viernes, 6 de marzo de 2015

ELIZABETH BISHOP, la primera mujer en recibir el Neustadt International Prize for Literature.

 Nació en Worcester, Massachussetts el 8 de febrero de 1911 Muere el 6 de octubre 1979 en Boston. Es una de las más conocidas poetas de los Estados Unidos. Sus obras, que son relativamente pocas, siguen saliendo hoy en día en nuevas ediciones.

A pesar de no ser muy prolífica (en total publicó alrededor de 100 poemas en su vida), ganó un premio Pulitzer de poesía  en 1956 por su libro North & South — A Cold Spring, que agrupaba varios poemarios. Posteriormente recibiría el  Narional Book Award y el National Book Critics Circle Award así como dos becas de la Fundación Solomon R. Guggenheim y otra de la Ingram Merrill Foundation. En 1976, se convirtió en la primera mujer en recibir el Neustadt International Prize for Literature. 

En la sala de espera 
 En Worcester, Massachusetts,
acompañé a Tía Consuelo
a una cita con el dentista
y me senté a esperarla
en la sala de espera del dentista.
Era invierno. Anocheció
temprano. La sala de espera
estaba llena de personas mayores,
catiuscas y abrigos,
lámparas y revistas.
Mi tía estuvo dentro
lo que me pareció una eternidad
y mientras esperaba leí
el National Geographic
(ya sabía leer) y observé
las fotografías con atención:
el interior de un volcán,
negro y lleno de cenizas;
después aparecía vomitando
ríos de fuego.

Osa y Martin Johnson
vestidos con pantalones de montar,
botines y cascos de protección.
Un hombre muerto colgando de un poste
-“Gran Cerdo”, rezaba la inscripción-.
Bebés con las cabezas puntiagudas
enrolladas con vueltas y más vueltas de cuerda;
mujeres negras, desnudas, con los cuellos
enrollados con vueltas y más vueltas de alambre
como el cuello de las bombillas.
Sus senos eran horripilantes.
Leí todo esto sin pausa.

Demasiado turbada para parar.
Y después contemplé la portada:
los márgenes amarillos, la fecha.
De pronto, desde dentro,
surgió un ¡ay! de dolor
-la voz de Tía Consuelo-
ni excesivamente alto ni prolongado.
No me sorprendió en absoluto;
por entonces ya sabía que ella era
una mujer tímida, estúpida.

Tal vez debiera haberme sentido avergonzada,
pero no lo estaba. Lo que me tomó
completamente por sorpresa
fue que había sido yo:
mi voz, en mi boca.
Sin darme cuenta
yo era mi estúpida tía,
yo -nosotras- estábamos cayendo, cayendo,
con los ojos fijos en la portada
del National Geographic,
febrero, 1918.

Me dije: tres días
y tendrás siete años.
Estuve diciendo esto para detener
la sensación de estar cayéndome
del redondo, giratorio mundo
hacía un frío espacio azul marino.
Pero sentí: tú eres un yo,
eres una Elizabeth,
eres una de ellos.
¿Por qué tienes también tú que ser única?
Apenas me atrevía a mirar
para averiguar lo que yo era.
Eché un vistazo de reojo,
-era incapaz de mirar más arriba-
hacia las sombrías rodillas grises,
los pantalones y faldas y botas
y diferentes pares de manos
que yacían bajo las lámparas.
Sabía que nunca había sucedido
nada extraño, que nada
extraño podría suceder jamás.

¿Por qué debía yo ser mi tía,
o yo, o cualquier otra persona?
¿Qué afinidades
-botas, manos, la voz familiar
que había sentido en mi garganta, o incluso
el National Geographic
y esos terribles senos colgantes-
nos mantenían tan juntos
o nos hacían uno solo?
Cuan -no conocía ninguna
palabra para designarlo- cuan “improbable”…
¿Cómo había llegado yo hasta aquí,
igual que ellos, y había oído por casualidad
un grito de dolor que hubiera podido ser
peor y más estridente pero no lo fue?
La sala de espera era luminosa
y estaba demasiado caldeada. Se desvanecía
bajo una gigantesca ola negra,
otra, y otra más.
Entonces regresé.

La Guerra estaba en marcha. Fuera,
en Worcester, Massachussets,
había la noche y la nieve aguada y el frío,
y era aún cinco
de febrero, 1918.
*Versión de Roser Amills Bibiloni

In the Waiting Room

In Worcester, Massachusetts, / I went with Aunt Consuelo / to keep her dentist's /appointment / and sat and waited for her / in the dentist's waiting room. / It was winter. It got dark/ early. The waiting room / was full of grown-up people, / arctics and overcoats,/ lamps and magazines./  My aunt was inside/  what seemed like a long time/  and while I waited and read/  the National Geographic/ (I could read) and carefully/ studied the photographs:/ the inside of a volcano,/ black, and full of ashes; /then it was spilling over
in rivulets of fire…

La escritura de Bishop estuvo fuertemente influenciada por la poeta Marianne Moore.  Bishop viajó ampliamente y vivió en muchas ciudades y países, muchos de los cuales están descritos en sus poemas. Apunta el realizador brasileño Bruno Barreto al estrenar la película "Luna en Brasil". Su casa, Brasil "Era su santuario, su paraíso personal. Allí Elizabeth dejó que su poesía se impregnase de luz, colores y vida, con aquel derroche de sensibilidad visual, y Lota creaba y construía con la belleza y el ritmo de los poemas de Bishop".

Elizabeth tuvo varias relaciones con distintas mujeres y dos relaciones estables. La primera fue con la arquitecta brasileña, Lota de Macedo Soares. La otra gran relación de Elizabeth fue con Alice Methfessel, a quien Bishop conoció en 1971. Methfessel se convirtió en la pareja de Bishop y, tras su muerte, heredó los derechos literarios de la obra de su pareja.

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