lunes, 14 de septiembre de 2015

UN POEMA DEL HIMNO A LA VIDA

 APAGUÉ LAS LUCES

Hacía tiempo que el amor se había ido,
que el ángel de la guarda era un ogro
de grandes colmillos. Arañaba mis entrañas,
mordía mi ternura.

Escarbaba en las tumbas podridas,
buscaba más adentro de mi corazón.     
Escuchaba los augurios del cielo,
la superstición del eclipse.
                        Hablaba con los muertos.

Mi cabeza danzaba, imitaba los derviches     
en una sinfonía anudándose y desanudándose,
en la luz turbia, en las frívolas  
noches en erupción.

Sometida a la metamorfosis de los adioses,
los ojos de las rocas,
las flores enmohecidas, las cóleras insumisas.

Apagué las luces
y me alejé de las lavas ardiendo,
de las personas que huelen a miedo.

De mi libro "Himno a la vida"

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