Por Laura Ferrero Carballo, periodista
Empezaré confesando que no he visto la película pero que tengo ganas de hacerlo. ¿Está mal? No, creo que no. ¿Tengo que decir que Cincuenta sombras es una basura para quedar bien? Empiezo a estar un poco cansada de que desde el Olimpo de la crítica sigan pontificando acerca de lo que es o no bueno leer/ver, etcétera. ¿Que la película fomenta la humillación? Venga, va. Lo curioso del fenómeno de Cincuenta sombras es que frente a los fanáticos de la trilogía o de los personajes, nos encontramos a los moralistas, que se echan las manos a la cabeza por “el modelo” que representa Christian Grey: un hombre dominante, controlador, posesivo… Vamos, el típico macho alpha que aparecía en los anuncios de Soberano hace unos años.
Que sí. Que es necesario avanzar y dejar esterotipos
caducos atrás. Pero podríamos empezar por decir algo tan revolucionario como
que se trata de una ficción. Ni Christian Grey ni Anastasia existen. Es una
historia, un Pretty Woman del momento. ¿Alguien piensa
que Pretty Woman es una oda a la prostitución? No. Es un
cuento de hadas. ¿Fomentó Nabokov la pederastia con Lolita? Nunca
se me había ocurrido que una de las novelas más bellas de la literatura
escondiera un mensaje subliminal que animará a la práctica deleznable de
la pederastia. Son ficciones. Yo sigo viendo Pretty Woman una
vez al año, me sigo enamorando de Telma y Louise, y no pienso
en largarme con mi mejor amiga y tirarme por el cañón del Colorado.
Cuando escuché las barbaridades que se dijeron en torno
al estreno de Cincuenta sombras pensé que nos estábamos
volviendo un poco locos. En su momento, cuando la trilogía de E. L. James
apareció, se comentaba que había dado un vuelco a la vida sexual de muchas
parejas. A la mía no, ya os lo digo. Pero si lo hizo con la de otros,
bienvenido sea, ¿no? ¿O es que también eso es malo? Cincuenta sombras no
fomenta la violencia de género ni el machismo. Eso, cada uno lo fomenta en su
casa si quiere, pero, desde luego, una película no es nada más que eso: una
ficción. La gente ya es suficientemente mayorcita para pensar por sí misma. Como
nos decía nuestra madre cuando éramos pequeños: “¿qué pasa, que si fulanito se
tira por la ventana tu también?”.
En fin. Mi idea no era la de hacer una apología de una
película que no he visto pero, en ocasiones, me parece demasiado fácil ir por
ahí colocando etiquetas a las cosas. Que la película sea buena o mala no lo sé.
Ahí ya no entro. Pero estaría bien dejar de perder el tiempo y cargar las
tintas contra otros contenidos mucho más ofensivos para “la humanidad” y que
estos sí que fomentan prácticas deleznables. Y no, no voy a nombrarlos. Solo
hace falta ponerse a ver el telediario al mediodía.
