sábado, 21 de febrero de 2015

El ritual de la seducción corporal. Trailer de película Instinto Básico

https://www.youtube.com/watch?v=wLGx5YT6sOg

El cuerpo humano crece desde lo pequeño de la infancia a lo grande de la madurez, Paul Auster.

De acuerdo con la opinión de profesionales en psicología y sociología, el cuerpo delata diferentes sentimientos y expresiones a través de gestos o movimientos, por lo que hay que tener una gran cautela con la imagen que damos a los demás, con nuestra piel, con el movimiento de las manos o cómo nos cepillamos el pelo o mostramos nuestra nuca. Ese lenguaje no verbal es un ritual de seducción que sirve para enviar posibles señales de aceptación o de rechazo.

 No hay que olvidar que el cuerpo humano es inmenso en sus formas y manifestaciones, que vive en la mente de quien lo posee y en la mente de quien lo percibe. Y necesita que lo miren y que lo toquen. Necesitamos la sonrisa, el parpadear, los apretones de manos, el escote o la voz, porque todo ello son nuestras emociones, la que transmitimos y las que sentimos en ese momento, por eso es importante que al hablar nos creamos lo que decimos para transmitir credibilidad.

El cuerpo humano además es un instrumento de conocimiento que podemos usar como ritual de seducción. Habita en el reino de la imaginación o de la excitación como el descruce de piernas que hizo en 1992, la actriz Sharon Stone en su personaje de Catherine Tramell durante el interrogatorio de Instinto Básico, película que protagonizó junto a Michael Douglas. Porque el cuerpo humano es inmenso en sus formas y manifestaciones. No hay que olvidar que para Freud el primer objeto de seducción erótica es la mirada del bebé al pecho de su madre que lo amamanta. Existe una gran belleza cargada de sexualidad, afirmó el psicólogo.

La nuca es la parte del cuerpo femenino que los japoneses consideran más atractiva en una mujer. Por esa razón las mujeres elegantes de Japón, geishas y prostitutas incluidas, prestan especial atención a la base de su cabeza, cuidando su tersura tanto o más que la de su rostro, la empolvan y aromatizan para resultar sexys o misteriosas. Ya que consideran que el misterio es lo realmente seductor. No es una cuestión de sexualidad, sino el aprendizaje de un arte.

Los antiguos egipcios querían tener los ojos grandes pues suponía un distintivo de belleza, por lo que los alargaban gracias al maquillaje. El jugar con la mirada es un reflejo del alma, pero un mal uso de la mirada puede provocar desconfianza. Algunas estadísticas demuestran que la parte más atractiva para un hombre en una mujer son los ojos.

El Color de los ojos

Corazón que, en tiernos años,
por unos ojos te pierdes;
para entender sus amaños,
no mires sin son castaños,
negros, azules o verdes,
que todos los colores
por la expresión iguales,
reflejan los amores;
sin que distingas en sus cristales
a los leales
de los traidores.
Ojos que miran amando,
miran siempre convenciendo;
y, aunque apagarlo simulen,
siempre el amor salta dentro.
Y ni son los matices ni los colores
lo que a los ojos hace tan bellos;
sino el rayo de amores
que luce en ellos.
“Dame tu amor... o me mato!”
dicen unos ojos negros;
y dicen unos azules:
Dame tu amor... o me muero!”
Y aunque apagarlo simulen,
siempre el amor salta dentro;
y ojos que miran amando,
miran siempre convenciendo.
Y todos sus colores,
por la expresión iguales,
reflejan los amores;
sin que distingas en sus cristales
a los leales
de los traidores, Eulogio Florentino Sanz, (1822, 1881)

Es un poema de circunstancias, humorístico y muy extenso (313 versos), redactado para el periódico El Belén, en donde Sanz intercaló un pasaje muy bello que consiguió divulgación independiente, con el título de El color de los ojos, publicado, por ejemplo, en el Almanaque de Las Novedades para 1860

Eulogio Florentino Sanz y Sánchez, nació en Arévalo, provincia de Ávila, 1822 y murió en Madrid en abril 1881, político, diplomático, traductor, periodista y escritor español del Romanticismo. En la actualidad se le recuerda casi exclusivamente por sus magníficas traducciones de leader alemanes, especialmente de Heine y Goethe, y no tanto por su poesía original.

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