El pasado día 31 de marzo María
del Carmen Rodríguez, presentó en el Gabinete Literario su nuevo libro El niño
pecoso que intentó aprender a ser grande. Homenaje a Sebastián Torres Sánchez.
Cuando veas mi cuerpo
tendido de cansancio
y no sientas mis pulmones
ya respirar.
Deja que mi alma
descanse en el Fondo del mar
y mi espíritu vuele
por el espacio.
Ese hombre que escribía así,
ese hombre que hablaba del descanso en el fondo del mar, como quien lo ha
esperado toda la vida… fue un niño. Un niño pecoso. Un niño que intentó ser
alguien, que quería aprender. Y quizás lo hacía como un mecanismo de acción, de
no querer caer en la pobreza, de mantenerse al margen de su infortunio.
Yo conocí a Chanito en las
veladas de Susi Arencibia, y siempre lo vi ensimismado con la poesía en la que
se internaba con facilidad y se mostraba suelto, hábil sobre diversos asuntos,
junto a su esposa María del Carmen Rodríguez, quien, después de publicar siete
libros, nos presenta un texto confesional, un libro en el que la pobreza,
generosidad y resistencia los convierte en hilos narrativos donde late una
emoción verdadera.
Sí, porque Menchu sabe que no hay
otra patria que la infancia. Y esa patria, en este caso, no son una serie de
lugares, sino recuerdos, tiempos idos que recupera, los escenifica y le hace un
homenaje a un ser grande, que fue su marido. Sebastián Torres Sánchez.
Una historia en la que la autora
se demora en los pequeños detalles, en la descripción del proceso creativo, y
lo hace sin melancolía, sin abatimiento que las ha dejado atrás, prefiere el
entusiasmo, la alegría y sobre todo la constancia. Se detiene en ese ser de destino
incierto, inmerso en una vida complicada, en la ternura, el sacrificio y el
dolor. Afrontando las cosas buenas y las malas de aquel pasado.
Nos relata Menchu, la vida de
Seba, que nace en Lomo Magullo, en Telde, Gran Canaria, en una familia
solidaria, religiosa, con pocos recursos económicos, donde los niños aprendían
demasiado pronto a callar, a ayudar, a sostener. A asumir responsabilidades de
adulto. Una familia que Trabaja. Lucha. Sueña.
Y nos cuenta a modo de
biografía, la historia, la existencia, y los pormenores de su marido. Cómo fue
su vida, en aquella postguerra pobre para muchos, las vivencias, la
cotidianidad, el día a día. Recrea ese desarraigo que nace de la conciencia, de
la mortalidad, más evidente tras el encuentro de la muerte temprana de su
madre. Pero él se propone hacer de su vida un lugar amable. Así colaboró con la
casa, descubrió cosas que nunca había sabido, cosas que no hubiese aprendido en
ninguna otra circunstancia, pero pese a todas las desdichas que se
desencadenaron. Lo cierto es que fue un enamorado del arte y muy especialmente
de la música, de las letras y los libros y que su bondad, generosidad y el
destino lo salvó.
Seba fue un trabajador, serio,
un hombre correcto. Salió de su casa con su tío para empezar una nueva vida en
una fonda, una vida sacrificada, una vida de mucho trabajo, pero en libertad y
dignidad. Más tarde, los derroteros laborales de Menchu y Chanito los llevaron
a Schamann, allí, juntos abrieron varias tiendas, distintas, vendían artículos
de regalos, ropa de boutique, juguetería. Y durante unos años ella vivió
caminos ajenos a la cultura, vivió pegada al escaparate hasta que un día
comenzó a cultivar el relato, la novela. Él se entregó a la poesía. Una
actividad que se convirtió en una indagación estética sobre el ser humano.
Cierra mis ojos
suave y despacio
y sella mi frente
con un cálido beso
deja en la estancia
una luz encendida
que alumbre el camino
de la otra Vida
pues de este me voy
y no regreso.
Como vemos en el poema de
Chanito, fue un poeta que mira de frente, incluso a la muerte, con una
naturalidad que impresiona, emociona, estremece. Es la voz última del
protagonista. Cada verso marca su despedida consciente. Su entrega serena.
El niño pecoso que intentó
aprender a ser alguien, es una novela humana, intensa, real y recomendable. Una
novela que supone una epifanía, el encuentro definitivo con el recuerdo, con el
lenguaje, que acaba siendo una forma de estar en el mundo, donde el valor de la
memoria y lo dramático, están presentes como un susurro que se respira como
fuente de sentimiento y como fuente de amor.
Participaron también en esta
entrañable presentación, la hija de la también escritora Mariló Torres. Y tanto
Lola May, quien hizo de maestra de ceremonias, así como don José Carlos de
Blasio, secretario segundo del Gabinete Literario dedicaron palabras de afecto
a la escritora.
También estuvo arropada Menchu
por familiares y amigos, así como por la Coral Arenales, dirigida por Teresa
Ceballos, donde la propia escritora también participa.
Gracias, Menchu, sigue
escribiendo con esa capacidad que tú tienes de escribir con el corazón.
Felicidades.

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