sábado, 19 de diciembre de 2015

DOS POEMAS DEL LIBRO "HIMNO A LA VIDA" de Rosario Valcárcel y Crítica del

poeta Luis Ángel Marín 


Mi querida amiga Rosario,

Ya leí tu libro de poemas “Himno a la vida”. Y lo leí con suma atención y lo releí, por eso la tardanza en no decirte nada, no soy de leer muchos libros ya que me gusta estudiarlos.


Me ha gustado mucho ya que desde la sencillez llegas a la hondura con un lenguaje muy bien tallado, haciendo del secreto una claridad, esa claridad como secreto que acompaña a todo tu poemario "Himno a la vida". Me siento identificado por esa forma tan tuya de decir las cosas de una manera directa, y es que la poesía no solo es inspiración, sino también acto de maestría y aquí demuestras todo tu talento con la fluidez precisa y preciosista, para enjalbegar esos poemas que son parte de ti, que los sientes y los vives. Un mundo donde todo vibra y nada es arbitrario en cada poema, yo diría que son descargas eléctricas que nos llevan a un horizonte  mundano y espiritual a la vez.

Estos poemas vuelan de alma a alma donde el lector se siente atrapado en tu silencio y en tu inconsciente, es un juego dramático del hombre frente a la vida. Algunos poemas como bien diría Platón están lejos de "la fría razón"...y podrían estar escritos en los espejos cóncavos y convexos... y me gusta como sugieres y no plasmas brutalmente las ideas, dejando al lector el placer de la reconquista...

Un abrazo enorme desde mi querida isla de La Palma, que también es la tuya
Luis Ángel Marín Ibáñez



CADA VEZ QUE TE PIENSO
                                                                      
 A todos los amantes del mundo
Cada vez que te pienso  
vuelo por encima del mar, respiro
los sinsabores húmedos,
inhalo las corrientes y abismos,
el sosegado barranco
en donde habito.

Tú, tan lejos, vuelves a ser volcán, 
prendes brasas, escarbas la angustia
de mi equipaje. Consigues romper
los nudos de la exhalación.

Deseo regresar al limo de tus aguas,
estirar y estirar las piernas,
girar el vientre,
chapotear igual que gaviota
en ese lugar bendito
que tú juegas a crear.

Déjame zarandear la conciencia, retoñar
el sueño de una vida loca, 
beber y beber,
brindar por el olor de tu piel,
por las arenas de tu mar,
por el temblor de lo insaciable.

Déjame con los ojos cerrados
tantear la raíz de tu lengua, 
besar tu carne que asciende,
sentir el rayo de tu cuerpo, la lujuria
que germina
bajo nuestro aliento.

Déjame exorcizar la tristeza del adiós.



A Toñi y Antonio Arroyo
Y a Vicky y Aquiles García

Después de la lluvia

Después de la lluvia, puedo matar
el amargo sueño, asesinar la distancia,
caminar entre careyes y caguamas,
entre mosquitos que cositean.

Después de la lluvia, la luz sin miedo
al mañana se enardece feliz
y las nereidas agitan los brazos,
me enseñan las gracias del oleaje
y me acuerdo de ti. 
           
Entonces resucita el vuelo de mi alma,
                        es como regresar a casa.

Excitada, sucumbo.
Abrazo el estallido del arco iris,
el lupanar de lagartijas.
Capturo cada instante
y pienso que Mallarmé está equivocado:
la eternidad sí está al alcance de los vivos.

facebook/rosariovalcarcel/escritora 

Foto: Luis León Barreto, Rosario Valcárcel