miércoles, 24 de septiembre de 2014

Espejos y fantasía erótica

POEMA DEL ESPEJO
Déjame ser tu espejo, supliqué aquel día,
recuerdo que tu mano se estremeció en la mía.
Jose Angel Buesa
José Ángel Buesa
Yo que envidio tu espejo, quiero saber que siente
al copiar en la alcoba tu cuerpo adolescente.
Detrás de los almendros, casi como del fondo
del mar, surgió la luna, con su espejo redondo.
Te vi de pie en la sombra, junto al lecho vacío
se oyó un rumor de sedas, como el rumor de un río.
Y yo, como el espejo de aquella alcoba oscura,
yo, allí solo contigo, reflejé tu hermosura.
Fue un instante, en la sombra. No sé bien todavía
si eras tú, si fue un sueño, o una flor que se abría.
Muchacha de la noche de un día diferente,
yo no envidio a tu espejo, ya sé que nada siente,
Ya sé que te duplica sin comprender siquiera
que eres mujer, y hermosa como la primavera,
Pues si lo comprendiera saltaría en pedazos
por el ansia imposible de tenderte los brazos.
José Ángel Buesa
Observar nuestro cuerpo, acariciarlo en el momento del acto sexual y enviar besos a nuestro reflejo, nos puede ayudar a admirar nuestra belleza, a expresarla. A comunicarnos con el espejo, a sincerarnos con él. A observarnos, a memorizarnos, y a la vez nos puede provocar una excitación, una envoltura libidinosa, complaciente. Un deseo sexual.
La comunicación de los reflejos a través de los espejos se puede considerar como la búsqueda de nosotros mismos en donde podemos expresar sensaciones naturales, sensaciones que nos transportan a unas alturas eróticas inesperadas, porque no podemos olvidar que somos seres creativos y ese encuentro sexual con nosotros mismos podría ser un momento maravilloso para jugar y sentir, para alimentar nuestra alma.
Pero hay que tener cuidado porque puedes caer en la ipsofilia, que consiste en la excitación por uno mismo. La persona misma es el objeto sexual. Y dicen que tiene su origen en el mito del narciso.
El uso de los espejos estuvo prohibido en los monasterios. No obstante para la religión sintoísta el espejo es símbolo de la virtud del espíritu, es un objeto sagrado que refleja integridad y pureza eterna, las interioridades del alma.
Y hablando de espejos la Venus del Espejo o Venus y Cupido, una de las obras más misteriosas y famosas de Velázquez, muestra una mujer que disfruta contemplando su propia desnudez, por allá por los años mil seiscientos aproximadamente. El artista nos la presenta en una pose erótica, tumbada sobre una cama y mirando a un espejo que sostiene el dios del amor sensual, su hijo Cupido.
José Ángel Buesa fue un poeta cubano nacido en el año 1910 y fallecido en 1982. En su adolescencia se muda a Cienfuegos y empieza a plasmar en sus versos el paisaje que lo rodea. Aún joven se traslada a la Habana, donde se incorpora a los grupos literarios existentes. Pero más tarde se ve obligado a abandonar Cuba para empezar una peregrinación por España, Islas Canarias, El Salvador y finalmente Santo Domingo. Murió en la República dominicana.
Buesa puede no ser el mejor de los poetas contemporáneos cubanos, pero, paradójicamente, es uno de los más queridos por la gente llana, lo que comúnmente conocemos como “el pueblo”.
Aparentemente estuvo enterrado en Santo Domingo durante unos años, pero un grupo de fanáticos de sus poemas de Puerto Rico consiguieron, con la anuencia de su viuda, que sus restos fueran llevados a Miami, donde ahora descansan.
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