domingo, 7 de julio de 2013

ANTONIO GARCÍA YSÁBAL, TE RECUERDO COMO ERAS

                     nos vamos a lanzar
                            en el océano, a lavar tanta herrumbre
                            en la arena dorada y el agua
                            transparente,
                            sin exculparnos nada…,  Antonio García Ysábal 


                          
                     
     Quiero hacer una confidencia: el recuerdo que tengo de Antonio es un recuerdo íntimo, un recuerdo que en un primer momento estuvo ligado a la amistad y al cariño que Luis sentía por él, por su realidad y por su obra.
    Más tarde tuve la oportunidad de mezclar las cosas que él había escrito con lo que yo sospechaba de cómo sería él. Las cosas que me relataba su hija Verónica, con su presencia, con sus palabras.
    Y los pequeños encuentros se convirtieron en acontecimientos.
    Juntos en un lugar nuevo para él y para mí, en Madrid, pasamos alguna tarde de domingo y los tres oíamos cómo el tiempo se deslizaba lentamente. Cincelamos silencios sobre sus sueños, sus proyectos de literatura, su poesía, su enfermedad. Hablamos sobre sus compromisos pasados.
      Juntos, en Madrid, revivimos paisajes y nostalgias, la memoria cargada de alientos. Nos escuchamos el uno al otro, y desde allí  paseamos por las Islas Canarias, por la playa de Las Canteras, sentimos las tibias ondas de la orilla rodear las rocas, formar un tapiz vegetal y rocoso entre los flujos del mar. Y fue en esos instantes cuando descubrí la sonoridad y la luz del poeta.
Crujen a sotavento
las vidrieras y el sámago
en la cueva de sílice.
Dentro, nada: silencio.
(Sólo la vela artificial derrama
su extinción en la túnica).
              De pronto algo resuena: piélago, pleamar.
             (Cautelosa, la péndola vacía
             almagre sobre el lienzo).
             Y se escucha el jadeo de la resma
             como viento meciéndose en sus aguas. De Laberinto Insular
      
      En aquel momento en que yo conocí a Antonio, en aquel momento estaba abrumado, lucia rasgos de fátiga, pasaba por un proceso de recogimiento voluntario, más tarde vino la enfermedad. Pero no luchó, se sumió en un compás de ritmo triste y danzó con su acostumbrado nerviosismo, no quiso retrasar su último viaje.  
     Sin embargo, igual que en un encantamiento, él me sonreía debajo de sus gafas y yo le devolvía la sonrisa. Era un regalo de confianza, de amistad, de esa generosidad que lo caracterizaba y que volcó en sus cuarenta títulos y ensayos de las que destaco las dedicadas a África: “Leyendas africanas” “Poesía tradicional africana” y “Cancionero general africano"
     Antonio García Ysábal fue un hombre lleno de preguntas, con las manos colmadas de arena y de viento que indagó sobre las raíces canarias con el pueblo africano, con los ecos. Era un poeta-africanista, por eso se vincula con ese gran pueblo, con su problemática, con las similitudes, los hechos. Puso de manifiesto su amor por el Continente.
     Y se sumergió también en la narrativa con “Diario de Artois” y el teatro “Estrenando la felicidad” donde alcanzó con una voz cálida registros hondos, recuerdos de la adolescencia, argumentos que quizás le sugieren sus vivencias: el amor y la comunicación, la razón y los sentimientos. El acto solitario.  Sus poemas consiguen esa emoción que hace creíble la poesía.
     Yo creo que Antonio fue un escritor-poeta independiente que escaló cimas, alcanzó sueños en su paraíso perdido, en su nostalgia. Y a través de su lenguaje sometió su destino.

facebook/rosariovalcarcel/escritora; www.rosariovalcarcel.com