sábado, 4 de julio de 2015

BOCAZAS

José M. Balbuena Castellano

Bocazas siempre ha habido a lo largo de la historia.  Personajes famosos, políticos, monarcas, intelectuales, periodistas, religiosos y religiosas, etc. han dicho y redicho frases, sentencias, chascarrillos y demás, de los que luego se han tenido que arrepentir o les han pasado factura, especialmente cuando se trata de dirigentes políticos que viven en democracia y esperan el voto de sus seguidores, o del pueblo llano.

El último aspirante a dirigente político que ha resbalado estrepitosamente  a causa de algo que vertió en twitter hace algún tiempo ha sido Guillermo Zapata, concejal de Cultura y Deporte del ayuntamiento de Madrid que lidera  Manuela Carmena. Ambos son de Ahora Madrid y consiguieron la alcaldía con la ayuda de Antonio M. Carmona, del PSOE, que pidió inmediatamente la dimisión de Zapata. Carmen, que me parece una persona seria y consecuente, evitó que Zapata continuara en el puesto para el que había sido elegido. Por bocazas

Carmena tiene tras de si un curriculum excelente: Premio Nacional de Derechos Humanos, Vocal del Consejo General del Poder Judicial, una de las findadores de Jueces para la Democracia, miembro de la Fundación Alternativas, etc. y pretende desarrollar su gestión de forma correcta.

A Zapata que no se le ocurrió otra cosa que hacer chistecitos sobre el holocausto de los judíos, o de Irene Villa, víctima del terrorismo etarra. “Han tenido que cerrar el cementerio de las niñas de Alcásser para que Irene Villa no vaya a por repuestos”, decía. No constitye ningún eximente el que haya realizado tales comentarios, a través de twitter, en  2011, cuando no era aún edil. Pero ha reconocido que siempre la ha gustado el humor negro y cruel. No es una inclinación y disposición mental adecuada para llevar nada menos que dos áreas de sumo interés en una ciudad tan importante como Madrid. Imagínesense que al contemplar alguna actividad realizadas por disminuidos físicos o síquicos se vea tentado de expresar lo que piensa en las redes sociales, tan de moda. O que haga chascarrillos sobre la cultura, ya de por si bastante desprestigiada en este país, donde todavía existen brotes de analfabetismo, al menos relativo, bastante indiferencia o propensión a los continuos cambios en materia educativa y falta de apoyo a lo que constituyen “las bases del progreso”. Y eso no es para tomárselo a broma.

Lo peor de todo  es que todavía se utilizan algunos medios informativos  (que para mí son “deformativos”) para prodigar el insulto, el desprestigio, las insidias  y opiniones carentes de solidez y de trascendencia social o ética.  Es lo que se denomina la tele basura, que también podría aplicarse a radio basura o prensa basura,que tampoco falta. Está muy bien la libertad de expresión para denunciar injusticias o defender la democracia, o cualquier otro valor que merezca la pena, pero hay que poner un límite personal a lo que se puede, o se debe decir, a través de los medios informativos o las llamadas redes sociales. De no ser así, podría convertirse en libertinaje y ser nocivo para colectivos, instituciones o para alguna persona determinada o inductores de acciones llevadas a cabo por fanáticos  e irresponsables. Además, se  emplea con mucha frecuencia toda esa red de comunicación personal  para fines no humanitarios e irrespetuosos. Con el agravante de que muchos menores pueden acceder a contenidos peligrosos, sin que a veces los padres se percaten ni se ocupen de prevenirlos.


Con el móvil, los WhatsApps, Twitters, Facebooks y todas esas aplicaciones de mensajería instantánea, cualquier cosa que se escriba, se diga o se grabe llega inmediatamente al más alejado rincón del mundo. Todo queda luego grabado y es difícil desdecir lo que ya se ha dicho o enviado.De ahí la importancia de calibrar muy bien lo que se pretende emitir para que nadie se sienta aludido u ofendido Un uso responsable de estos medios en siempre aconsejable, y no ser, a través de ellos, un auténtico bocazas.

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