miércoles, 28 de febrero de 2024

UNA LECTURA DE “EL VOLCÁN Y OTROS CUENTOS”, de Luis León Barreto

Por Lucía Rosa González

 Luis León Barreto es autor de 30 libros, fundamentalmente de narrativa. Novelas, cuentos, ensayos, novela negra. Licenciado en Periodismo, fue subdirector de La Provincia, director del Club Prensa Canaria y jefe de Prensa del Cabildo de Gran Canaria. Hijo predilecto de la isla de La Palma, Hijo adoptivo de Telde, con varios premios literarios y periodísticos; así el Julio Tovar, 1970; el Benito Pérez Galdós, 1976 y el Blasco Ibáñez, 1981. Entre los galardones periodísticos, el Leoncio Rodríguez, de El Día; el Víctor Zurita, de La Tarde, y el León y Castillo, del Cabildo de Gran Canaria. "Las espiritistas de Telde", su obra más conocida, ha sido traducida al rumano, alemán, inglés, italiano y francés. Fue invitado por las universidades de Leeds y Birmigham, Inglaterra, con la colaboración de los centros Cervantes. A todo ello hay que añadir que en la actualidad participa en periódicos de papel y digitales y prepara nuevos libros de relatos.

 


 Luis León Barreto es un autor realista, la creación de tan diversas realidades le aporta bienestar personal. Es el complemento determinante de su día a día. En el libro “El volcán y otros cuentos” el argumento le sirve de excusa para indagar en la condición humana desde todos los frentes, el metafísico, la crítica o la protesta, creando un mundo personal e inconfundible. Aquí echaríamos manos de su estilo, ese modo inmanente al autor, su identidad literaria. La temática es variada, desde la adversidad volcánica de esta isla hasta avistar hipopótamos en África, o la idiosincrasia india, las llamadas a la oración en Jerusalem, el humor negro, el bullying por la condición sexual, los sobornos del diablo, el abuso sexual, el sadomasoquismo, la pandemia, la fusión imperceptible entre sueño y realidad. Y como hilo conductor la idiosincrasia isleña, las costumbres, los paisajes de La Caldera o La isla de San Borondón. En estos relatos hay una doble invención; la creación de los distintos espacios que no sé si es instintiva o premeditada porque armonizan al dedillo con lo que se cuenta en cada relato, y las diferentes tramas, cuyo lenguaje apropiado asimila, calma o agita. Es esmerada la documentación y muy reveladora con respecto a las costumbres y el carácter de los personajes. Luego están los desenlaces. Que escandalizan, sorprenden o generan placer. Y evidentemente la insularidad que recorre la obra, perceptible en “El volcán”, “Taburiente”, “Los dragos” “Azul sobre el mar”, “Tijarafe”, “Lo sagrado”. En este sentido, los relatos la trascienden rastreando los misterios de la vida para interpretar y darle sentido a la existencia: “El tren eléctrico”, “Shalom”, “Mi buenos Aires querido”, “El muerto de la buena suerte”, “El maniático”, “Esperando la patera”, “Fyffes”, “La Vía Láctea”, “Adán y Eva fuera del Edén”, “Edgar Allan Poe”. En un relato corto no caben las divagaciones que sí tolera una novela, en este caso el autor debe reprimir su carácter novelístico, luchar contra él para poner la chispa y sorprender a los lectores, peculiaridad que advertimos en “El volcán y otros cuentos”. Observen cómo acaban algunos muy significativos. “Clapham South”: “Brillaba el cielo y la tierra requemada parecía recién bajada de un desierto lunar”, o en “Jubilados”: “Todo consiste en vivir hasta el día siguiente”. En “Namasté”: “Entendí que el tiempo es un círculo que gira sin parar, después de los grandes desastres el alma genera la medicina del olvido.” Luis León Barreto domina con maestría la tensión narrativa en estos relatos, se aprecia la atracción que ejerce en él la narrativa breve. Y no solo la verosimilitud, sino la apariencia coexisten y transitan a sus anchas en “El volcán y otros cuentos”. Damos la enhorabuena al autor. 

 (La Cosmológica, Santa Cruz de La Palma, 8 de febrero de 2024)

 

viernes, 23 de febrero de 2024

Entre calimas y alisios

 Ida y vuelta

Luis León Barreto

En los tiempos antiguos, el carnaval solía obsequiarnos con bullicio en las calles y unos buenos chaparrones, que más de una vez llegaban a provocar inundaciones, recordamos una en la cual la calle Francisco Gourié se quedó muy afectada. Eran otros tiempos, qué duda cabe, cuando las presas se quedaban repletas tras los intensos chaparrones y los barranquillos siempre resecos llevaban su buen caudal. En las zonas plataneras, los agricultores celebraban aquellas regadas que daba el cielo, y eso significaba un gran optimismo cara al nuevo año, ya que el ahorro en agua les llevaba a lanzarse a disfrutar más de un extra.

Ahora las cosas están cambiando tanto y tan deprisa que a veces le digo a mi mujer: menos mal que dentro de 20 años, cuando el planeta esté mucho más deteriorado, ya no veré el gran estropicio del clima. El futuro no va a ser muy beneficioso para nuestros descendientes, le comento. No te lo creas, me responde. Pues todo va tan rápido que igual dentro de cuatro o cinco años ya verás por tus propios ojos el gran desastre del clima, puede que incluso veamos un elevado paro juvenil, aunque bien es verdad que la economía tiene sus picos y tanto puede bajar mucho como dar un subidón cuando menos te lo esperes.  Ciertamente, de año en año los niveles de deterioro climático son muy agudos.

            Lo cierto es que desde diciembre, incluso desde mucho antes de Navidad, la calima se ha hecho la dueña de nuestros horizontes. Enero y febrero son ahora meses en los que el polvo sahariano llega con más intensidad hasta nosotros. Hace tiempo que no hay inviernos, nos estamos tropicalizando en tal medida que por las noches resulta difícil dormir cuando llegamos a los 22 o 24 grados como si tal cosa. Llevamos muchos años así, con invasiones saharianas más duraderas, más intensas y que llegan más lejos. En el mapa del tiempo podemos apreciar que con frecuencia ese polvo en suspensión sube hasta Portugal, sobrepasa Madrid, llega hasta Francia y Alemania. También se ha comprobado que accede con mucha facilidad a las islas del Caribe.

Cielos con escasa nubosidad y temperaturas elevadas. Esa es la tónica preponderante, con un fuerte anticiclón posicionado muy cerca. En la Península están construyendo desaladoras a toda prisa, y sobre todo en Cataluña se prevén restricciones en el consumo de agua cara al próximo verano porque las presas están más que secas, y los ríos van con un caudal muy precario. Pero en esta pelea de los elementos, aquí en las islas no siempre lo tenemos todo perdido ya que el alisio siempre estará pugnando por abrirse camino y traernos alguna alegría.

Hay calimas cálidas y otras más frescas. Podemos recordar que el verano del año pasado sobrepasamos los 40 grados a la sombra en muy diversos escenarios de las islas, desde Fataga a El Paso en La Palma, desde las islas orientales a las occidentales. El aire en aquellos meses de julio y agosto era tórrido, hasta los 42 y 44 grados, durante varios días aquí se registraron con las temperaturas más altas de toda España, mientras que las calimas que llegan en enero y febrero por lo general son algo más livianas de temperatura, aunque más copiosas en cuanto a las masas de polvo que nos llegan.

Ya se nos ha avisado sobre el progresivo deshielo de los polos, la elevación del nivel del mar en todo el planeta y cosas de este tipo, con lo cual ciudades del litoral como Las Palmas de Gran Canaria se verían muy afectadas, particularmente en las playas de Alcaravaneras y Las Canteras. Es de esperar que estas predicciones tan catastrofistas no lleguen a término, y también es de esperar que la tecnología pueda echarnos una mano en la medida en que debemos sobrevivir más allá de tales amenazas.

lunes, 19 de febrero de 2024

DE LA MANO DE FERNANDO DELGADO

 Elvira Lindo

Es posible que durante cinco años Fernandodelgado y Manolito fueran la pareja más popular de la radio española. Eran muchísimos los oyentes que los sábados y los domingos a las doce menos diez se quedaban sentados en la cocina escuchando el diálogo medio loco, tierno o impertinente de aquel señor de voz extraordinaria y el niño carabanchelero. Con la misma concentración con que nuestras abuelas se arrimaban al aparato a escuchar el serial, seducidos por la misma magia de antaño. Aquellas conversaciones son hoy valiosos recuerdos para varias generaciones que inauguraban los fines de semana con la voz del Pequeño Ruiseñor entonando Campanera. Fernando había escuchado al Gafotas en la madrugada de RNE y se le ocurrió que aquellas historietas de un niño con acento de barrio podían ser la chispa de su A vivir que son dos días. A la guionista que era yo le sorprendió la propuesta porque no veía claro cómo podían entonar aquellas dos voces. Pero la radio es puro milagro, más aún cuando no se veía a través de los móviles, y aquel dúo de seres tan dispares fue encajando y transformándose en una pareja clásica de payasos: el grandón sabelotodo y el pequeño que le saca ventaja con su rapidez verbal.

Ahora creo que el secreto del éxito de aquella pareja cómica fue que Fernando creía ciegamente en la existencia de Manolito. Él mismo era como un niño, uno de esos niños inocentones que se creen hasta los trucos más torpes del mago. Su actitud era tan sincera que no dejaba de sorprendernos: era capaz de reírse de verdad, de emocionarse de verdad y de enfadarse de verdad. Alguna vez, tras una intervención del niño impertinente se quedó mustio y la guionista del espacio que yo era lo llamaba por la tarde y le decía: “¡Pero Fernando, que es de broma!”.

No fue necesario convertir a Fernando en personaje porque en sí ya lo era: se trataba de un hombretón con el alma de un crío con la extraordinaria cualidad de hacer que todas las personas que trabajaban con él lo protegieran, se implicaran en sus problemas cotidianos y le trataran como se trata a un tío torpón al que hay que mimar y cuidar para que no se le caigan las cosas de las manos y no provoque un desastre doméstico. Cuando Fernandodelgado y Manolito representaban su teatrillo en el estudio los compañeros dejaban sus tareas y se quedaban pegados al cristal. Era esa emoción en estado puro que solo se produce en un estudio de radio. Al acabar, tirábamos los guiones a la papelera y emprendíamos el camino a casa. Vivíamos muy cerca. A Fernando no le cabía en la cabeza que una vez terminado el espacio el niño se hubiera esfumado y, no miento, me tomaba de la mano o del hombro con esa fuerza descontrolada de los hombres grandones para cruzar la calle. De nada me valía desprenderme de su mano, había algo que aquel personaje logró despertar en él, una especie de sentimiento de paternidad ante el que yo me rendía.

Cada vez que lo vi a lo largo de estos años se despertaba entre nosotros un eco de aquella tiernísima complicidad. Escribo ahora esto con gran dolor de corazón. Puedo verlo alejarse, aliviando su cojera en el bastón y llevando de su mano a un niño.

jueves, 15 de febrero de 2024

UN PASEO POR “TERRITORIOS ÍNTIMOS. LAS PROFUNDIDADES DEL PLACER” de Rosario Valcárcel

 

 Rosario Valcárcel es una escritora canaria, narradora y poeta. Mujer pionera en escribir literatura erótica en Canarias. Muestra de ello son sus libros de relatos eróticos “Del amor y las pasiones”, “El séptimo cielo” y “Sexo corazón y vida”, además, “La peña de la Vieja”, “Las máscaras de Afrodita”, “Cuentos gozosos y cuentos traviesos”, este coeditado con Luis León Barreto, el poemario “Himno a la vida”, y la novela “Moby Dick en Las Canteras”. Su obra ha sido traducida al rumano, alemán, al francés. Ha obtenido, entre otros, premios literarios como el Domingo Acosta Pérez, ha representado a Canarias en el libro colectivo “Poemas para conocer la situación de la infancia en España”, editado por el Instituto de la Mujer y el Ministerio de Educación. Ha participado en múltiples antologías, escribe prólogos, comentarios de arte, interviene en presentaciones de libros, colabora en periódicos digitales de las islas y fuera de ellas.



 Rosario es todo eso, pero también es amiga. Así que la amistad hoy recorre con su brillo literario esta sala entrañable. Cuando la conocí, por supuesto ya escribía, pero cuando la leí, entendí el porqué de la flor que moldea su pelo, bueno, moldea no, su pelo no se deja intimidar por una flor. Y al leer sus relatos llenos de sexualidad percibí el lado generoso de Rosario, ella escribe para que los lectores gocen del erotismo como de una exquisitez, y lo celebramos. Defensora de los derechos de la mujer, la obra que hoy presentamos, “Territorios íntimos: las profundidades del placer”, es un libro de ensayo con reflexiones sobre el erotismo, las relaciones humanas, la vida en pareja, el sexo, la soledad. El libro lo cierra una antología poética de autores actuales entre las que me incluyo. Desde chica, Rosario sentía una curiosidad latente por las contradicciones que descubría en las normas de la iglesia alusivas al sexo cuya práctica desembocaba en el pecado, sintiendo culpabilidad en cualquier manifestación amorosa.

En los primeros años del siglo pasado, los hombres rechazaban la erudición de las mujeres como estrategia de sumisión poniendo trabas a su independencia. “¡Esas mujeres leídas!”, como apunta la autora. Las citas entre las parejas se concertaban bajo la vigilancia de una carabina y el adulterio se medía con distinto rasero, si alguien tenía derecho a una infidelidad era el hombre, mientras la mujer, en la misma circunstancia, era tildada de provocadora, seductora, lujuriosa. Se estigmatizaba la infidelidad femenina y se legitimaba la masculina. 


De este manera exhaustiva, la autora profundiza en las controvertidas peculiaridades relativas a la opresión sexual femenina y la exaltación de la masculina en una sociedad basada en las tradicionales relaciones patriarcales de poder, y amparándose en las huellas que la mejor literatura nos ha ofrecido; además del cine erótico, “El graduado” o “El último tango en París” de los años sesenta -películas que disfrutamos en la época universitaria- sin descartar las experiencias personales, vivencias carismáticas que la autora con infinita ternura explicita. Desde el pecaminoso uso del bikini o la repulsa que se ejercía sobre las madres solteras en los años sesenta y setenta hasta el propósito actual de una mujer libre que lleva la iniciativa en las universidades o en el ejército. 

Todo ello respaldado por autoras cuya obra Rosario analiza e interpreta. En este sentido Virginia Wölf se convierte en la escritora por antonomasia de la liberación de la mujer. En su libro “Un cuarto propio” reivindica un espacio propio e independencia económica para las mujeres que hasta ese momento estaban excluidas. Nos habla de la supuesta hermana poeta de Shakespeare, cuyo gran talento frustrado ante la indiferencia del mundo y de la sociedad del siglo XVI la indujo al suicidio. 

Cita Rosario Valcárcel a Simone de Beauvoir (S. XX), quien dio voz a mujeres que hasta ese momento se habían sentido excluidas. Beauvoir no solo crea polémica narrando un romance a tres bandas, sino que critica los obstáculos para el desarrollo intelectual y profesional femenino, convirtiéndose en defensora acérrima de la igualdad y de los derechos de la mujer. En 1949 publica “El segundo sexo”, tachada de inmoral, escandalosa y pornográfica por los defensores del catolicismo; obra de referencia del movimiento feminista. 

Rosario Valcárcel indaga en la obra de Violette Leduc (1907/1972), autora de “La bastarda”, cuyo prólogo es obra de la misma Simone de Beauvoir. En sus confesiones sexuales seduce el modo poético de expresar el erotismo: “Escandaliza a los puritanos y los groseros no encuentran lo que buscan”, dice Beauvoir. Sin descuidar las obras de referencia, las citas textuales corroboran las interesantes deducciones que maneja Rosario Valcárcel sobre los múltiples aspectos de la sexualidad velados a lo largo de la historia sin prescindir de la información que esclarecen prácticas sexuales inherentes al ser humano y cuyos tabúes entorpecen el conocimiento de una sociedad que le hace el juego al ocultamiento. 

De ahí que en “Territorios íntimos” el lesbianismo, la masturbación de la mujer, las relaciones homosexuales, la zoofilia, el adulterio, el punto g, la lujuria, el orgasmo, o el sexo en la madurez, entre otros, sean temas expuestos con propiedad y rigor sin sucumbir a la frivolidad, describiendo el embrujo de las prácticas sexuales sin ambages, su intrínseca espiritualidad. 

En el libro confluyen estados placenteros con anécdotas amenas, tales como la dimensión erótica de los zapatos en occidente o del pie para los orientales, textos ocurrentes de autores clásicos como Borges, Vicente Aleixandre o Quevedo, pero sobre todo Samaniego, o la escritora Anaïs Nin (1903/1977), abierta al poliamor y que desafió las convenciones sociales de la época. En 1966 la publicación de sus “Diarios” fue decisiva a favor de la liberación sexual de la mujer. 

En “Territorios íntimos. Las profundidades del placer” Rosario Valcárcel elabora un intachable ensayo minucioso en el que no defiende dogmas ni condena prácticas atractivamente sexuales, sino que arriesga con nitidez y naturalidad un meticuloso examen íntimo. La intuición placentera de la autora, la experiencia, la literatura y la vida son estímulos que hacen más tolerable la cotidianidad para el ser humano. Como dice con un halo poético la autora sobre el placer sexual “emborrachar nuestra conciencia, sentirnos libres y devorarnos como hacen las ballenas bocado a bocado”. 

Agradecemos la fuerza literaria de Rosario Valcárcel, su don natural de seducción, así que dejémonos encandilar por su luz. Y leámosla.

Lucía Rosa González (Santa Cruz de La Palma, 8 de febrero de 2024)

domingo, 4 de febrero de 2024

Poema al carnaval de Venecia en español y alemán


 

V E N E C I A

                              Tú máscara mía surgiste

                              del mar envuelta en sonatas cristalinas,

e igual que Neptuno enarbolas

                              una muda góndola.

                              Hiciste un guiño y te seguí,

                              por campaniles te busqué.

 

                              Tú resplandor furtivo

                              entreabrió palacios de ninfas y cortejos.

                              Transito pedazos de sueños y desenfrenos.

              

                              Aferrada a ti, desperté

                              cuando el fauno surcaba

                              mi deseo, cuando su cuerno

                              voraz hurgaba mis entrañas.

 

                              Avasalló el trigal, descosió

                              mi hendidura.

 

                              Entonces tú, me cautivaste en la oscuridad

                              y mi Canal se inundó de tu néctar.

                              Relamo tu oleaje, floto,

                              me balanceo al son de la convulsión.

                              Muero en ti.

                             

                              Máscara mía, tornaré a Venecia

                              al olor del sexo,

                              a los diálogos de Marco Polo,

                              a beber tu cuerpo a sorbos.

                              Te buscaré desde la Fenice al Ghetto,

                              en la risa ahogada del agua,

                              en el lodo orgiástico.

 

                              Y seré tu goce matinal,

                              tu ángel delirante, tu inmortalidad.

                              Ahora quiero decirte que no pretendas                 

                              mi alma, porque ella solo existirá

                              en el aliento de nuestro sueño.

 

                                            VENEDIG

                              Du meine Maske, du  entistiegst

                              Dem Meer in Kristalline Sonaten gehüllt.

und Neptum gleich reckst du

cine stsumme Goldel hoch.

Du zwinkertest mir zu und ich folgte dir,

Unter allen Camapaniles suchte ich dich.

Dei heimlicher Glanzd                   

offnete die Paläste der Nymphen und ihrem Gefolge.

Ich durchquere  Fetzen von Träumen und wilder Wollust.

An dich geklammert erwachte ich.

Als der Faun meinVerlangen

Durchfurchte, als sein wühlendes Horn

mein Innerstes erforscccchte.

Es machte das Kornfeld nieder,riss

Meine Spalte auf.

 

Du, damals, hattest mich im Dunkeln gebannt

und mein Kanal wurde von deinem Nektar überflutete

Ich lecke deine Brandung, schwebe,

wiege mich im Rhythmus der Zuckungen

Ich sterbe in dir.

 

Maske meine, ich werde wieder nach Venwedig Kommen,

Zu dem Duft nach Sex.

Zu den Dialogen des Marco Polo,

Um Schluckk  für Scluckk  deinen Körper zu trinken.

Ich werde dich suchen von La Fenice bis zum Ghetto,.

Im ertrunkenen Lachen des Wassers,

In  dem orgiastischen Morast.

 

Und ich werde deine morgendliche Lust sein

Dein delirierender Engel, deine Usterblichkeit.

Aber, muss ich dir sage, verlange nicht nach

meiner Seele, denn sie wird allein

In der Kraft unseres Traumes sein.

De Las Máscaras de  Afrodita

Rosario Valcarcel.blogspot.com

 

 

 

 

lunes, 22 de enero de 2024

Justo Jorge Padrón en la Biblioteca Insular, Las Palmas de G Canaria

Justo Jorge Padrón es uno de los nombres más importantes de la poesía española de los últimos sesenta años. Un escritor enamorado del mundo del arte, de los libros y muy especialmente de la poesía con la que ha tenido una relación hermosa.



Nacido en Las Palmas de Gran Canaria ha sido traducido a más de un centenar de libros y traducido a 44 lenguas. Justo simboliza la fuerza de la creación, la búsqueda de la perfección, el conocimiento. Aborda la trayectoria poética y humana y logra que habitemos en el poema, que lo hagamos nuestro y nos encontremos con nosotros mismos como dice Luis García Montero.  Y temblemos de emoción y soñemos, Entonces reflexionas y piensas que ese sentimiento, es tal vez lo que justifica la vida.

La lírica de Justo es de gran belleza de imágenes, ritmo  y musicalidad, deseos de nostalgia infinita, tanto que a veces se deshace en la búsqueda del vacío consumado, en la desolación y la melancolía, en la inexistencia; el único lugar en que coincidiremos para siempre. Aquí el poeta conversa:

Maldije lo divino y su desdén oculto/ Odié su inexistencia y su distancia sorda, / y solo hallé el vacío de las voces inmóviles. Solo muere la mano.    La mano que te escribe,

de Solo muere la mano que te escribe  (1987-1988)

           Tengo numerosos recuerdos personales de las vivencias que tuve la suerte de compartir con el poeta: Encuentros entrañables en Madrid: en nuestra casa de Torrelodones, en la Casa de Canarias, en su piso de la Plaza Castilla, allí, con gran cariño, me enseñó sus libros traducidos a muchos idiomas, los cuantiosos premios y honores. Y, en la sobremesa, nos leyó uno y otro y otro poema y no sé si fue la libertad de sus gestos, la naturalidad y el ímpetu de su voz, pero aún recuerdo y lo recuerdo muy bien, el placer que el poeta sentía en esos momentos. Y para mí fue uno de los mejores que he experimentado al escucharlo recitar. Lo que no alcancé a adivinar es que esos instantes de felicidad se terminarían alguna vez.

Se terminarían los encuentros en casa de amigos comunes, como el catedrático emérito de La Universidad de Las Palmas Dan Munteanu y Eugenia, o en nuestra casa del Zardo, cuando venía con su hija y su mujer Kleo. Una mujer que Jorge Padrón la definió como el sueño de la vida. Esas visitas tan amistosas, fueron hace algún tiempo, pero aun puedo evocar el día en que la pequeña Lara se hizo una foto con Piolín, nuestro canario. Recuerdo como lo cogió y lo acarició con los dedos, mientras el pájaro inclinaba su cabecita entre sus manos. Fue todo un cortejo de ternura.

Y vio al viento y las aves venir saludable, /las frondas se llenaron de temblor transparente, las fuentes redoblaron su turbulento canto. / Por el aire surcó un aroma de tierra, frutos, aguas y flores a su encuentro. / Ha vuelto, voceaba el valle/  

El sueño del regreso a la infancia, de los Círculos del Infierno (1973- 1975)

Lo que no alcancé a adivinar es que el terrorífico Covid se lo iba a llevar en una edad temprana, que se acabarían esas largas, largas horas que él dedicaba a escribir. Tampoco alcancé a adivinar que se acabarían las visitas a la isla, los momentos en que hablábamos delante de un café sobre los últimos libros, los nuevos proyectos o quién ganaría el Nobel ese año o el siguiente, de ese futuro soñado y preparado por él, de lo mucho que le gustaba pasar más tiempo en la isla. Hablábamos del mar que tanto amaba.

Más tarde conocí el mar, / su gran abrazo azul hendiendo mis sentidos, / llenando de presencias palpitantes/ la intrépida niñez.

Retorno, de Mar de la noche.

Es Justo Jorge Padrón uno de los principales iniciadores de la literatura hispanoamericana en los países escandinavos. Le gustaba viajar y no viajaba para sorprenderse sino para “sorprender”. Redactaba artículos, peleaba por el destino del poeta y la poesía. Dio conferencias y lecturas de su obra por universidades, centros culturales, en encuentros multitudinarios, en países de Asía, Europa y América, recitando sus poesía con esa voz suya inigualable. Porque el deseo de eternidad es, tal vez, el deseo más poderoso del hombre, y Justo Jorge Padrón, tenía un deseo urgente de eternidad.

Esos  encuentros fueron casi siempre en la zona de Las Canteras en la cafetería del hotel Faycan, e interesante, en su fachada una placa reza lo siguiente:

En este hotel, el gran poeta de las Islas Canarias. Justo Jorge Padrón, Premio Europa y Premio Canarias de Literatura e Hijo Predilecto de la Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, escribió algunos de sus libros esenciales como Solo muere la mano que te escribe,  Los rostros escuchados, Resplandor del Odio, Oasis de  un cosmos Ascuas del Nadi.  30.05.1997

Hoy he vuelto al hotel, he vuelto a mirar la placa y escuché de nuevo su voz declamando con una sensual carnalidad, El eros de la muerte:

Impaciente deseo tu cuerpo cenagoso, /maduro como el vicio que a sí mismo corrompe, con su olor a azahares ultrajados, /a estrellas que en el vino se disuelven.

Lo escuché recitando los signos inevitables de la vida: El amor, el dolor, los problemas existenciales, la angustia del ser humano, la muerte.

Blog-rosariovalcarcel.blogspot.com

 

lunes, 8 de enero de 2024

AÑO NUEVO ¿MEJOR SIN GRANDES PROYECTOS?

Ida y vuelta 

Luis León Barreto

La comida y las copas con los amigos, los brindis entusiastas, la euforia en la calle, los abrazos nada más terminar de ingerir las doce uvas. Que, por cierto, lo más normal es que alguna se quede sin tomar cuando toca. Casi todos los años los presentadores de las campanadas se equivocan, este año volvió a suceder en la Televisión Canaria con la transmisión desde Santa Úrsula, que si son los cuartos, que si todavía no, y mira que deben tenerlo ensayado.

Nochevieja es la convocatoria de los grupos de jóvenes que entran y salen de una fiesta, y, después de las copas, van en busca de los churros de madrugada. ¿Por qué todas las mujeres han de ir vestidas de negro en Nochevieja, si el negro es tan severo? Misterio. Tal vez les sentaría mejor el rojo o incluso el azul.

En estos días inaugurales todos podemos mirar en nuestro interior y lanzarnos un mensaje de autoayuda. Vamos a hacer las cosas de otra manera, vamos a cambiar. Son los grandes propósitos de la noche, aquello de bajar de peso, aprender inglés, hacer diez mil pasos a buen ritmo, dejar el tabaco, ser expertos en bailar reguetón, encontrar el amor en el programa First Dates, etcétera.

No te rindas, aun estás a tiempo / de alcanzar y comenzar de nuevo, / aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, / liberar el lastre, retomar el vuelo. Estos versos casi siempre atribuidos a Mario Benedetti son un buen prólogo para un año nuevo. Pero según internet, su autor es otro: Guillermo Mayer, que lo escribió en 1993, en la Patagonia argentina. Puede que la confusión, ampliamente divulgada en las redes, provenga del hecho de que Benedetti tiene un poema similar, No te salves.

Mucha gente se fija objetivos para el año nuevo, pero ahora nos dicen algunos psicólogos que lo mejor es no establecer ningún propósito, para así evitar la sensación de frustración si no cumplimos lo establecido. Debe ser que lo importante de la vida es seguir con vida, pues como siempre vendrán días malos y días buenos. Con el nuevo año si tenemos suerte cumpliremos otro aniversario, nos haremos un poquitín más viejos. Y el cordón de la vida es tan frágil que en cualquier momento puede venirte un volcán, una epidemia, un incendio del alma. La vida no es tuya y fácilmente puedes perderla, nada es eterno. Un accidente, un ictus, un infarto, un padecimiento repentino puede frenar tantísimas cosas que sería mejor vivir el día a día, solo eso.


En lugar de agobiarnos por tener que ponernos a establecer grandes metas, ser el mejor escritor de mi calle, soñar con viejos amores, ganar el premio Nobel, etcétera, deberíamos visualizar nuestra vida de una forma completamente distinta, quizás es más útil comenzar 2024 estando presentes en el ahora y mirarlo desde un punto de vista positiva. Haciendo esto, en vez de obsesionarnos con los próximos doce meses, estaremos haciendo las cosas bien.

 Nos ponemos unas metas, no las cumplimos y nos las volvemos a marcar para el año siguiente. Pero, ¿qué nos dice que los siguientes meses serán distintos y que cambiaremos nuestra forma de vivir? Por eso, tal vez sea mejor dejar que el año entre sin ningún tipo de presión sobre el futuro, simplemente estando abiertos a nuevos estilos de vida, a tratar de cometer menos errores. Que sin duda los vamos a cometer, porque los humanos somos así: aunque según los textos sagrados somos un reflejo de Dios, lo cierto es que básicamente somos imperfectos.

No te rindas que la vida es eso, / continuar el viaje, / perseguir tus sueños, / destrabar el tiempo, / correr los escombros y destapar el cielo.

Escribir estos versos fue un acto de profunda genialidad, bien sean de Benedetti o bien sean de Mayer. A veces los escritores aciertan de una manera tremendamente efectiva, porque la poesía también es un mandato de los dioses. 

miércoles, 3 de enero de 2024

El regalo de los Reyes Magos (Cuento)

                            

 

 ¡María, voy a fabricar un tren! –le gritó a su mujer.

      Viejo loco, no tenemos ningún niño. ¿A quién le va a servir?

      A veces, los ojos de mi padre eran exageradamente saltones y le daban un aspecto fantástico como el de los peces que flotaban en la superficie de las aguas. No le contestó a mi madre, aunque estaba dotado de innegables condiciones de orador y de ese don de persuasión que posee quien cree ciegamente en una idea, ahora su idea era hacer un tren para su hijo.

       En la oscuridad sus palabras generaban eco, buscaba la complicidad de la noche para hacerme su confidencia.  ¡Cómo disfrutaba con los secretos! Con temor de ser escuchado me cogió una mano, se arrodilló a mi lado y dijo bajito.

        -He traído una máquina, vagones, raíles y una gran base de madera. ¡Vamos a fabricar un tren!

        Preludiando un feliz acontecimiento que ni él mismo llegaba a comprender, me habló de las hembras de los peces que habitaban en el mar y al llegar los meses cálidos ponen centenares de huevos para –unos días más tarde sus crías vibrar en las aguas. Aquella noche mi padre se encontraba lleno de gracia.

     Adoraba a sus hijas, eran dos niñas seguiditas pero la idea de tener un varón le fascinaba. Sin un varón su obra en esta vida estaría sin terminar.

…La vida algunas veces nos concede regalos, sobre todo cuando no estás atento, cuando te despistas. Por aquellos días le hicieron dos regalos a mi madre, o quizás tres. Uno era un mueble nuevo para su habitación, un gran cajón de fina madera que iba bien con el mobiliario antiguo de su dormitorio. Siempre estaba cerrado y mi madre me había advertido que no debía tocarlo. El olor es lo que más recuerdo a través de sus paredes. Sus sombras olían a medicinas, a primeros auxilios para un posible parto en casa. Me daba miedo. El otro era un libro de fotografías luminosas donde se podía contemplar niños como querubines a punto de nacer. Lo cerré rápidamente y guardé el secreto. Aquella visión podía ser un pecado, pero no un pecado cualquiera sino uno mortal.

      A partir de aquel día escogía los momentos de descanso de mi madre para observarla. La notaba diferente, risueña, más gorda. Con un cierto desasosiego feliz, un día le pregunté:

 -Que nos van a traer este año los Reyes Magos?

      -¿A estas alturas? - Igual te llevas una sorpresa.

      Así me contestó mi madre. Pero no se lo digas a nadie, añadió. Me quedé preocupada porque yo les había pedido unos patines y una muñeca con un sombrero. Ah, y unos calderos.

Aquella víspera de Reyes los sonidos y los olores de mi casa fueron diferentes, y no me dormí. El perfume de aquel cuarto me recordaba a los hospitales. Escuchaba, con un ojo abierto y con el otro cerrado, intentaba descifrar las entradas y las salidas de la habitación de al lado. No oía nada. De repente, el silencio lo rompió el llanto de un bebé.

        Mi padre me llamó alborozado. Sus ojos estaban húmedos, parecía que quería llorar. Mi madre estaba tendida en su cama, a su lado había un bebé que movía su boca y sus ojos torpemente. Muy morenito, con mucho pelo de color negro. Cuarenta ojos lo miraban entre un gran revuelo de vecinas; yo estaba soñolienta y orinada. Una de las hijas de mi vecina que había compartido mi cama me había mojado. Entonces el contenido llanto de mi padre se me contagió y rompí a llorar.

      -Bueno ¿Qué me dices? ¡Un hermanito! –dijo mi madre, emocionada.

      -¿Es nuestro? ¿No me están engañando?

      -No, lo han traído los Reyes Magos.

      -No es feo ¿verdad? ¿A quién se parece?

      -No se parece al Niño Jesús, le contesté. Le di un beso en una manita después de que mi madre me lo autorizase con la mirada y me fui a acostar.

      …Lo que había pasado aquel día no resultaba normal. Era el día de Reyes y nos habían traído a todos un  niño. Y no es que yo fuera desagradecida, pero ¿a dónde habrían ido a parar mis patines y mi muñeca con un sombrero? Ah ¿Y mis calderos? Me puse de malhumor y estaba a punto de llorar de nuevo cuando mi padre se me acercó haciendo un corro con todas mis amigas y mi hermana. En fila india nos llevó al comedor, y por la galería observé el pienso que les habíamos dejado a los camellos.

         Al llegar al salón, mi padre entró el primero, los demás nos quedamos retraídos pero nos fuimos acercando poquito a poco. La sonrisa se asomó curiosa a mis ojos:

         -A ver, a ver, dije, nerviosa.

         Ahora sí que me sentía feliz, al fin eché una ojeada a todos los juguetes. Y allí estaban mis patines, la muñeca con el sombrero y los calderos. Todavía recuerdo los ojos de mi padre sin pestañear. Sofocado, con aquella mirada suya de complicidad, sosteniendo sobre un hombro un gran paquete bien envuelto, dijo:

         -Escucha, Escucha.

          El pitido de un tren silbaba en mis oídos. Lo desenvolvió y lo dejó en el suelo. El trenecito rugía, envuelto en los aplausos de todos los niños que estábamos allí y se deslizaba automáticamente por aquellas vías que mi padre y yo habíamos construido. 

                      Fragmento de mi libro “La Peña de la Vieja y otros relatos”, Anroart, 2006, 2014

viernes, 22 de diciembre de 2023

Un año más. La Lotería de Navidad

 



 


 Si no fuese por el soñar siempre

                                                   Fernando Pessoa.

 

 

       No sé por qué, pero siempre he asociado el Sorteo Extraordinario de la lotería de Navidad con la ilusión de los pobres, con la ilusión de aquellos españoles que esperaban con ansiedad que al fin les tocara el gordo, con el personaje de Luces de Bohemia, con Max Estrella en la calle, ciego, enfermo, abandonado en un portal mientras su amigo Latino le saqueaba el billete de lotería, en aquel Madrid hambriento.

        Lo asocio con un rumor alegre, con un despertar diferente, alrededor de la radio escuchando a los niños de San Ildefonso cantando números, cifras, entre el apasionante rumor de las bolas que guardan los secretos, los sueños oscuros, la esperanza somnolienta, un futuro mejor para nuestra existencia.  

            En aquella España, no muy lejana en que ellas, amas de casa, la mayoría, soñaban con ganarse una suculenta cesta llena de felicidad. Soñaban con servir una mesa rebosante de vinos, de jamones y de esperanzas. Un Año mejor con las despensas llenas.

            Ellos fantaseaban también con la fortuna, con no tener que levantarse todos los días, casi de madrugada, a trabajar más de ocho horas y, muchos tener que aguantar a un jefe dominante e incompetente, y todo eso por la comida y un poco más.

            Así junto a la radio o al televisor, en trance, contemplábamos los nuevos millonarios, la emoción desbordada, los llantos y la alegría de los propietarios de la administración de la lotería, juntos con los afortunados brindando, diciendo que el premio había ido a parar a gente trabajad  Pero lo que me costaba comprender es el por qué no le tocaba al mejor hombre que he conocido, a mi padre que, sin querer, se ponía triste cuando no ganaba ni el reintegro, aunque no se desanimaba, todo lo contrario, con voz convincente razonaba que hasta que no mirara la lista oficial, no había nada perdido.


     Al final terminaba probando con el estímulo de los “Rascados” que es como se le llama a la lotería del Niño. Y me parece estarlo viendo, preso del hechizo, con sus gafas de carey, mirando una y otra vez los miles de números en aquella sábana impresa en donde finalmente se evaporaba las esperanzas, no la ilusión, porque su ilusión, lo que verdaderamente le importaba, era regalarle el décimo premiado a la parienta. Ese era uno de los sueños de su vida. Para dejarle unos ahorros, para que ella se pudiera comprar lo que quisiera, –y exclamaba por lo bajo-: un vestido bonito, un viaje, una buena casa…

            Pasaban unos días y lo escuchaba hablar con mi madre. Aspiraba, contenía la respiración y al final decía:

        -¡Ay Padrito! No me tocó por un número.

 Pero, a pesar de que el mundo se le caía encima, de que se sentía desgraciado, sonreía con tristeza. Sonreía, sonreía.

        Lo mejor que puedo desearles para el 2024, vivan, sueñen y sonrían como cuando éramos niñas/os.  

        FELIZ NAVIDAD CON MI ABRAZO APRETADO

blog-rosariovalcárcel.blogspot.com