viernes, 24 de octubre de 2014

Giorgos Seferis

Dondequiera que vaya, Grecia me duele. Giorgos Seferis -Όπου και να ταξιδέψω η Ελλάδα με πληγώνει. Γιώργος Σεφέρης

La familia Seferis; Giorgos, posiblemente a la izquierda del padre, en Urla, la ciudad de la que procedía la madre. Pasaban el invierno en Esmirna y el verano en Urla.


Seferis, es uno de los grandes poetas del siglo pasado. Nace el 13 de marzo de 1900 en Esmirna (Turquía) y muere el 20 de septiembre de 1971 en Atenas.

JOVEN

Con el capitán Odiseo viajé un año,
fui feliz:
en el buen tiempo me acomodaba en la proa cerca de
 la sirena,
canté sus labios rojos contemplando los peces vola-
 dores,
en las tormentas me hundía en una esquina de la cala
 con el perro del barco que daba calor.
Al acabar el año yo vi una madrugada minaretes
y me dijo el patrón:
"Es Santa Sofía, te llevaré a la tarde de mujeres".
Así conocí las mujeres que sólo llevan medias;
aquellas que elegimos, desde luego.
Era un lugar extraño;
un patio con dos nogales, una parra, un pozo
y, en torno, la pared con cristales rotos en el borde.
Un canal cantaba "Al correr de mi vida".
Entonces vi por primera vez un corazón
traspasado por una flecha conocida
pintada con carbón en la pared.
Vi amarillas las hojas de la parra
caídas en la tierra,
pegadas al barro miserable, al pavimento,
y di un paso atrás para volver al barco.
Entonces el patrón me cogió por el cuello y me
 arrojó en el pozo:
¡qué caliente el agua y tanta vida en torno de la piel!
Después me dijo la muchacha jugando distraída con
 su seno derecho:
"Soy de Rodas, por cien duros me desposaron a los
 trece años".
Y el canal cantaba "Al correr de mi vida".
Me acordé del cántaro roto en aquella tarde fresca
 y pensé:
"¿Morirá también ésta, cómo morirá?"
Le dije solamente:
"Ten cuidado, vas a estropearlo y es tu vida".
Por la tarde en el barco no pude acercarme a la sirena,
 estaba avergonzado.

Seferis posa su mirada en las hendiduras del alma griega y se reafirma en que el mundo griego gira en torno a la impotente y silenciosa presencia del Mar Egeo. Como poeta busca la esencia de la helenidad, entiende la lengua griega como unidad desde la épica homérica hasta nuestros días, busca el equilibrio exacto entre la razón y la emoción, la armonía entre el ser humano y su entorno, las voces detenidas entre las piedras que susurran todavía en lengua griega.

ME PESA

Me pesa que he dejado que se me fuera de los dedos un ancho
río
sin haber bebido ni una gota.
Ahora me hundo en la piedra.
Un pequeño pino sobre la tierra roja,
no tengo más compañía.
Cuanto amé se ha perdido con las casas
que eran nuevas el pasado verano
y se derrumbaron con el viento de otoño.

Giorgos Seferis, está considerado como uno de los líricos modernos de mayor envergadura. Diplomático de profesión, conoció muy bien cuantas corrientes literarias se estaban gestando en Europa durante las primeras décadas del siglo, pero su gran obsesión poética tenía un tema más concreto: Grecia y la grecidad: la tradición helenística y la moderna Grecia. Como señaló Henry Miller, Seferis “es el hombre que ha atrapado este espíritu de eternidad que se encuentra en toda Grecia, por todas partes, y lo ha trasplantado a sus poemas.
En 1963 ganó el Premio Nobel de Literatura.

EPITAFIO

Los carbones en la niebla
Eran rosas con raíces en tu corazón
Y la ceniza te cubría el rostro
Cada mañana
Deshojando sombras de cipreses
Te fuiste el último verano.

EURÍPIDES, ATENIENSE

Envejeció entre las llamas de Troya
y las canteras de Sicilia.
Le gustaban las grutas en las playas y los paisajes del
 mar. 

Imaginó las venas de los hombres
como redes de los dioses donde nos atrapan como
 a fieras. 

Intentó romperlas.
Era agrio y sus amigos eran pocos;
y un día, le despedazaron unos perros. 


INVITÉ A  VICTOR JOSÉ GUINDO SINGH  A LEER ESTOS POEMAS DE SEFERIS Y A QUE DESPUÉS DE LA LECTURA NOS REGALARA UNO SUYO.  UNO DE ESOS QUE EL ESCRIBE CON UN GUSTO CASI OBSESIVO POR LA PALABRA. 

. MUCHÍSIMAS GRACIAS VICTOR Y UN BESO GRANDE. 


Víctor José Guindo Singh26 de octubre de 2014, 18:48
Nunca pude comprar carne

no de esa que viene con olores
a sudor ajeno, cotidiano...

Nunca pude visitar,
ni en secreto,
una Dama que otea el horizonte
en las agujas de un reloj
que repite la misma hora
de hora en hora y cada día...

No puedo izar velas en mi mástil
ni navegar las humedades
de un mar calcado de tantas latitudes...

me gusta tender las sábanas
de la mano de la que quiere
porque quiere conmigo, ahora...
y nadie puede creer
que no sea eso un privilegio...

... mejor un sólo día de un año
que nunca empieza por enero
que cambiar una boca
por un pedazo de metal
que marca el tiempo
de besar en fingidas humedades
que brotan de un oficio...

pero también fui demasiado joven,
por fuera,
y así por dentro aún
me desespero
desfallezco y añoro el puro olor
salvaje a voluntad
de aquella que
aunque huya me la llevo
conmigo...
No puedo evitarlo,
siempre me enamoro...



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