lunes, 6 de febrero de 2012

Bienaventurado


A mi isla adoptiva La Palma y a la elegancia y sutileza de sus vinos

 El alcohol ha sido hecho para soportar el vacío del Universo, el mecimiento de los planetas, su rotación imperturbable en el espacio, su silenciosa indiferencia en el lugar de vuestro dolor.
Marguerite Duras

En la antigua Benahoare las húmedas
bodegas renacen. Se juran las pipas.

Jóvenes y viejos pisan las uvas en antiguos lagares
resuenan tañidos de alegría, fluyen círculos
de espuma, libaciones, cohetes y saltapericos,
se mecen en una aureola.
Licuan la oscuridad.

De la uva sale el vino, de la aceituna el aceite…

Las grajas con ojos enamorados nos visitan,
danzan sobre el jugo de las bacanales,
sobre las esmeraldas y los rubíes.
Todos sorben el líquido hilarante
ahuyentan miedos y pesares. Juguetea la infancia:
Saran Martín, tirín, tirín…

Huele a vino, a cochino a la brasa y a tomillo,
reavivan los rescoldos, la algazara,
se escancian copas, brindis. Se escuchan
bucios, canciones sentidas, los latidos
las brujas, las profecías,
las ánimas benditas.

El vino, diabólica tentación de los dioses
nos rodea con brazos apasionados,
nos transporta a regiones soberanas, al fluir
de las épocas, a emociones irracionales,
a la embriaguez de Lot. Nos permite
acarrear la vida, desafiar nuestro destino.
Alejarnos de la muerte.

De la uva sale el vino, de la aceituna el aceite…

Degustan los caldos, los deseos insinuantes,
las castañas tostadas, los estremecimientos.
Viven sus sueños, retienen el aliento,
evocan décimas y romances.
Y entre el estallido de los fuegos que
semejan nuestra propia vida, resuena
la memoria de los rezos.

Y cantan  a coro:
¡Bienaventurado el vino de nuestra tierra palmera!
Saran Martín, tirín, tirín…



Este poema ganó el primer premio en las Jornadas de la viña y el vino de S. Martín 2.011, organizada por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen de "Vinos La Palma".