domingo, 21 de julio de 2013

¡QUIEN MATARÍA A EDWARD SNOWDEN?

Desde el momento de despertarnos por las mañanas, hasta el momento de acostarnos, todo es una farsa, una vergüenza, una estafa, todo el mundo lo sabe y todo el mundo colabora en la perpetuación del fraude.

Quizás por esto, nos parecemos a veces tan desagradables unos a otros. Por eso resulta tan fácil organizar invasiones a países de Noráfrica, medio oriente, o comenzar una guerra en nombre de la paz o una cruzada solidaria a favor del consumo, cual “lógica cultural de una vida plena y real”, contra el vacío de una vida sin ambiciones, en función de las tendencias a seguir, cual coartada democrática de los universales del consumo de cualquier cosa, evidencia absoluta de lo concreto.
Esta ambigüedad del consumo –puesto que actúa como factor de ¿democratización? en una sociedad deteriorada – encuentra su ejemplificación más clara en una reciente noticia que ha ocupado las primeras planas de los medios de información, en función de desvirtuar la realidad y presentarnos cual bien de consumo, trascendidos, aún sin comprobación cierta, que anuncian lo porvenir, cual oráculo del presente.
Me refiero puntualmente a las ¿revelaciones? sobre el espionaje de la Agencia de Seguridad de EEUU efectuadas por el empleado de la CIA, Edward Snowden, que parece “shockearon” a la comunidad internacional, incluso a sus primeros mandatarios, que han puesto en jaque al imperio.
Este empleado de la CIA, Edward Snowden, tras pasar unas semanas ¿refugiado? en Hong Kong, viajó a Moscú, luego de pedir asilo político a 27 países; no es broma.
Hasta aquí la “gran” noticia que me lleva a meditar acerca de todo este absurdo, pues ¿alguien ignora que los servicios de inteligencia de EEUU nos espían a todos? ¿No hablamos todos desde redes sociales, medios de comunicación, libros y ensayos acerca del Gran Hermano, término acuñado por el escritor británico George Orwell, en su obra ‘1984’, anticipatoria de este presente donde todos somos investigados y observados? ¿A qué se debe tanta indignación harto simulada de primeros mandatarios del mundo, tras las revelaciones de Snowden sobre el espionaje de EEUU a gobiernos de todo el mundo? ¿Ignoraban la tarea de la CIA estos mandatarios entre los que incluyo a los de nuestra Latinoamérica, tan afectados tras las previsibles revelaciones de este espía?
Las agencias de prensa del mundo no ignoran el accionar de los Servicios Secretos de todas las naciones del mundo; accionan en consonancia con los ejecutivos de los gobiernos, conformando un “Estado dentro del Estado”, trabajando incluso junto a las transnacionales corporaciones que operan en el planeta, siempre a favor de la falsificación y la obtusa estrategia inversa de la política, elemento esencial de dominación y globalización del estado fascista que gobierna el mundo.
Edward Snowden, elevado a categoría de héroe y mártir, que en un acto de narcisismo y megalomanía, logró captar notoriedad, en este mundo del espectáculo y el simulacro, poniendo al descubierto lo que nadie, en uso de sus facultades e informado acerca del funcionamiento de este mundo, no intuyera o supiera. En fin, un caballito de Troya del imperio, instalado a plena luz. ¿Quién mataría a Edward Snowden hoy?
En otros tiempos, no tan lejanos, esta noticia hubiera devenido en alguna crisis de tipo diplomático entre las naciones implicadas, pero no ignoro que luego del 11-S, se ha instalado en este mundo una paranoia replicada en acciones y reacciones paranormales de los integrantes de quienes operan en el mundo a su antojo, con la complicidad del contexto de naciones resignadas y alienadas, que desconocen de manera absoluta que ya no gozan de buena reputación; por lo tanto la confianza sobre ellos, en cuanto líderes de naciones es nula; y me pregunto ¿dónde está la seguridad? ¿Qué protección se puede inventar que no se haya imaginado ya? Es inútil pensar en la seguridad: no existe ni la más mínima.
Artículo enviado por Eduardo Sanguinetti, filósofo y poeta 
rioplatense.
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