
El rey Pandión de Atenas ofreció en matrimonio al rey Tereo de Tracia una de sus hijas, Procne o Filomela, en agradecimiento por su ayuda en una batalla. Él escogió a la mayor, a Procne y tuvo un hijo con ella. La boda se celebró pero Himeneo, dios del matrimonio no asistió. Eso fue un mal augurio.
Pasados más de cinco años, Procne le muestra a su marido la cabeza de su hijo Itis, y le desvela que acaba de comérselo en un exquisito banquete preparado por ella en venganza por haber violado a su hermana Filomela.
Un problema
que comienza porque Procne, que vive en Tracia, se siente sola, lejos de su
hermana y Tereo por complacerla va a buscarla, pero arrebatado por las pasiones más bajas, la
engaña y la viola, después le corta la lengua y la encierra para que no
descubriera su pecado. Pero Filomela logró mandar a su hermana Procne un tapiz
bordado en donde le describía lo sucedido. Procne libera a Filomela y juntas
traman la reparación.
Al enterarse Tereo de lo ocurrido trata de matarlas, pero
los dioses ponen remedio y convierte a los tres en aves. A Tereo en abubilla, que dice que es un ave agresiva, a
Filomela en golondrina, pájaro mudo y a Procne en ruiseñor.
El mito
de Procne sirvió de inspiración al romance Blancaflor y Filomena, que deriva
de la leyenda mitológica de Philomela y Procne y, aunque conserva de modo
general el argumento y los personajes de la leyenda, incorpora novedades que lo
distinguen y apartan de la tradición erudita tanto clásica como hispana. Este
mito narrado por escritores clásicos como Ovidio, Demóstenes y Apolodoro, contó
también con una fuerte tradición en la península Ibérica.
Por las orillas del Duero /paseaba Isabel
bella/ con sus hijas de la mano/ Blancaflor y
Filomena. Pasó por allí Torquino/ y una de
ellas le pidiera. / -Casarás con Blancaflor/ que es
mi
hija la primera. /-Casaré con Blancaflor/ olvidando a Filomena. / De allí a
unos nueve
meses /Torquín
por allí volviera./ Buenas tardes tengáis
yerno./ -Visitada seáis, suegra./
-Preguntarte
quiero luego/ la mi hija como queda./ -la
su hija queda buena,/ con la barriga
a la
boca/ que parece una ballena; de mandado
de ella vengo/que me des a Filomena/
cuando vaiga a dar a luz/ quié verla a su
cabecera. ¿Cómo te la doy mi hijo/ no teniendo otra
más
que ella?/-Beberá del vino tinto/del
mejor vino de mi bodega/ y comerá del pan
blanco/
del mejor que haya en mi mesa./ Por las
palabras que has dicho/ llevarás a
Filomena./ Subiendo de un arroyuelo, bajando de una alameda/ bajó Torquín del
caballo/ y
la derribó de la yegua./ Estate quieto mi
cuñado/ que es el diablo que te tienta./ -Ni me
lengua./ Pasó por allí un pastor,/ de mano de
Dios viniera. / -Pastor, si traes papel/
Escríbeme aquí unas letras. / -El papel aquí
lo traigo, /la tinta en casa me queda./-Si
de tinta
serviría/ La sangre de la mil lengua/ escribes
a Blancaflor/ Y a mi madre Isabel bella/
Blancaflor de que lo supo/ Al momento
“amuviera”/ y el chiquillo que tenía/ La
guisó en
una
cazuela/ Para darle de cenar/ A Torquino
cuando venga./ -¿Qué me has dado
Blancaflor?/¿Qué me has dado en esta cena/ que
no hay cena en el mundo/que me gustará
como ésta?
Más te gustaban traidor/ los besos de Filomena. -Tú eres santa o
eres bruja/o
el diablo te lo dijera. /-Ni soy santa ni soy
bruja, / que por letras me viniera.
(Texto recopilado por J Díaz en Santiago de la Requejada, Zamora)
Fotos: Rubens, el banquete de Tereo. Filomea y Procne.
(Texto recopilado por J Díaz en Santiago de la Requejada, Zamora)
Fotos: Rubens, el banquete de Tereo. Filomea y Procne.
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