martes, 2 de abril de 2013

Samaniego, en una de sus fábulas prohibidas.

  EL SUEÑO

Vivían una vez, y va de cuento,
en un chico aposento
un pobre matrimonio con un niño, fruto de su cariño,
y una niña graciosa,
que más que su hermanito era curiosa;
los cuales con sus padres en un lecho,
por no haber otra cama de provecho,
juntitos se acostaban
y a los pies abrigados reposaban.

Una noche el marido
jugando al mete y saca, embebecido
con su mujer, de tal ardor se inflama
que entre los dos echaron de la cama,
sin saber lo que hacían
al niño y a la niña que dormían.
Despertaron del golpe dando gritos
los tristes angelitos.
Y el muchacho, llorando sin consuelo,
Exclama: -¡Ay, padre mío!, ¿por qué al suelo
nos echa usted y madre a puntillones,
cuando cabemos bien en los colchones?

-Hombre dijo el padre, no he podido
libraros del porrazo, porque ha sido
sin saber lo que hacía:
con tu madre soñaba que reñía
y tuve grande empeño
en amasarla un poco con el sueño.
Dijo: y luego enfadado
por no haber haber el negocio consumado,
fue a recoger sus hijos; y al meterlos
en la cama queriendo componerlos,
la muchacha, abrazándole llorosa,
le tocó cierta cosa
y preguntó con mucho desenfado:
-Padre, ¿Qué es esto tieso que he tocado?
-Es la mano del niño, respondiole
El padre. Y la muchacha replicole:
-No señor, que los dedos no le encuentro.
-Suelta: los tiene vueltos hacia dentro
Porque el puño ha cerrado.
-¿Y a dónde, padre, se habrá mojado?
-Niña, en la escupidera…
Duérmete y no seas bachillera.

Calló, atemorizada
la chica; pero como escarmentada
estaba del dolor de la caída,
no se quedó dormida;
y sus padres, rijosos y encendidos,
creyendo que ya estaban dormidos
los chicos, la faena que dejaron
por su golpe, de nuevo comenzaron.
Sintiolo la muchacha y al chiquillo
despertándole dice –Oye, Juanillo,
agárrate bien fuerte, que con madre
otra vez a soñar se ha puesto padre.         
                                                           


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