jueves, 26 de febrero de 2015

Quién teme a Christian Grey

Por Laura Ferrero Carballo, periodista 

Empezaré confesando que no he visto la película pero que tengo ganas de hacerlo. ¿Está mal? No, creo que no. ¿Tengo que decir que Cincuenta sombras es una basura para quedar bien? Empiezo a estar un poco cansada de que desde el Olimpo de la crítica sigan pontificando acerca de lo que es o no bueno leer/ver, etcétera. ¿Que la película fomenta la humillación? Venga, va. Lo curioso del fenómeno de Cincuenta sombras es que frente a los fanáticos de la trilogía o de los personajes, nos encontramos a los moralistas, que se echan las manos a la cabeza por “el modelo” que representa Christian Grey: un hombre dominante, controlador, posesivo… Vamos, el típico macho alpha que aparecía en los anuncios de Soberano hace unos años.

Que sí. Que es necesario avanzar y dejar esterotipos caducos atrás. Pero podríamos empezar por decir algo tan revolucionario como que se trata de una ficción. Ni Christian Grey ni Anastasia existen. Es una historia, un Pretty Woman del momento. ¿Alguien piensa que Pretty Woman es una oda a la prostitución? No. Es un cuento de hadas. ¿Fomentó Nabokov la pederastia con Lolita? Nunca se me había ocurrido que una de las novelas más bellas de la literatura escondiera un mensaje subliminal que animará a la práctica deleznable de la pederastia. Son ficciones. Yo sigo viendo Pretty Woman una vez al año, me sigo enamorando de Telma y Louise, y no pienso en largarme con mi mejor amiga y tirarme por el cañón del Colorado.

Cuando escuché las barbaridades que se dijeron en torno al estreno de Cincuenta sombras pensé que nos estábamos volviendo un poco locos. En su momento, cuando la trilogía de E. L. James apareció, se comentaba que había dado un vuelco a la vida sexual de muchas parejas. A la mía no, ya os lo digo. Pero si lo hizo con la de otros, bienvenido sea, ¿no? ¿O es que también eso es malo? Cincuenta sombras no fomenta la violencia de género ni el machismo. Eso, cada uno lo fomenta en su casa si quiere, pero, desde luego, una película no es nada más que eso: una ficción. La gente ya es suficientemente mayorcita para pensar por sí misma. Como nos decía nuestra madre cuando éramos pequeños: “¿qué pasa, que si fulanito se tira por la ventana tu también?”.


En fin. Mi idea no era la de hacer una apología de una película que no he visto pero, en ocasiones, me parece demasiado fácil ir por ahí colocando etiquetas a las cosas. Que la película sea buena o mala no lo sé. Ahí ya no entro. Pero estaría bien dejar de perder el tiempo y cargar las tintas contra otros contenidos mucho más ofensivos para “la humanidad” y que estos sí que fomentan prácticas deleznables. Y no, no voy a nombrarlos. Solo hace falta ponerse a ver el telediario al mediodía.