martes, 3 de marzo de 2015

PIES, ZAPATOS DE TACÓN, COMO FETICHE SEXUAL

A tus pies, /sublime fin de tus encantos/me hinco adorador y apasionado. / Amo la curva de tus plantas, / donde mis labios acuden presurosos / a beber el néctar de tu piel. (Anónimo)

 La historia del zapato comenzó a partir del año 10.000 a C. y ya en el siglo XVIII fue típico el fetichismo del calzado separado del pie. Había organizaciones que estudiaban devotamente los modelos de calzado femenino, y llegaban a verdaderos éxtasis cuando recibían como presente un zapato de la dama de sus sueños. Se decía que el calzado era andrógino, ya que la abertura para meter el pie era una vagina y su tacón un pene.


No deja de ser un tipo de parafilia que consiste en exteriorizar el deseo no en relación a una persona, sino a una parte de ella que desmenuza, escinde, deshumaniza. Toma parte de ella y la convierte en objeto de una especie de culto ideal erótico, hasta tal punto que esa parte se convierte en el único instrumento capaz de llevarte al orgasmo.

En el mundo occidental siempre han sido amantes del calzado, pero fue en la Inglaterra del siglo XIX donde la palabra fetichismo adquirió la categoría de nombre propio, cuando la represión victoriana y el puritanismo dieron origen a nuevas formas de expresión sexual. La campaña para ocultar el pie femenino bajo faldas ampulosas e interminables y botas ajustadas obtuvo tanto éxito que el mero acecho del tobillo de una mujer ya era causa de excitación y, por prolongación, sus zapatos o sus botines se convirtieron en símbolos de partes del cuerpo más ocultas y misteriosas, y el desear con vehemencia sus pies o su calzado, se convirtió en algo estrictamente mágico y prohibido.

El zapato y los pies han representado una sensual historia llena de fetichismo. No olvidemos la importancia de la talla del zapatito de cristal en la Cenicienta de Perrault o los coturnos de madera, que hacían caminar como muñecos a los actores que salían a escena en el siglo V antes de Cristo, y posteriormente el glam rock americano llevó al extremo con las plataformas de Kiss o las despampanantes drag queens de New York como RuPol.

Pero fue en el Reino Unido, donde se diseñó para la reina Victoria en 1840 las primeras botas de señora y, diez años más tarde ya existía un mercado clandestino de pornografía que mostraba espléndidos-ostentosos zapatos con 15 cm. de altura. También apareció la costumbre de beber champagne en los zapatos de las bailarinas. Y Christian Louboutin, francés y diseñador de zapatos, traslado su genio fetichista al cristal y convirtió su diseño en una reivindicación del zapato de Cenicienta como objeto de deseo absoluto. 

Hoy ha transcurrido más de un siglo de la existencia de revistas con nombres significativos como Hihg Heel Honeys y Super Spikes, y esos altos y estrechos zapatos fetiche ya no pertenecen solo al mundo de los travestidos y a las prácticas sadomasoquistas. Hoy, existen empresas que trabajan zapatos de tacones de todas las alturas imaginables, en líneas sexys, atrevidas, eróticas. Por algo llego a decir, Marilyn Monroe: «dale a una mujer los zapatos adecuados y podrá conquistar el mundo»
Lo cierto es que en Occidente la altura del zapato es símbolo de erotismo y de poder, insinuante y anguloso como una daga.  Sin embargo en  Oriente los pies son objeto del deseo desde el siglo X, pero el calzado recuerda más bien la lencería, realizado con retales de satén y suelas delicadamente bordadas. La emperatriz Taki, hija del emperador chino Song, nació con una malformación, con unos pies muy pequeños y obligó a sus cortesanas a disminuir sus pies, envolviéndolos con vendas, lacerándoles, para que no crecieran, (pies de loto),  como signo de respetabilidad. Esta costumbre fue abolida por un decreto imperial a comienzos del siglo XX.

Recordemos el zapato surrealista de tacón de Salvador Dali con un vaso de leche, o el zapato que eligió Luis Buñuel, con hebillas cuadradas de plata para la protagonista, Catherine Deneuve, en Belle de Jour. Realizó el director un gesto de especialista: Las hebillas son usadas tanto por los empleados con librea, como por las altas superioridades de la Iglesia. De este modo quiso simbolizar la doble vida de la protagonista, dama de día y criada de noche –en los placeres del amor.

Y en la gala de Las Drag Queens, concretamente, en  Las Palmas de Gran Canaria, los zapatos forman parte del espectáculo, de la vestimenta. Porque la finalidad de la Drag Queen es marcar un halo diferenciador, elegante, lujurioso. Y lo han logrado se ha convertido en una cultura tan atrayente que hasta uno de los grandes de la moda, el palmero, Manolo Blahnik ha sucumbido a los encantos, al arte de la exaltación y el deseo.

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