lunes, 31 de diciembre de 2012

Análisis de Leandro Pinto sobre "Moby Dick en Las Canteras Beach", mi último libro

Un cachalote en Las Canteras

"Moby Dick en Las Canteras Beach". Anroart Ediciones. 2012
A través de la editorial Anroart nos llega la nueva novela de Rosario Valcárcel, en este caso alejada de las temáticas eróticas con que nos deleitara en el pasado. "Moby Dick en Las Canteras Beach" es un delicioso recorrido por una época muy especial en el devenir de nuestras islas y, muy especialmente, de la zona en la cual se ubica la playa de Las Canteras. El rodaje del mítico film de John Huston en los años 1954 y 1955 sirve a la autora de vehículo conductor para una novela que nos ofrece diversas vertientes emocionales: tierna por momentos, cruda en muchos otros, a modo de curioso anecdotario de una época y de fidedigno documento histórico, salpicado de historias que nos llevan a la reflexión y a la empatía con los personajes, en especial con María Teresa, la adolescente protagonista a través de cuya voz Rosario nos acerca toda la historia.
La autora ubica cronológicamente el inicio de la narración en los prolegómenos de la llegada de la delegación hollywoodiense a tierras canarias. La expectación en la población de las islas ante el advenimiento de técnicos, actores y de todo el personal encargado de rodar la película ya dota al relato de un halo muy especial. El ramillete de emociones que florece en el ánimo del personaje principal no solo nace de la posibilidad de conocer en persona al gran Gregory Peck (protagonista absoluto de todos sus sueños por aquellos días) sino por establecer contacto con el mundo del cine, tan admirado por ella, y que siente tan lejano hasta la llegada de la delegación al aeropuerto de Gran Canaria. Al mismo tiempo, y con singular maestría, la autora intercala lo que es el despertar de María Teresa al primer amor, los besos furtivos, las expectativas de sus padres respecto a su novio, su relación con su hermana, todo lo relativo al contacto con las personas durante la etapa de crecimiento de la protagonista. Todo ello combinado con el frenesí de entusiasmo desbocado que invade a las gentes ante el acontecimiento histórico.

Debo decir que resulta un ejercicio harto agradable la lectura del libro seguida del visionado de la película. Hacía unos cuantos años que no paladeaba el film de Huston, y me ocurrió que pude disfrutarlo una vez más y desde un enfoque distinto, conociendo ya los entretelones que la deliciosa narración de Rosario me abrió durante el proceso de lectura. La autora rinde, además, un respetuoso homenaje a la novela de Melville en que se basa la película, un libro magistral que, a ratos, también es un completísimo manual sobre la naturaleza y las diferentes clasificaciones de los cachalotes, basada en la propia experiencia del autor como ballenero. La forma que tiene Rosario de introducirnos en este mundo y de dar cierta continuidad a la instrucción ofrecida por Melville es a través de los pensamientos y las reflexiones solitarias de una María Teresa conmovida por todo lo que la rodea, situación que la lleva a cavilar sobre la naturaleza libre y al mismo tiempo desgraciada de las ballenas blancas. La narración traza una distinción clarísima entre cachalotes y orcas, y adorna el enfrentamiento con un puñado de estremecedoras aventuras oníricas por parte de la protagonista; es entonces cuando la novela se vuelve más dura, cuando la máscara de fantasía cae y nos revela el poder aterrador de la naturaleza y su origen descarnado, así como su ineluctable destino.

La estructura del libro resulta amena y de agradabilísima lectura. Dividido en capítulos, narra episodios inolvidables como el del hidroavión, o la visita a la empresa carbonera perteneciente a la Casa Miller, en cuyos astilleros tuvo lugar la construcción de la ballena artificial. Otras anécdotas impagables son las de la partida de cartas (con los dólares echando a volar al mar y su posterior rescate) y, sobre todo, la botadura de Moby Dick en las aguas, con su correspondiente inauguración. Esta secuencia en particular me llamó mucho la atención por la enorme capacidad descriptiva de la que Rosario hace gala. Su gusto por el detalle, tanto en los escenarios como en las vestimentas de los presentes en la celebración, alcanza su punto máximo en esta escena, que resulta importantísima a nivel estructural, ya que marca la consecución de un objetivo por el que mucha gente trabajó con ahínco y del cual todos, incluso los que no habían participado en su construcción, se sentían muy orgullosos.

La novela sirve, además, como augusto recorrido por varios de los sitios más populares de la ciudad, como El Confital, el Puerto de La Luz o la mismísima playa de Las Canteras. A modo de documento histórico, la narración establece las diferencias que estos mismos lugares han sufrido desde entonces, y no solo las basa en las modificaciones arquitectónicas, naturales o estructurales, sino muy especialmente en el espíritu del pueblo, en el despliegue de un folklore local realmente enternecedor. La descripción de los usos y costumbres de la época, más la magia del acontecimiento histórico que estaba teniendo lugar, dan al lector la posibilidad de soñar con haber estado presente en los hechos que se narran.

Mención especial para la relación entre la protagonista y la ficticia construcción de la ballena blanca. Es impresionante cómo llegan a conectar solo a través de los sentimientos más puros que la creación artificial hace aflorar en el espíritu de la protagonista, cuyo carácter soñador, a la vez que analítico, le permite, por un lado, diferenciar la insalvable distancia entre esta ballena artificial y una real, y, por otro, establecer una paralelismo entre ambas, llegando a una empatía absoluta con la construcción inanimada, casi como si se tratara de un cachalote real. Sin duda influenciada por la lectura de la novela de Melville y por el triste desenlace de todas las ballenas del libro, María Teresa siente en su interior el íntimo deseo de salvar a Moby Dick de la masacre, y de ahí el nacimiento de esos sueños tan desgarradores.

Hay que decir que Anroart Ediciones no ha dejado nada librado al azar en cuanto a la edición. Impresa en magnífico papel, y con el añadido de ilustrativas fotografías de la época, la novela acaba siendo un festín visual y un testimonio completo (tanto en narración como en imágenes) de lo que fue una época sin duda mágica para Canarias. Enmarcada en la Colección Laurisilva, se erige como uno de los títulos más destacados de la editorial este año.

No me queda sino recomendar esta novela a todos los amantes de las aventuras y de las historias en general, y también a todos aquellos que quieran conocer a Rosario Valcárcel como narradora fuera del ámbito de sus relatos de temática erótica. También altamente recomendable para almas nostálgicas y, de más está decirlo, para todos aquellos que hayan disfrutado del proceso de rodaje de Moby Dick en Las Canteras. Encontrarán una historia deliciosa, perfectamente ambientada y rebosante de sentimientos. Un documento histórico que hará las delicias no solo de los aficionados al cine, sino de todos aquellos que sientan como suya la magnífica playa de Las Canteras.

Salud, y mi enhorabuena a la autora por este gran trabajo.

Fotos en color de Fran Quintero. 

Foto de Moby Dick, la ballena con los operarios que la construyeron en los astilleros del Puerto de La Luz 

facebook/rosariovalcarcel/ escritora;  www.rosariovalcarcel.com