lunes, 16 de marzo de 2015

Relaciones sexuales, Zoofilia.

Leda y el cisne

Un golpe inesperado: las grandes alas baten
en la aturdida joven, las oscuras membranas
le acarician los muslos, siente el pico en su nuca
y la opresión del pecho en su pecho indefenso.
¿Cómo pueden los blandos, sobrecogidos dedos
apartar de sus muslos la emplumada grandeza?
¿Y cómo puede el cuerpo, envuelto en blancas ráfagas,
no sentir el extraño corazón palpitante?
Un espasmo en las ingles engendra con el tiempo
la muralla caída, la torre, el techo en llamas
y la muerte de Agamenón.
Tan sometida,
tan domeñada por la sangre bestial del aire,
¿tomó con su energía cierto conocimiento
antes que el pico indiferente la soltara?

William Butler Yeats – 1924,  Traducción de Antonio Rivero Taravillo

Los humanos somos capaces de humanizar todo lo que tenemos a nuestro alrededor, de sentir una llamada dulce, un cariño protector, compasión, piedad y deseo sexual, hacia objetos o animales.
Casi todos los estudiosos de la conducta sexual humana parecen estar de acuerdo en que la soledad, o la falta de un compañer@, o la torpeza en las relaciones sociales o el aislamiento, suelen ser las causas de que se produzcan relaciones sexuales entre personas y animales, hasta tal punto que muchos manifiestan que sus animales pueden llegar a ser más cariñosos, e interesantes que las personas que han conocido, y que los quieren más que a ninguna otra persona en el mundo.

Este tipo de prácticas también se encuentra en muchos de los mitos griegos, en los que se describen usos con animales domésticos como vacas o burras, ovejas, carneros o caballos y yeguas o gallinas, terneras…  Y también relaciones sagradas con animales totémicos como águilas, ocas, cisnes o serpientes. 

Los fenicios sentían un gran respeto por los dioses, sabían que tenían que agradarlos, porque podían ser crueles y vengativos. Por eso el culto religioso estuvo presente en todas las actividades de la vida cotidiana. Y se preocuparon de extender a los pueblos mediterráneos  sus costumbres, sus ritos religiosos y las relaciones sexuales con animales, tanto masculinas como femeninas, posiblemente para favorecer la fertilidad de los animales y para que la cosecha fuera abundante.

El sacrificio como acto ritual, ha acompañado estrechamente al propio concepto religioso. El tipo de ofrenda consistía en piezas de ganado, aves, o productos de tipo agropecuario, no obstante estos ofrendas podían llegar a su extremo más cruel con el ofrecimiento al dios, de víctimas humanas.
El pueblo romano presenciaba espectáculos en los que hombres y mujeres capturados eran expuestos a animales adiestrados para mantener relaciones sexuales coitales o anales con humanos, y ocasionalmente muertos, para regocijo y diversión de los espectadores.


En la época prehispánica, los indios del área andina, hombres y mujeres, eran dados a este vicio, con los animales que criaban. También se habló de la convivencia de india con perro y de indio con perro y de indio con mona. Los nicaragüenses eran propensos a la cópula con los chumpipes o pavos. Los andoas del Amazonas ecuatoriano fueron acusados por los jesuitas, de dedicarse a la bestialidad con “todo género de animales y pájaros “.

Entre los yuroba de Nigeria era costumbre que el varón copulase con el primer antílope que cazase. En la sociedad ponapé, de los estados Federados de Micronesia, se admite el uso de hormigas que, colocadas sobre el clítoris sirven como medio de satisfacción femenina, los hombres de esta cultura suelen lamer un pececillo vivo introducido a medias en la vagina de su pareja. 

En los famosos estudios de Kinsey (1948 y 1953) realizados con 8.000 hombres y 12.000 mujeres, un 3,6% de mujeres y un 8% de hombres reconocían haber tenido contactos sexuales con animales, de estos el 17% pertenecía al ámbito rural.

Las mujeres limitaban generalmente sus contactos a permitir que su gato o su perro les realizaran un cunnilingus, es decir, solían untarse la zona vaginal con miel o azúcar y permitían que el animal, con el que les gusta dormir, les lamiera hasta conseguir su orgasmo, pocas reconocieron realizar coitos con sus perros. Los hombres de vida rural, reconocían coitos con animales de granja como vacas, terneras, ovejas o cerdas; estas prácticas habían comenzado durante la niñez o la adolescencia, y solían ser la consecuencia de haberse sentido excitados a ver copular a estos animales.

Suecia no considera la zoofilia como delito siempre que el animal con el que mantienen relaciones sexuales no resulte dañado físicamente. A los libaneses les está permitido tener relaciones sexuales con animales hembras pero no con animales machos. Desde enero de 2012, hay 34 Estados en Estados Unidos que condenan explícitamente las relaciones sexuales con animales como crimen contra la naturaleza.

El mito de Europa se sitúa en la antigua Fenicia y relata cómo Europa, hija de Teiefasa y de Agenor o Fénix, (Mosch. II 30-99; Ovid. Met. II 875), que estando un día recogiendo flores junto a sus compañeras en las playas de Tyro o de Sidón, reparó en un toro de color blanco que pastaba entre los rebaños de su padre. La joven princesa, entre asustada y maravillada, se siente atraída por un animal tan bello y apacible y, no sospechando que se trata del propio Zeus/ Júpiter, que se ha metamorfoseado en toro para seducirla, le acaricia, le ofrece flores como pasto, le adorna con guirnaldas y termina por subir a su grupa. Y como colofón de toda una secuencia de seducción amorosa, que tiene su cénit durante la travesía marina, se consuma la unión junto a una fuente y bajo un plátano que, en recuerdo de estos amores, obtuvo el privilegio de no perder nunca las hojas.

Leda y el Cisne ha estado presente en los mitos clásicos, en los relieves etruscos del Museo Británico, en Leonardo da Vinci en 1505,  en la pintura moderna y contemporánea como Picasso René Magritte, De Chirico, Klee y en otros muchos. El pintor canario Néstor Martín-Fernández de la Torre realizó en sus años de juventud una representación del mito.

Pintura de KATERINA SPEVÁKOVÁ
 
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