En memoria: A todos los pasajeros del vuelo y a Atteneri, Alejandro Dieppa y Aridane
Colgado de robles y encinas,
contemplo las alas rotas del avión,
botellas, papeles, colillas, maletas rotas.
que entonaban una
canción de despedida,
mientras el ángelus dormita.
Presa de premoniciones sostengo
en mis brazos gritos y llantos,
manos que se yerguen
hacia el techo del cielo.
Y sobre los pies mudos el derrumbe nos arrastra
al verso interminable de la vida.
Seres que fluían en una
pleamar ensangrentada,
en el sepelio de las tempestades.
Padres, madres, niños, novias,
el feto que se esconde en el cántico
silencioso de un Réquiem.
De mi libro "Himno a la vida".
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