jueves, 27 de junio de 2013

El MITO DE DAFNE

Explica por qué el laurel es uno de los símbolos del dios Apolo. Desde la antigüedad el laurel se ha utilizado para coronar a los vencedores de los concursos poéticos. Hoy en día se corona con él, por ejemplo, a los ganadores de la Fórmula I. Asimismo, la corona de laurel es el emblema del premio Nóbel. De él derivan “laurear, “laureado” y aunque no lo parezca, “bachillerato” (baccae lauriatus)
Este mito inspiró a muchos poetas. Un ejemplo de  ello es el famoso soneto XIII de Garcilaso de la Vega.


A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraba;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!



....Estaba Dafne cazando en el bosque cuando Apolo la vio por primera vez. Al punto, quedó prendado de ella. Nunca se había enamorado. La joven le parecía muy hermosa y la quería para él. No sabía el dios que Dafne no quería casarse ni tener relaciones con los hombres, pues era émula de la virgen Minerva y, como ella, odiaba el matrimonio.
Apolo se había enamorado de ella. Sus ojos, sus dedos, sus brazos, su boca... todo le resultaba hermoso. Cuando la veía correr por el bosque con el pelo desordenado, deseaba peinarla. Si estaba junto a la fuente, quería ofrecerle agua...
Un día se acercó a ella, pero Dafne nada más verlo, huyó. "Por favor, detente,- le decía el dios corriendo tras ella. Ten cuidado, no te vayas a caer.  No vayas por ahí que hay zarzas. No sabes quien soy 
Así le decía Apolo mientras la seguía. Soy el hijo de Jupiter.... Detente y escúchame
Dafne no se detenía. Como una cierva herida y perseguida por los perros del cazador corría por los bosques... 
Pero cuando se vio cerca del río notó como sus fuerzas se iban menguando y no dudó en pedir ayuda a su padre: Padre mío ayúdame, socorre a tu hija. Cambia mi figura y haz que el que me persiga desista del empeño.
De pronto notó que sus piernas se endurecían. Todo su cuerpo iba cubriéndose de una fina corteza y sus cabellos se transformaban en hojas, sus brazos en ramas y sus dedos en ramitas diminutas. Sus pies aún calientes por la carrera, eran ya raíces inamovibles. Su cabeza era una hermosa copa de árbol. el dios que estaba a punto de alcanzarla, se detuvo y contemplo estupefacto la transformación. 
Aunque ya no era una ninfa, sino un árbol, aún seguía queriéndola pues notaba dentro de su pecho la llama del amor... Así con mucha delicadeza cogió una rama y le dio forma de corona y se la puso encima diciendo: Puesto que ya no puedes ser mi esposa, al menos serás mi árbol y te llevaré siempre conmigo.


La obra poética de Garcilaso de la Vega, compuesta por cuarenta sonetos, cinco canciones, una oda en, liras, dos elegias, una epístola tres églogas y siete coplas castellanas y tres odas latinas, se publicó por vez primera en 1543 a modo de apéndice de las Obras de Juan Boscán La producción lírica de Garcilaso de la Vega, máxima expresión del Renacimiento castellano, se convirtió, desde muy pronto, en una referencia inexcusable para los poetas españoles, que desde entonces no pudieron ignorar la revolución métrica y estética operada por él en la lírica española.

Foto de Apolo y Dafne de John William, Waterhouse
texto entresacado de Metamorfosis, Ovidio. Antología 

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