lunes, 1 de febrero de 2016

GÉRARD DE NERVAL, POETA FRANCÉS

Gérard de Nerval era el seudónimo literario del poeta, ensayista y traductor francés Gérard Labrunie, nació en París, el 22 de mayo de 1808. Poeta, ensayista y traductor, quizá el más romántico de todos los poetas franceses.

“Antéros

Preguntas por qué hay tanto furor adentro mío
E indómita cabeza sobre un cuello flexible;
Es porque soy nacido de la estirpe de Anteo
Y los dardos retorno al dios que me ha vencido.
                                                                                                  
Yo soy de aquellos, sí, que al Vengador inspiran,
Marcándome ha la frente con su labio irritado,
Bajo la palidez de Abel, ¡ah!, ensangrentada,
¡Escondo de Caín la faz roja, implacable!

El postrero, ¡oh Jehová!, por tu genio vencido,
Del fondo del infierno grité: ¡Oh tiranía!,
Fue Baal mi ancestro y mi padre, Dagón…

Hundido me han tres veces en aguas del Kocyto,
Y defendiendo muy solo a mi madre Amalecita,
A sus pies sembré los dientes del arcaico dragón,




















“Antéros”

Tu demandes pourquoi j’ai tant de rage au coeur
Et sur un col flexible une tête indomptée;
C’est que je suis issu de la race d’Antée,
Je retourne les dards contre le dieu vainqueur.

Oui, je suis de ceux-là qu’inspire le Vengeur,
Il m’a marqué le front de sa lèvre irritée,
Sous la pâleur d’Abel, hélas! ensanglantée,
J’ai parfois de Caïn l’implacable rougeur!

Jéhovah! le dernier, vaincu par ton génie,
Qui, du fond des enfers, criait: “O tyrannie!”
C’est mon aïeul Bélus ou mon père Dagon…

Ils m’ont plongé trois fois dans les eaux du Cocyte,
Et, protégeant tout seul ma mère Amalécyte,
Je ressème à ses pieds les dents du vieux dragon.

Su poemario Las quimeras (1854) contiene el célebre soneto «El desdichado». En uno de sus últimos poemas, «Epitafio», ya intuyó su inminente muerte:

                                               El desdichado

Yo soy el Tenebroso, -el viudo-, el Sin Consuelo,
Principe de Aquitania de la Torre abolida:
Mi única estrella ha muerto, y mi laúd constelado
lleva en sí el negro sol de la Melancolía.

En la Tumba nocturna, Tú que me has consolado,
devuélveme el Pausílipo y el mar de Italia, aquella
flor que tanto gustaba a mi alma desolada,
y la parra do el Pámpano a la Rosa se alía.

¿Soy Amor o soy Febo?.. Soy Lusignan o ¿Biron?
Mi frente aún enrojece del beso de la Reina;
he soñado en la Gruta do nada la Sirena...

He, doble vencedor, traspuesto el Aqueronte:
Modulando unas veces en la lira de Orfeo
suspiros de la Santa y, otras, gritos del Hada.


Escritor francés. Huérfano de madre, se crió con su abuelo en Valois. En 1822 se trasladó a París, donde llevó una existencia bohemia. En los últimos años de su vida, los más fecundos, sufrió graves trastornos y estuvo internado en varias ocasiones; finalmente se suicidó.

Tras publicar una traducción libre del Fausto de Goethe (1827) y crónicas teatrales y ensayos en distintas revistas, en 1854 apareció la colección de novelas cortas Las hijas del fuego, que incluía el relato Sylvie, de estilo clásico y temática estrictamente romántica. Ese mismo año publicó Las quimeras, colección de sonetos simbolistas que prefiguró la poética de Baudelaire y Mallarmé.

 En 1855 apareció Aurelia, que mezclaba sueño y realidad, un clásico de nuestro tiempo que influyó grandemente a los surrealistas. El autor nos narra aquí su particular viaje vital del brazo de la locura, que es al mismo tiempo la primera mirada moderna a esas profundidades Fue considerada una de las obras fundacionales de la literatura moderna.

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