domingo, 2 de diciembre de 2012

Pulseras de sexo


           Me trae pulseras
           me trae anillos
           me trae vestidos para vestir.

  (canción infantil para jugar a la pelota)

 Hace ya algunos meses me enviaron un mensaje, una especie de cadena de esas que circulan por Internet, de esas cadenas que se repiten día a día.  Y me dio pavor.  Se titulaba “Pulseras del sexo”.
     El artículo venía acompañado de unas fotos de unas pulseras que por lo visto se han puesto de moda y que aparentan ser abalorios, accesorios para adolescentes, aros sencillos hechos con silicona que se adquieren por docenas en cualquier tienda de moda.
      Pulseras coquetas con atractivos colores que según el informe puede provocar encuentros no deseados o indicar los gustos y las tendencias sexuales de quienes las llevan en la muñeca. Un juego peligroso, un juego sexual, un juego disparatado que puede terminar en un recuerdo triste.
     Funciona según los colores a modo de semáforo e indica las preferencias amorosas o sexuales como si las pulseras pudieran leer los apetitos y los deseos más ocultos. Por ejemplo el color amarillo podría significar abrazos o el púrpura, besos.  Se trataría de un juego erótico más, de una relación curiosa si no fuera porque muchas veces caen en manos de chic@s que las usan como amuletos o porque simplemente son muy bonitas o hacen juego con su vestimenta sin sospechar en ningún momento del posible doble significado.
     Dicen que esta moda nació hace algunos años en el Reino Unido y que en los 80 Madona tenía sus brazos llenos de ellas. Ahora parece que se ha instalado en Brasil y el diario “The New York Times” ha hecho referencia al asunto. Incluso decía el informe que en algunos colegios se ha tratado de prohibir esas pulseras conocidas como “jelly bracelets” 
     La vida se divide en realidad y ficción y a mí me gusta la inocencia de los jóvenes, me gusta que vayan descubriendo poco a poco las emociones, pero este mundo por el que hoy transitamos, se vive con tal intensidad que algunas veces parece que no hay refugios para el candor, que todo debe ser razonamiento. Y que no debemos bajar la guardia con nuestros menores, porque como decía Galdós en “La batalla de los Arapiles”: para qué habrá hecho Dios el mundo tan grande, tan sumamente grande, porque esta inmensidad de creación solo favorece a los pillos.
      Hoy las imágenes de mi infancia han bullido en mi mente y me he acordado de cuando éramos pequeñas y enhebrábamos pulseras con pipas de calabaza y las pintábamos de mil colores, me he acordado de un cuento de Gloria Fuertes que hablaba de una chica llamada Yoon que quería jugar con sus amigos del colegio a la comba y esperaba que su madre le regalara una por su cumpleaños. Pero su madre en vez de regalarle una soga le regaló un cuento que hablaba de una niña que se deja engañar por un tigre y una preciosa pulsera de jade que le perteneció, y que ella misma heredó de su madre. El jade es el símbolo de la amistad y la verdad.  
         Por eso el día que una compañera suya le propone jugar a la soga a cambio de su pulsera, Yoon, se da cuenta de que ha sido engañada como el personaje de su cuento.
         No sé si será verdad toda esta historia de las pulseras del sexo, quizás sea simplemente una leyenda urbana, quizás sea una broma pesada, pero la realidad es que circula por Internet y que los medios de comunicación se han hecho eco de ello.
        Y lo peor es que noticias como estas nos mete el miedo en el cuerpo, ya que yo de tanto leerlo he terminado por creérmelo.
 Facebook/rosariovalcarcel/escritora;  www.rosariovalcarcel.com