SALINETAS
(En el homenaje a Luis Natera. Acto del SILA, salón de
Humanidades, Obelisco, 19-9-2013)
Lo mismo que los ojos y las manos
lo mismo
que el pintor usa pincel
y proyectan
sus sombras los humanos
En el largo
camino del temblor,
lo mismo
–digo- que la noche es fría,
es oscura
esta arena y es tan mía
como los
arrebatos del amor.
Esta playa
posee mi propia luna,
cada ola es
mi vida y cada tarde
cobijo de
mi piel y mi fortuna.
Y así ha de
ser, sin que haga de ello alarde,
porque es
para el bebé siempre la cuna
y para el
hombre entero el mar que arde.
Cuadernos de Salinetas
de Luis Natera Mayor
Luis Natera (1950-2013) nacido en Las Palmas de gran Canaria, ejerció durante algunos años como catedrático de francés en Gran Canaria, también fue profesor de español en el Liceo Louis-le-Grand de París. Dirigió en Telde la revista cultural Cendro y colaboró en la Doxa. Publicó poemarios: Llenaré de lunas tu equipaje, Únicamente el alba, Conversaciones con mi hijo, Puerto de Silencio, Agrimensores de la bruma, Memoria del dolor, Las Horas del Ángel, El lugar del náufrago.
También publicó libros colectivos en losque está recogido: Poesía de Canarias en viva voz. La voz de los poetas 1998-2002; Elegías últimas a Miguel Hernández. Poesía desde Canarias; Madrid en los poetas canarios...
Premio de poesía Gabinete literario de Las Palmas en 1993, así como del Tomás Morales en 1994 y del San Lesmes en Burgos en 1993. Accesit y finalistas en otros concursos. El poder del mar, de los espacios de su tierra, fueron los fundamentos de la poesía de Luis Natera.
SALINETAS
A Luis Natera y a su playa de Salinetas.
Hubo una playa repleta de cometas de
lienzo,
bufaderos, charcones, pelambres de
sebas
y verde musgo de membrillos
donde los niños chapoteaban
y las olas murmuraban sobre las
rocas.
Hubo una playa henchida de calcáreas
gaviotas
que sujetas al mar intercambiaban
sonrisas
entre sirenas desnudas, que
silenciosas guardaban
el secreto de la inmortalidad.
Hubo una playa resguardada por
estalactitas
quemadas de volcán. Y desde ella tú,
saeta del destino, imaginabas el tiempo eterno,
urdías los viajes de las tortugas, el
llanto
de las ballenas.
Acunabas sueños en la orilla.
Hubo una playa donde hilvanabas
versos
de salitre y naufragio que roían el
alma
acaso porque el mar, tan hondo, era
augurio
de la última travesía sin retorno.
Del infinito donde enmudece la palabra
y los símbolos terrenales no se
entienden,
Rosario Valcárcel
Mis felicitaciones a Javier Cabrera, Adolfo García, a Sila, a Asociación canaria para la Edición; NACE. A todos los que hicieron posible que se llevara a cabo este precioso homenaje a Luis Natera Mayor.
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