domingo, 30 de marzo de 2014

A PROPÓSITO DE LOS PRISIONEROS DE GUANTÁNAMO

Artículo enviado por Eduardo Sanguinetti, filósofo rioplatense.

La noticia de que el presidente José “Pepe” Mujica ha decidido ceder al pedido del presidente Obama de recibir a cinco detenidos de la base estadounidense de Guantánamo, en calidad de refugiados, no es una novedad, como tampoco lo es la polémica que se ha instalado en Uruguay en torno a esta decisión, aún en el marco del trascendido que el ejecutivo lanzó al mundo a través de los medios de prensa, días pasados, a pesar de que como anunció el presidente Mujica: “las gestiones con Estados Unidos están lejos de estar cerradas”.

Es importante comentar que la base estadounidense de Guantánamo, situada en el sudeste de Cuba, es un campo de prisioneros que la habitan en estado infrahumano, los denominados “combatientes ilegales”, que han sido capturados en la tan mentada “guerra contra el terrorismo” que mantienen los gobiernos de Estados Unidos, en cualquier territorio del planeta, y donde se encuentran los disidentes y denunciantes a la administración del imperio del norte.

José Mujica ha dado por finalizadas las polémicas en torno a recibir a los detenidos de Guantánamo, aludiendo a que su decisión es un “tema laudado”, descartando que los ex prisioneros representen una potencial amenaza para Uruguay y agregando que la llegada de estos refugiados podría incluso ser beneficiosa.

Ahora bien, se impone una pregunta ¿por qué aceptó Mujica darles asilo a los prisioneros de Guantánamo?… “Luego de gestiones contestamos que sí porque hoy y siempre, con la excepción de los dolorosos años de la dictadura, el Uruguay ha sido un país de refugio y para nosotros esta es una cuestión de principios”, manifestó Mujica como razón atendible. Pero luego, consultado sobre si pidió algo a cambio dijo: “Yo tampoco hago favores gratis, paso la boleta”, aunque luego especificó que “esto hay que hacerlo porque sí”. Bien, se abre un enigma de enormes dimensiones ante estas encontradas palabras de Mujica. Y la pregunta inicial de por qué acepta la petición de Obama, Mujica permanece sin respuesta aparente.

Se arriesga la vida por hablar claro, sin especulaciones, y viceversa, pues ante lo dicho por Mujica en cuanto a las fórmulas participativas que debe adoptar la comunidad ante instancias como la de los refugiados de Guantánamo, se puede caer en un plano demagógico que de base es inaceptable, pues afecta la autonomía de los poderes y, lo que es peor, de la autodeterminación de los pueblos.
Puedo coincidir con lo manifestado por Mujica en cuanto a los derechos humanos que asisten a estos detenidos de Guantánamo, pero no puedo dejar de lado las relaciones con las naciones que conforman Suramérica, que también fueron consultadas por Obama para recibir a los prisioneros y las implicancias que puede tener este tema en la relación entre naciones que no han logrado aún conformar la tan ansiada Patria Grande.

No hay dudas de que es un tema muy serio el que ha instalado Estados Unidos respecto al cierre de la Base de Guantánamo, de fines imprevisibles, pues no se trata de la peligrosidad o no de los detenidos, sino de la simbología que el imperio neoliberal les ha otorgado cual impronta del “terror”, demonizándolos. ¿Seremos nosotros quienes eliminemos los símbolos del “terror” sobre los que se basa la política neoliberal del imperio? o ¿Todo fue un simulacro para justificar guerras y genocidios?

Haciendo uso de la pharresía, que significa el coraje de decir la verdad, aún a riesgo de la vida, manifiesto que este tema no lo resolverá la buena o mala voluntad de un gobierno, sino el sentido de los habitantes que conforman ese pueblo, en este caso Uruguay, los organismos Unasur y Mercosur, sumado a las alianzas estratégicas entre países de la región, coincidente con la hermandad reafirmada hace unos meses en la Cumbre de la Celac, de donde surge la reafirmación del bloque latinoamericano y caribeño.

Y a modo de epílogo a este tema, me pregunto si todo esto está relacionado con la denominada política de la verdad e interrogo al poder desde la filosofía, pues a no dudarlo, la filosofía es una manera de vivir, además de una manera de pensar. La verdad de los dichos, en este caso de José Mujica, quedará probada por la conducta a seguir.


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