jueves, 13 de marzo de 2014

CARNAVAL DE INDIANOS, LEÓN BARRETO




El mundo existe para llegar a un libro, Mallarmé

Igual que la literatura ha sido siempre una fuente inagotable para el cine, los escritores también se han visto atraídos por ese sentimiento que provocan las fiestas populares. Se han visto atraídos por todo lo que gira alrededor de ellas. Por su seducción pasional y su emoción.

Eso es lo que le ha ocurrido a Luis León Barreto. Él como muchos de nosotros soñaba con acudir el lunes de carnaval a la Fiesta de Los Indianos, con verla de cerca, con pasear por la calle Odaly, la Avenida Marítima de Santa Cruz de La Palma, la Alameda. Y aunque tardamos años en verlo en carne y hueso. Lo conseguimos. 

Y se sintió tan atraído por el hechizo, la historia y todo el arte que gira a su alrededor, se sintió tan atraído por la explosión de alegría, las vivas, los ritmos de los sones cubanos, los polvos talcos que no dejamos de agitar, que le sirvió a nuestro autor de musa para crear una crónica alegre. Una novela que gira alrededor de un personaje, una chica llamada Moneyba Castro  que con su atuendo de encaje, su pamela y su sombrilla se divierte en la Fiesta de los Indianos entre personajes dotados de ritmo y color, entre la euforia del baile y la efervescencia contagiosa de La Negra Tomasa.


El personaje principal del Carnaval ideado por el palmero Víctor Lorenzo Díaz Molina; Sosó que regularmente llega a la Plaza de España con ese don innato que posee para hechizar la fiesta, que flota en medio de una multitud que se agolpa entre sus calles, que vibra entre densas nubes de polvo que semejan a una hoguera.
“Carnaval de Indianos” nos ofrece la relación de una historia que contiene implícitamente otras historias con una galería de figuras relevantes como el poder del clero y de las clases nobles que coexisten con el pueblo llano. Personajes maternales como Mama Coralia, celosos como Albany, inmorales, cínicos, paganos y descarados como D. Aristóteles Marante inclinado al deseo. A ese deseo que explosivo, desaparece cuando se ve satisfecho:

 Hasta de los caseríos de los montes vendrá el gentío, incluso del norte de los cultivos perdidos acudirá Nisbelio, dicen que bisnieto de don Aristóteles Marante, más conocido por El Arrogante, el que se atrevió a disfrutar cuatro mujeres bajo el mismo techo. Era altanero y a sus damas les tenía prohibido el relajo en aquellos días en que, exhibiendo una provocativa mazorca entre los muslos, los hombres se tambaleaban por el vino de tea e intentaban librarse de los municipales.

“Carnaval de Indianos” refleja la alegría multitudinaria, las libaciones desenfrenadas para sofocar el instinto de supervivencia. Irradia ese deseo profundo de renacer, que implica morir para volver a nacer. Muestra Los deseos de algunos personajes que laten sin haberse cumplido, porque el infierno de los creyentes existe.
Refleja la fiesta, la verbena, el carnaval de los “polvos talcos”  y nos ofrece una misma interpretación, una comunicación en la que los personajes se blanquean la piel y se metamorfosean por un día, recordando los rituales de los cubanos ñáñigos. Pero también según lo que José Viera y Clavijo nos manifestó en su poema Los meses:

                "Todos son juegos, chanzas, diversiones.
Ya arrojan al cabello limpios talcos
                ya al pulcro rostro harina y almidones
ya la agragea a la pulida espalda".  

Algunos de los personajes del “Carnaval de Indianos” igual que la vida misma, renuncian a sus preocupaciones y angustias, a sus prejuicios y expectativas, a la moral, a las creencias, simpatías y fobias. Porque quizás los Indianos han sido seres como los que cita Borges, del octavo libro de la Odisea, que tejieron desdichas para que a las futuras generaciones no les faltaran algo que cantar.
Unos personajes que intercambian bromas, aplauden  cantan, lanzan polvos, se divierten porque al fin y al cabo no somos más que ceniza en la ceniza.

Una fiesta sin categorías sociales y sin fronteras, una fiesta que todo lo iguala y que establece la ilusión, el espejismo, las sombras y las luces de miles de hombres que tras hacerse con cierta riqueza, llegan a su tierra, y ante sus antiguos paisanos –que seguían siendo campesinos- hacen ostentación de riqueza.
“Carnaval de Indianos” manifiesta las ansias desbordadas y la plenitud sensual, la añoranza de las pasiones que aún arden y el resplandor del ocaso que sigue restallando.

Es cierto que Luis León Barreto ha estado lejos de la isla, de las presencias y de las ausencias, pero nunca ha perdido eso lazos de su tierra, esos lazos que son capaces de perdurar a través del tiempo y del espacio, por eso en sus obras a través de recorrido literario hay títulos  como “El misterio del Fausto” o “Memorias de La Palma Edén”.

Porque Luis superada la madurez desanda sus pasos en la búsqueda de otros campos elíseos, en las crónicas del sueño, y mezcla las magias de la ficción con el canto jubiloso, con la alegría de vivir y el goce de la vida, con el Carpe Diem y crea “Carnaval de Indianos”


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