sábado, 7 de febrero de 2015

Elizabeth Barrett Browning, el amor en un baile de acercamientos y alejamientos

Aléjate de mí.
Aléjate de mí. Mas sé que, para siempre,
he de estar en tu sombra. Ya nunca, solitaria,
irguiéndome en los mismos umbrales de mi vida
recóndita, podré gobernar los impulsos

de mi alma, ni alzar la mano como antaño,
al sol, serenamente, sin que perciba en ella
lo que intenté hasta ahora apartar: el contacto
de tu mano en la mía. Esta anchurosa tierra

con que quiso alejarnos el destino, en el mío
deja tu corazón, con latir doble. En todo
lo que hiciere o soñare estás presente, como

en el vino el sabor de las uvas. Y cuando
por mí rezo al Señor, en mis ruegos tu nombre
escucha y ve en mis ojos mezclarse nuestras lágrimas.

Elizabeth Barrett Moulton-Barrett nació el 6 de marzo de 1806 en Durham, Inglaterra. Fue una chica cultivada, había leído antes de los diez años numerosas obras de Shakespeare, pasajes del Paraíso perdido, y la historia de Inglaterra, Grecia y Roma.
A partir de 1822, el interés de Elizabeth Barret se centró cada vez más en lo intelectual y literario, estableciéndose en el 50 de la calle Wimpole en Londres. En 1838 aparecieron “El serafín y otros poemas”, el primer volumen de la poesía madura de Elizabeth que vio la luz bajo su propio nombre. Su salud la obligó ese mismo año a mudarse a Torquay en la costa de Devonshire. Edward, su hermano favorito, se fue con ella. Su muerte por ahogamiento ese mismo año fue un tremendo golpe que la postró durante meses y del que nunca se recuperó completamente.
Sin embargo la colección de poemas que publicó Elizabeth en 1844 la convirtieron en una de las escritoras más populares, y llevaron a Robert Browning a que la escribiera diciéndole lo mucho que le gustaban sus poemas. Fue uno de los noviazgos más famosos de la literatura.

La mejor cosa del mundo

¿Cuál es la mejor cosa del mundo?
Las rosas de junio perladas por el rocío de mayo;
El dulce viento del sur diciendo que no lloverá;
La Verdad, con los amigos despojada de crueldad;
La Belleza, no envanecida hasta agotar su orgullo;
El Amor, cuando somos amados de nuevo.
¿Cuál es la mejor cosa del mundo?
Algo fuera de él, pienso.
¿De qué modo te quiero?

¿De qué modo te quiero? Pues te quiero
hasta el abismo y la región más alta
a que puedo llegar cuando persigo
los límites del Ser y el Ideal.

Te quiero en el vivir más cotidiano,
con el sol y a la luz de una candela.
Con libertad, como se aspira al Bien;
con la inocencia del que ansía gloria.

Te quiero con la fiebre que antes puse
en mi dolor y con mi fe de niña,
con el amor que yo creí perder

al perder a mis santos... Con las lágrimas
y el sonreír de mi vida... Y si Dios quiere,
te querré mucho más tras de la muerte.

Murió entre los brazos de su marido el 29 de junio de 1861. Está enterrada en el cementerio protestante de Florencia.

Ninguna otra poetisa alcanzó el prestigio de Elizabeth entre los lectores cultos de Estados Unidos e Inglaterra en el siglo diecinueve. Su poesía tuvo un tremendo impacto en las obras de Emily Dickinson que la admiraba profundamente.
Obra: “El Lamento De Los Niños” (1841) “Poemas” (1844), “El Galanteo De Lady Geraldine” (1844), “Sonetos De La Portuguesa” (1850), “Las Ventanas De La Casa Guidi” (1851), y “Aurora Leigh” (1856).

“Poemas Antes Del Congreso” (1860) fue su último libro antes de que Elizabeth, sin duda alguna una de las poetas más importantes de la historia de la literatura inglesa, falleciese en brazos de su esposo en Florencia el 29 de junio de 1861. Tenía 55 años. De manera póstuma apareció “Últimos Poemas” (1863).

Facebook/rosariovalcarcel/escritora