sábado, 20 de diciembre de 2014

STILL LIFE, NUNCA ES DEMASIADO TARDE, vídeo

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 'No quiero morir solo', Alain Delon

“Nunca es demasiado tarde” es una película triste, tristísima, un alegato que nos hace dudar de los amores y de las fidelidades. De los odios que, algunas veces, se engendran en el seno familiar. De la soledad y del abandono, del olvido de nuestros familiares. De esas personas que, quizás en un pasado fueron nuestros seres queridos. Una reflexión necesaria para estos días en que celebramos La Navidad. 

Una película que nos habla de la muerte. 

Y de esa muerte es de lo que se ocupa John May, el protagonista de “Nunca es demasiado tarde”. Un empleado del Ayuntamiento del distrito Kennington de Londres, cuyo trabajo consiste en acudir a los domicilios de esos fallecidos que salen de su invisibilidad cuando el olor del cadáver inunda el pasillo vecinal. De buscar algún indicio entre sus enseres personales para encontrar algún amigo, familia... aunque el trabajo de John va mucho más allá del deber. Porque él se involucra al máximo, sin miedo al desengaño de los familiares. Organiza el funeral, escoge una música apropiada para el oficio religioso y acompaña al difunto.

Fallecidos que, durante los últimos años de su vida, esperan la muerte inmersos en una especie de Purgatorio físico en donde vagan y penan, en una condición de suspensión o de vida, inmóvil, silenciosa entre los vivos. Así puedo afirmar que si en “Pedro Paramo” de Juan Rulfo, se habla de muertos-vivos, en “Nunca es demasiado tarde” me atrevo a decir, que estás personas que mueren solas, que llevan una existencia de soledad, sobreviven en una condición de vivos-muertos.

 “Nunca es demasiado tarde” extrae una reflexión sobre las sociedades actuales, la comunidad, el valor que damos al amor de verdad, a la fidelidad, a esa pregunta de si tu familia es para toda la vida… A ese dios que es el tiempo irreversible que todo lo devora, a ese tiempo de lo finito. En definitiva una reflexión sobre la muerte en soledad.  

“Nunca es demasiado tarde” es una película dirigida por Uberto Passolini, cuyo argumento es el vacío en el que viven algunas personas. Una película que se adentra en el grisáceo Londres, en una ciudad dormida, en el trabajo de un funcionario, interpretado por Eddie Marsan. Una película que ha ganado cuatro premios en el Festival de Venecia 2013, en la que participan otros actores: como: Joanne Frogat, Andrew Buchan, Karen Drury, Neil D'Souza.

Una película repleta de sensibilidad y fragilidad emocional. Una historia que nos hace reflexionar sobre si existe una esperanza para nosotros, sobre la necesidad de los afectos en nuestras vidas. Una película que gira sobre si misma, sobre que nunca es demasiado tarde. Aunque la realidad es que, desgraciadamente casi siempre "es demasiado tarde”. 

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