1880, Joseph Mortimer Granville ideó y pateó el primer aparato electromecánico de forma fálica como instrumento terapeútico para efectuar el “masaje pélvico”. 

Hoy en día existen diversidad de vibradores que “consuelan”  que miman nuestro cuerpo con sus agitaciones, convulsiones o con el movimiento que estos producen; su animado meneo pueden ser en la actualidad de vibración, penetración o rotación, a diferentes velocidades, a pilas, enchufados a la red eléctrica o por control remoto. Algunos incluso pueden usarse bajo el agua. Los hay de goma blanda, látex etc. Que se retuercen y vibran. Los hay incluso dobles para la vagina y para el ano. O que brillan en la oscuridad. 

Estos valiosos estímulos sexuales desencadenan la excitación erótica en cualquier punto en el que existen terminaciones nerviosas, sobre todo en las zonas genitales de ambos sexos.

Sofía tenía su vibrador en la rodilla, algunas nos acercamos, queríamos tocarlo. El pene se movía suavemente, iba subiendo, llegaba a sus muslos. Sonaba de nuevo el Bolero, los cuatro compases se repetían una y otra vez. Se estremecían. Luisa aproximó su mano con timidez y llevó aquel artefacto a su túnel oscuro…
                                          “El séptimo cielo”  Rosario Valcárcel

Antonio Gómez, filósofo, médico y humanista español del siglo XVI, escribió que si dos mujeres cometían el crimen de sodomía contra la naturaleza “mediante aliquo instrumento materiali” debían ser quemadas, como dictó en un caso en que se vieron involucradas dos monjas.
Quizás por eso, en Francia al pene artificial pensado para la auto-satisfacción de la mujer, se le llame bijoux de religieuse”; alhaja o joya de monja.

Y lo curioso es que hoy  Dra. Mary Jane Minkin,  profesora de obstetricia y ginecología de la Universidad de Yale, recomienda encarecidamente el uso frecuente del vibrador a sus pacientes porque la estimulación mantiene saludable la zona genital, aumenta la humedad vaginal y facilita la respuesta sexual. Esta práctica puede ser en compañía y también solos.

En las personas adultas, la auto estimulación es una opción que gana adeptos con los años, bien por la dificultad para encontrar pareja sexual o sencillamente por la falta de motivación para establecer una relación. Esa ausencia de un compañero o compañera no tiene por qué suponer una renuncia al placer sexual y a gestionar los propios orgasmos.

Esta profesional, especialista en menopausia, tiene un enfoque muy en consonancia con los objetivos del nuevo mileno de la Asociación Mundial de Salud Sexual: Lograr el reconocimiento del placer sexual a través de los consoladores como un componente del bienestar
Como prevención de enfermedades como la sequedad vaginal y la atrofia dolorosa, para ampliar el universo erótico.


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