sábado, 25 de mayo de 2013

Una niña afgana de 8 años asesinada en su noche de bodas (La tremenda noticia, que circula en el feis, la publica Minuto digital)

La tremenda noticia, que circula en el feis, la publica Minuto digital bajo el antetítulo: La pedofilia en el islam y firmada por Dazibao Ñ.

No comparto el tono racista o despectivo hacia el islam. Es evidente que la vida de las mujeres, sus derechos y sus libertades no son iguales en las diferentes culturas y si la jerarquía católica es tremenda en su guerra contra los derechos de las mujeres, la islámica es aberrante. Y si la tradición judeo-cristiana nos agrede, la islámica es mortal pero, por desgracia, ninguna religión ni ninguna cultura ha conseguido eliminar la violencia contra las mujeres y la pedofilia también crece y se multiplica -actualmente de forma exponencial en las redes sociales de Occidente- sin que se perciba una voluntad clara de erradicarla.

¿A nadie le importa todas las Aishas del mundo? ¿Qué ha hecho Occidente todos estos años en Afganistán? ¿A quién han protegido? ¿Hacia dónde miraban mientras las niñas y mujeres afganas eran vendidas, violadas y asesinadas? ¿A qué negocios dedicaban su tiempo?

“Aisha” fue vendida a buen precio por su familia a Muhammad, un mulá de 50 años, casado y con varios hijos. Durante la noche de bodas, el pedófilo, frustrado por no poder proceder a la penetración, efectuó en la vagina de la niña profundos cortes con su cuchillo, hecho que le permitió finalmente consumar el acto sexual. La niña, que agonizó durante horas, murió desangrada al despuntar el alba.
  Foto de niñas afganas jugando....

Muhammad, un influyente clérigo de una zona rural de Afganistán, llevó a Aisha al lecho nupcial al anochecer. En la habitación contigua permanecieron los invitados, incluidos los padres de la novia de 8 años, celebrando el enlace. El novio, considerando a la niña apta para el consumo pese a la endeblez de su cuerpo infantil, quiso introducirle el pene, pero después de varios intentos infructuosos  decidió agrandar la pequeña vagina con su cuchillo, al tiempo que llenaba la boca de su víctima con trapos, para evitar que los gritos pudiesen ser escuchados. Finalmente, en una cama encharcada en sangre, consiguió el mulá el deseado coito, aunque a las pocas horas moría desangrada “la novia”, cuando ya rayaba el alba.

Al poco tiempo Aisha fue enterrada. Nadie hizo preguntas. Ninguno de los familiares se sorprendió al ver las cuchilladas en el sexo de la diminuta  “novia”. Muhammad, el marido y clérigo, sólo acertó a decir que la niña quedó con los ojos abiertos y muy pálida en el lecho… que chorreaba sangre.
La niña afgana, un mero objeto de compra-venta para fines sexuales, ha sido otra víctima de la perversa tradición, pero otras muchas “Aishas” seguirán el mismo triste destino, y durante muchos años.

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