martes, 20 de mayo de 2014

La soledad en “Aprendiz de gigoló” con trailer de la película.

https://www.youtube.com/watch?v=KFQKxWnO5-g

 Es una película que nos ofrece las peripecias de dos amigos, Fioravante, (John Turturro) un ser callado, serio, poco atractivo y aparentemente dotado de pocas cualidades amatorias, y el propio Woody Allen, quien interpreta a Murray un personaje peculiar, inteligente y con sentido del humor que se le ocurre la idea de montar un negocio explotando las posibles habilidades amorosas de su amigo.

Inicialmente a  Fioravante no le pareció buena la propuesta pero termina haciendo de tripas corazón y acepta su destino. Así realiza los servicios que su amigo Murray le organiza y acaba siendo aprendiz de gigoló, un trabajo que les proporcionará a ambos dinero en abundancia y la posibilidad de conocer a mujeres fantásticas.
  
Termina ofreciendo sexo, ménage à trois con la Sharon Stone y su amiga Sofia Vergara.  Momentos de éxtasis en los que el amor no está presente, en los que todo es un juego pactado, un enredo de episodios eróticos entre sus clientas. Y la peripecia de una vida efímera que le sumirá en su propia soledad. Relaciones de incomunicación pero al mismo tiempo repleta de instantes que pueden llegar a ser hermosas y fugaces, divertidas y tristes.

Una comedia cuya historia central es la soledad. Esa soledad que nos enfrenta con la realidad, con la vida y en este caso con la pasión.

Pero un día Fioravante conoce a Avigail, un personaje exquisito interpretado por Vanessa Paradis, una viuda judía ortodoxa, una mujer misteriosa que consigue abrir las puertas de la sensualidad.  Aparentemente frágil pero al mismo tiempo tan fuerte que lleva al protagonista a meditar, a pensar, a lanzarse de nuevo en su vacío. Quizás porque Avigail representa la soledad, una soledad autoimpuesta, llena de ternura y de libertad.

Fading Gigolo es una producción estadounidense  con diferentes climas, donde el absurdo predomina. Una película  en donde Woody Allen sigue experimentando con ese  juego del lenguaje  al que nos tiene acostumbrados aunque esta vez escrito por Turturro  y con atractivos resultados.  

Dirigida por John Turturro es un film urbano ambientado en la ciudad de Nueva York, en una comunidad judía de Brooklyn. La banda sonora con canciones de Dalida y de la propia Vanesa Paradis. “Aprediz de gigoló” es una comedia erótica, cuyo trasfondo es la soledad.


facebook/rosariovalcarcel/escritora

5 comentarios:

  1. Al final, querida Rosario, siempre estamos solos. Por eso se agradece la compañía de quien nada te pide salvo compartirla. Un beso.

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  2. Muy buena reseña, amiga. Gracias por presentárnosla.

    Beso

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  3. Efectivamente, la soledad urbana es temible. Y Nueva York es dura. Uno de los aciertos de la película es la mirada irónica sobre el mundillo judío, que es el de Woody Allen. Se puede ver.

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  4. Me gusto mucho la información que se entrevee en la película, sobre la convivencia de distintas étnias
    Saludos

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    Respuestas
    1. Curiosamente leí el sábado en La Provincia una noticia, peculiar, de esas que atacan las convenciones que uno lleva dentro, las imágenes que se ha creado del mundo, que me dejó atónito. Nueva York es ahora el coto de la segregación racial escolar.
      La mayoría de las escuelas e institutos de la ciudad, en barrios residenciales, no llega ni lejanamente a una paridad entre blancos, negros, latinos y asiáticos.
      Esto habla muy mal de un país que ha enarbolado la paridad racial como bandera de la Nueva Democracia. Se han fallado a si mismos, y vendiendo a los demás su fracaso como éxito, a través del cine, la televisión e internet, nos han fallado a todos.
      No han encontrado los medios de convivir, como mucho los de soportarse, y no sé si eso me da pena o rabia, pues han aupado ideas equivocadas de cómo convivir al status de dogma, que ya no acepta discusión.
      Tratar a la gente como distinta o integrada en grupúsculos ha sido la primera. Todos deberíamos ser iguales, independientemente de género, raza o creencia. Por mucho que mi grupo lo esté pasando mal, lo lógico sería poner medidas para integrarme en el total de mi país, no para hacerme "latino" y encasillarme en que por eso necesito o aquello. Mas que nada porque a la larga implica que sólo puedo optar a lo de mas allá.
      Y segundo apoyarse en el grupo que hay encima. No se puede hacer una ley que llegue solamente a las mujeres, ya sean de cualquier grupo menor racial o de otro tipo, puesto que sólo refuerza el rol que dicho grupo tiene como socialmente aceptable, esto es, siguiendo con el ejemplo, aun son las mujeres las que deben esperar, pacientes, a que los hombres interesados en ellas muevan ficha.
      Hay algo intrínsecamente malo en dejar que cosas, e ideas, por las que se ha luchado, y casi vencido a veces, se diluyan en el agua mansa del océano de la sociedad. Solamente para hacer felices a todos. Pero no todos son felices, porque de verdad la felicidad no se puede comprar de ninguna manera. Muy pocos lo serán, los que encuentren la manera de aprovecharse de la situación, como siempre. Dejarse en el camino a ese callejón sin salida la Justicia y la Igualdad, con mayúsculas, es el sinsentido de los humanos.
      Como volver al absolutismo después de la Revolución Francesa. Así somos, crédulos, deseando que nos den un dogma ardiendo al que agarrarnos.
      Pero deberíamos aceptar el cambio, comprenderlo y modificarlo, cambiar el cambio con nuestras ideas. Deberíamos disentir y aceptar que la única seguridad que tenemos es nuestra utopía. Con esas piedras en la base estoy seguro que el mundo sería mas estresante, sí, pero mas justo, y a la larga, personas futuras que jamás conoceremos nos mirarán con orgullo y dirán: "Ellos fueron".
      La pregunta del millón es: "¿Somos nosotros?".

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