martes, 18 de marzo de 2014

UN CANTAUTOR, LLAMADO SERGIO ALZOLA, CON VÍDEO


No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Oliverio Girondo.

Podemos vivir sin poesía incluso sin literatura. Pero es casi imposible que alguien pueda vivir sin música porque la música antecede al habla, porque la música navega sin timón en nuestros recuerdos, en las canciones que aprendimos en nuestra infancia y adolescencia. La música evoca el amor y el olvido, la nostalgia y el placer… La música es universal.


Por eso hoy les voy a hablar de música, de Sergio Alzola, un cantautor que desde muy joven empezó a rasguear la guitarra y a aprender acordes y a escribir los primeros signos musicales. Pronto encontró los ritmos y las letras, la forma artística para expresar sus palabras y sus sentimientos, para hacer poesía con su guitarra y dialogar con los latidos del salitre y el baile de las aguas de Las Canteras, para murmurar al alisio de la tierra en la que nació, como ese tema titulado Agua:

Soy agua, el mar de Las Canteras de mi infancia/ una romería, un timple en arroró, un niño a la sombra de Triana…/ 

Pero también sabe trasmitirnos su propia visión de la realidad con una música comprometida, repleta de sentimientos, de temas sociales o cotidianos, de las relaciones amorosas y del alma. De la vida que se desliza entre cánticos y silencios.

Alzola es un músico, compositor, letrista cantante y poeta. Sí, porque Sergio, igual que los grandes cantautores como Perales, Serrat o el gran Leonard Cohen, compone letras de calidad y originalidad con una gran versatilidad de ritmos. Un cantautor que se ilusiona con su trabajo, que estudia, que trabaja duro leyendo todo lo que cae en sus manos, ampliando sus conocimientos. Dejándose seducir por la vida, porque como él dice:

Cada disco tiene un principio, y no me refiero al inicio o el comienzo de un proyecto ilusionante sino una especie de leitmotiv que envuelve tu creatividad.

Debutó hace doce años en los escenarios de su isla y desde entonces no ha parado de dar conciertos, más de un millar, de participar en encuentros de cantautores, en festivales, en homenajes a poetas. Su música y sus letras están inspiradas en los países donde ha residido, porque él igual que un caballero andante ha caminado por esos mundos de Dios, por la Península Ibérica, Chile, Argentina, Brasil, Cuba. Y esos retiros le han servido para crecer como cantante y compositor. En su CD “Tricontinental” le dedica composiciones a Julio Cortazar, a Juancho Armas Marcelo por transmitirle su amor por Cuba y canta:

Así en la Habana como en el cielo, se pasea el malecón por las verdades del Caribe/ medio siglo de Revolución hay quien vive por amor y quien no vive…/

También a Carlos Salem, por ayudarle a combatir todos sus miedos, a Benedetti, entre otros. Se lo dedica al enamoramiento y al deseo sexual. Al amor con mayúsculas.

Su primera experiencia con el trabajo discográfico  fue “Ciudadano del mundo (2005) después en el 2007 llegó “Contagia tu sonrisa” editado por el Gobierno de Canarias en los estudios de Multitrack (Tenerife) bajo el sello “Canarias me suena”. En el 2011 el autor engloba toda la experiencia vivida durante cuatro años en tierras suramericanas y nos presenta “Tricontinental” una muestra de su gran sensibilidad por hermanar pueblos y culturas. Una muestra de que nuestro cantante, se mantiene despierto, y toca la tierra, y vuela de manera ascendente y constante.

Todavía recuerdo con emoción el recital que Alzola nos ofreció las pasadas Navidades en el entorno de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, cuando casi en la oscuridad, junto a una fuente antigua y unas gárgolas que retumbaban de frío, Sergio con su pasión y cercanía, con su entusiasmo y profesionalidad consiguió crear una atmósfera de diversión y energía. Consiguió que su voz se escuchara, que los sonidos emergieran y que nos sintiéramos envueltos en una nebulosa sutil y cálida, consiguió atraparnos con su lenguaje musical.

Consiguió el estremecimiento de las cuerdas de su guitarra y las entregó a tod@s los que lo arroparon aquella noche.

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