sábado, 21 de octubre de 2017

Dos poemas de Miguel Ángel Navarro Herrera


Amarillea, la luz, que recibe la piel de la tarde
Agachada, entre despojos, una mano,
desecha, apartando.
Busca premio.
Tal vez, una lata usada de pintura,
quizás un envase de huevos
o cartones
de cualquier clase.
En balcones y azoteas,

gastado,
en su aguacero, el aire corre,
destilando amianto
ausencias,
antenas colectivas.
Mientras, somnoliento,
dobla la esquina,
el buzón de los juicios,
 la papada de la indiferencia.
 Al fin,
 incandescente,
oscurece  la tarde.
                                                             


Nadie existe, aunque respire y lata
Y maldiga el día del eterno juicio.

Aleppo como tantas otras ciudades.
Aleppo de niños segados como tallos tiernos.
Aleppo de familias en carretas tristes.
Aleppo de bombas de racimo.
Aleppo de sirenas de emergencias.

Aleppo quizás nadie,
Ya nadie, que cuente,
Aunque respire.

Miguel Ángel Navarro Herrera nace en Las Palmas de G. Canaria en 1966. Participa en talleres de creación literaria. Y actualmente pertenece al Taller literario. Ha participado en varias antologías y en el 2016 el Centro Canario Estudios Caribeños –El Atlántico- edita su primer libro en la Colección Cuadernos La Gueldera con una preciosa portada de Elva Ramírez Brandón y un prólogo de Helio Ayala.

Felicidades a todos los que han hecho posible este atractivo libro y especialmente a Miguel Ángel Navarro Herrera, por ese recorrido que nos ha regalado a  través de calles y esquinas, de caminos concurridos o solitarios, limpios o repletos de basura.

Gravita Miguel Ángel Navarro Herrera, en lo cotidiano, en el encuentro de cosas insignificantes, en la trivialidad e incoherencia social de países en paz o en guerra. E igual que un testigo fiel, nos apunta esa parte triste, fea y dolorosa, nos muestra el encuentro de la belleza del verso en la soledad del mundo. Y nos conduce por los recovecos de “Las calles que habito”.


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