martes, 12 de abril de 2016

UN JUGUETE ME PIDE MI DAMA, POEMA DEL SIGLO XVI


Un juguete me pide mi dama,
de su mano me hacer,
porque le haga placer
de traelle aquel juguete
que alcanza sin alcahuete
sabor de cualquier dama
para la cama.

El ha pedido mil veces
por las señas y color
Y dice que tiene un sabor
más dulce que pan y nueces,

Y de estos son los jueces
las ansias con que se infama
para la cama.

La soltera que le tiene
juega mil juegos con él
y a la casada entretiene;
y antes que la caja suene
mil batallas de amor trama
Para la cama.

Aunque es juguete,  es un juego
que, si el más sabio juega,
 más se pica y más se ciega
y pierda todo el sosiego:
Es fuego que  a poco ruego
Se enciende y guarda la llama
Para la cama.  (Anónimo, s. XVI)

Hoy los juguetes sexuales son sofisticados y glamurosos pero no es un invento nuevo, no, ya desde la Antigüedad hombres y mujeres han usado juguetes eróticos. Lo usaron los antiguos griegos, egipcios, romanos y en Oriente Medio.

El primer dildo de la historia apareció en la Antigua Grecia, en el año 500 a.C. Eran de madera bastantes primitivos, y entre las mujeres se lo obsequiaban cuando sus maridos se iban a la guerra.
Hubo que esperar a la década de 1880 para que el médico británico Joseph Mortiner Granville, inventara el primer vibrador a baterias. Se comenzaron a usar para combatir, aquello que en la época victoriana se conocía como la "histería femenina" 

Ahora están al alcance de todo el mundo y por supuesto que su uso es para cosas bien distintas. Y las mujeres y los hombres no tiene reparo en usarlos o en reconocer abiertamente que lo usan para divertirse, alargar las relaciones sexuales  o incluso para mejorar la salud física, ya que dice que al usarlos liberas oxitocina, la hormona de la felicidad y el placer.

Además las estadísticas afirman que ocho de cada 10 mujeres utiliza habitualmente juguetes eróticos a la hora de practicar sexo. Quizás porque más allá del placer, el vibrador, puede convertirse en el instrumento ideal para tratar algunos de los problemas de disfunción sexual más extendido.

Hay muchos juguetes sexuales, las  novelas y películas eróticas han puesto de moda el sexo duro y para ello puedes usar: fustas, mordazas, collares de sumisión, esposas, pezoneras…

 Y hablando de fustas ya el cine por los años cincuenta y nueve nos presentó  el arma favorita de Barbara Stanwyck, enteramente vestida de cuero  negro, en el western de Samuel Fuller “Forty Guns”.

Ahora bien, no debemos olvidar esa capacidad del arrebato, ese momento en que dos cuerpos desean darse placer y disfrutar de las caricias, de los besos, de la emoción del gozo. O dejarnos llevar simplemente por los brazos del destino.   

facebook/rosariovalcarcel