Quería ir a Marte en
el cohete, por eso les dijo a gritos a los hombres uniformados que quería ir a
Marte. Les dijo que pagaba impuestos, que se llamaba Pritchard y que tenía el derecho
de ir a Marte…. Antes que pasaran dos años iba a estallar una gran guerra atómica,
y él no quería estar en la Tierra en ese entonces.
El contribuyente, de Ray Bradbury
Desde el inicio de
sus días, el hombre ha imaginado, ha soñado y ha fantaseado alguna vez con
vivir en un mundo bello, igual que en un paraíso perdido. Poder ser felices entre
leyes perfectas e infalibles que hagan de nuestra vida una fantasía eterna.
Porque la vida sin
sueños no tendría sentido y eso lo sabe Francisco Lezcano, por eso desde que
era muy niño, igual que un caballero de la corte, ha salido en busca de la
aventura. Se ha fijado en los habitantes
de la edad de Piedra, en aquellos pintores que fueron capaces de plasmar a los
animales y a las personas que veían a diario. Ha observado la pintura
rupestre que admira como un arte alegórico porque a través de ella nos permite la comunicación a mundos sobrenaturales. A ese arte que es representativo de toda la pintura que le seguiría.
rupestre que admira como un arte alegórico porque a través de ella nos permite la comunicación a mundos sobrenaturales. A ese arte que es representativo de toda la pintura que le seguiría.
Así Lezcano nos
muestra figuras humanas en paisajes telúricos, sus huellas, que están ahí para
afirmar la presencia de seres en nuestro planeta y en otras esferas. Y nos
recuerda el lugar que ocupan en la cadena de la vida. Figuras sencillas que plasman
el misterio de la existencia, creadas con una gran fuerza y sutileza.
Porque nuestro
artista transita universos imaginarios y reales, se plantea los problemas de la
civilización moderna: despiadada y vacía, el poder amenazador de los agujeros
negros, de la difusión de la conciencia de las masas, y, sobre todo, ese
fantasma del poder esclavizador y destructor que es el hombre-máquina, creado
para organizar y controlar.
Escarba nuestro poeta
en los mundos de espacios infinitos, futuristas, desconocidos, inhóspitos, en
espacios míticos, lleno de magia y de lírica, en donde al igual que en “Un mundo feliz de Aldous Huxley, en el que sacrificaron
a sus habitantes para crear nuevas formas de vida, nuestro pintor, también como un viajero intergaláctico, se
anticipa en su pintura como ha hecho siempre en su literatura, y nos conduce
como si estuviésemos dentro de un mundo de ciencia ficción a esas tierras de
ultramundos, donde la tierra no es el único sitio en el que habita el ser
humano porque éste último sale a la conquista de otros universos, para juntos
alcanzar las estrellas.
Y lo hace quizás como
medida de salvación o de evasión de un mundo desprovisto de sorpresas. Sale a la conquista de otros universos, a viajar
de Saturno a Júpiter y de Júpiter a
Ganímides, a una nueva civilización fantástica. Nos traslada a ese misterio
repleto de hechizos y sueños del inconsciente. Nos introduce a eso que
podríamos llamar la Plenitud.
Y logra preservar el
misterio de la vida, a través de su técnica mixta con la que hace una
simbiosis, una amalgama usando procedimientos tradicionales, re-descubiertos por
él y otros reinventados logra espacios de la imaginación, que embriagan por su
fuerza cromática. Y consigue el viaje de arriba, el viaje al Cosmos.
Y crea lienzos que
adquieren una dimensión edénica, repleta de rumores y temblorosas olas, donde
podemos escuchar el hervor de las arenas del desierto o el ruido del viento o
de un mar placentero. Donde podemos observar varios soles, desmedidos, donde las montañas
como el mar sirven de nexo de unión con el mundo. La vida de otros seres,
algunos híbridos. Elementos cargados del valor sensorial como fuente de goce.
Así en esta exposición
contemplamos visiones planetarias, los vapores del cielo rojo de Marte, tierras
extrañas, recónditas, en donde los picos de los volcanes tocan el cielo. Macizos,
chimeneas encendidas, plantas y criaturas que nacen de las profundidades,
cactus gigantes. Y hongos: una constante en su obra. Grandes pájaros mudos, y
mariposas que anidan huevos, como símbolo de vida y reencarnación del alma.
Francisco Lezcano nos
muestra en esta exposición simbolista, un trabajo lleno de poesía y de color, de
experiencia estética. Un Universo extraordinario, que nos impulsa a descubrir
el devenir misterioso de la humanidad, sus secretos, a recorrerlos en una
búsqueda casi espiritual.
Una exposición que ha
nacido de la necesidad de celebrar la vida, de evocar o de descubrir cosas a
través de un estado del alma, a través de soñar mundos de belleza en los que
refugiarse de la mediocridad.
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