sábado, 10 de mayo de 2014

EL PERFUME, V. Aleixandre

Chupar tu vida sobre los labios,
no es quererte en la muerte.
Chupar tu vida, amante,
para que lenta mueras
de mí, de mí que mato,
para agotar tu vida
como una rosa exhausta.
Color, olor: mis venas
saben a ti: allí te abres.
Ebriamente encendido,
tú me recorres. Toda,
toda mi sangre es sólo
perfume. Tú me habitas,
aroma arrebatado
que por mí te despliegas,
que como sangre corres
por mí: ¡que a mí me pueblas!,  V. Aleixandre



Vicente Aleixandre está considerado como uno de los grandes poetas españoles del siglo XX. Perteneciente a la Generación del 27, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1977

El poder de las fragancias en una relación amorosa:

Se dice que el 90% de la realidad diaria está estrechamente unida al olfato. Por lo que podría decirse que pueden llegar a ser refugio de los estímulos, de las musas.

Las fragancias y el sexo están más ligadas de lo que todo el mundo cree, según muchos estudios los aromas viajan rápidamente al cerebro, vestidas con guiños sensuales, y nos llevan a recuerdos, a situaciones semejante a un oloroso viento, que pueden ser encaminadas al ámbito sexual. Y se consideran tan importantes que el terapeuta sexual, Ian Kerner, nos dice que en muchas peleas los olores pueden ser las armas de paz.

Los aromas son esos espacios donde se revive todo, el velo que lo contiene, que nos envuelve. Las alas que atraviesan las tormentas y desvanecen los miedos.

En estudios y encuestas realizados recientemente, más del 80% de los hombres afirmó que los aromas de una mujer palpitan, realzan su belleza, y 60% señaló que, al menos una vez en el pasado, la fragancia de una mujer puede ser la razón más importante para recordar el roce de las caricias. El deseo de reencontrarse de nuevo.

Muchas personas se excitan fácilmente a través del olfato, sin embargo, la importancia que se le brinda usualmente es bastante escasa. Ahora bien, no podemos olvidar que en la antigüedad, a la moral y a la religión le daban una gran importancia al perfume.

Desgraciados los jóvenes que, engañados por el perfume lascivo y seductor de tales rosas, pasan sus más bellos años clamando ¡amor, amor! El amor, es decir ese vicio que se trocará presto en veneno que los castigará terriblemente”  ,  L.J. Chiavarino.

También se llegó a decir que “El perfume es un aceite adulterado, es Judas el traidor, con el fueron ungidos los pies del Señor, al abandonar este mundo, puesto que los cadáveres son perfumados

El origen de los Perfumes nació en relación a la religión, para purificar el alma y en ofrenda a los dioses. En Grecia, atribuían a los perfumes, ungüentos, aceites… un carácter divino, la fuente de la belleza, la estética y la armonía. Los perfumes también se vieron muy relacionados con la medicina. Hipócrates, que según la mitología fue descendiente de Asclepio (representado con serpientes enrolladas en un bastón), padre de la medicina y la curación, casi los santificó Aplicó concentrados y ungüentos a sus pacientes. 

Los fenicios y los egipcios guardaban el perfume, igual que dulces latidos, en pequeñas y antiguas vasijas talladas en piedra de alabastro o bien en recipientes de oro, arcilla, cristal, vidrio, con forma fálica cilíndrica y con base redonda con dos asitas por donde pasaban un hilo para colgar al cuello.

 Los tarros eran utilizados también por las sacerdotisas de culto a Diosas en ceremonias sagradas orgiásticas a modo de falos para la masturbación (de manera similar a las usadas en las desenfrenadas fiestas “Embateusis” en honor a la diosa Cibeles) De ahí proviene el hecho de que en el habla de los griegos la palabra alabastro pasó a significar insaciable, característica de la Diosa del Amor y sus sacerdotisas de costumbres disipadas. 

El Jardín perfumado, extracto:

…Alguien ha dicho: Si deseas copular, coloca a la mujer sobre el suelo, abrázala estrechamente y pon tus labios sobre los suyos. Luego apriétala, chúpala, muérdela; besa su cuello, sus senos, su vientre y sus flancos; estrújala contra ti hasta que el deseo la debilite y, al verla en este estado, introduce tu miembro. Si obras de este modo, vuestro goce será simultáneo, y ése es el secreto del placer. Pero si olvidas este plan, la mujer no satisfará su deseo ni obtendrá goce alguno

Si deseas repetir el acto, perfúmate con dulces aromas y luego acércate a la mujer y alcanzarás un resultado feliz.

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